No hay en el mundo una fuerza

Atardecer en Bangassou

No hay en el mundo una fuerza
capaz de arriar mis banderas
ni existe allá fuera poder
ante el que rendir todas mis patrias.
No hay, parece, razón
por la cual derribar estos muros,
motivo para dejar atrás
el baluarte de mis dioptrías cansadas,
porqué que invite a vivir
desviviéndome en otra frontera.

No hay en el mundo una fuerza
que prometa eternidades cotidianas,
resurrección de la primavera entre el frío,
un milagro a la vuelta de la esquina,
un sentido fuera de mis planes,
un tren hacia lo incierto,
un incierto que sana.

No es posible que exista ese nervio;
feliz era yo sin destinos movedizos.
No puede haber en el mundo potencia
que rasgando mi certeza me salve,
como hoja caduca que cae
para alfombrar de hermosura los campos.
No hay en el mundo una fuerza
que, al romper, por siempre repare.

No hay en el mundo una fuerza
salvo una.

Tú,
Él en ti.

Luna llena