Amar


 

La mayoría ve sombras proyectadas sobre la arena del desierto.

Pero la fotografía no retrata las sombras, ¡sino a los camellos! Las sombras son transitorias: irán haciéndose más pequeñas a medida que el sol se mueva. Solo los camellos permanecerán.

Las sombras están. Los camellos son.

Hay, incluso, un tiempo en que las sombras desaparecen por completo, permitiéndonos contemplar sin distracciones a los camellos. El instante en que el sol alcanza el cénit de su trayectoria y nos ilumina desde más arriba.

Querido joven en quien todos ven sombras, ojalá sea ése el momento en que nos encontremos cada día. El momento en que la luz viene desde lo más alto. El momento en que tu debilidad se vuelve fortaleza. El momento en que nadie se fija en tus oscuridades, porque uno comprende que solo están, que no son. Porque uno sabe que eres mucho más que el espejismo engañoso de tus sombras. Y entiende entre tus lágrimas que tú también necesitas sentirte especial, único en el mundo.

Sencillamente, amado en todo tu ser.

Acompañando a los profesores del proyecto Comunidad Esperanza.
Pensando en niños y jóvenes en riesgo… de no escuchar un “te quiero”.

Cobán, Guatemala, agosto de 2008.

23 comentarios ››
Este mensaje quiere ser una invitación a
Amar y Creer en la educación y Mirar con otro enfoque

Por él han pasado hasta el momento 4563 visitas
Si te ha gustado, ¡compártelo!

 

No es el martillo el que vuelve perfectos los guijarros, sino el agua, con su danza y su canción.

RABINDRANATH TAGORE, Pájaros perdidos

Allá donde la rudeza destruye, la ternura esculpe.
Catarata de Sachichá, Guatemala, agosto de 2008.

14 comentarios ››
Este mensaje quiere ser una invitación a
Amar y Creer en la educación

Por él han pasado hasta el momento 7771 visitas
Si te ha gustado, ¡compártelo!

 

Giorraionn beirt bóthar.
(Dos acortan el camino.)
                            Proverbio irlandés

Dos acortan el camino
hacen pequeño el océano
despiertan de su letargo al abrazo
provocan el beso de las orillas
siembran el erial de la distancia
Dos se buscan en la noche
alumbran la palabra
se contemplan con las manos
se tocan con la mirada
desnudos de miedos
vestidos sin máscaras
Dos fecundan el mañana
decantan gota a gota los milagros
desbrozan los senderos
combaten el olvido
conquistan la incerteza
son para el otro espejo y caricia
reflejo y huella, bastón, la calma
Dos viven descentrados
vacíos de su yo
que llenan de
para un nuevo nosotros
un uno más uno
que la aritmética desbarata
Que no resulta dos
Que se hace
sencillamente
Uno

42 comentarios ››
Este mensaje quiere ser una invitación a
Amar y Comprender y Dejarnos amar

Por él han pasado hasta el momento 18113 visitas
Si te ha gustado, ¡compártelo!

 

fiori-via-appia-antica.jpg

Comienzo a comprender −dijo el principito−. Hay una flor… creo que ella me ha domesticado…

ANTOINE DE SAINT-EXUPÉRY, El principito

La Via Appia tiene más de dos mil trescientos años, pero yo siempre creo que todavía están a punto de colocar su último adoquín. Para los antiguos era la regina viarium, la reina de las calzadas. No en vano, atravesaba todo el sur de la Península Itálica para conectar Roma con la Campania, la Calabria y la Apulia, abriendo paso a aquella civilización de la que tantos somos, de alguna forma, herederos. Sobre el mismo pavimento que sintió las pisadas firmes de legionarios, colonos, via-quintili-appia-antica.jpgcomerciantes y peregrinos de un ayer tan lejano, hoy caminamos los que preferimos no someternos al imperio… del tráfico y de las prisas. Al menos, por unas cuantas horas.

La Via Appia es hermosa, increíblemente hermosa. Sobre todo, cuando a sus lados desaparecen las catacumbas, las iglesias, los «pase por aquí con su entrada». Cuando ya no hay coches que resistan los vaivenes que tan poco importaban a los carros. Cuando sólo quedan la piedra firme de su adoquinado eterno; los cipreses y los pinos abrazados en lo alto; las ruinas milenarias que, rotas y dispersas, te hablan desde su silencio. Y, más allá, los campos serenos, rozando al filo del horizonte el cielo. Donde Roma deja de hacer de Roma, para ser más Roma que en ninguna otra parte. Donde uno se escapa… para encontrarse, más que nunca, dentro.

targa-via-appia-antica.jpgEs domingo, quiere llover sobre Roma y he venido a caminar por la Appia. Soy de los privilegiados que la ve nacer a dos pasos de casa y es hora de aprovechar bien tan hermoso regalo. Tengo, además, un buen motivo. Me lo dio ese amigo que, hace unos días, atravesó mi vida con un interrogante sencillo. O sea, de los que tocan y rasgan. Cuál era mi deseo más profundo: ésa fue su pregunta. Y no supe contestarle. Ni supe contestarme. Diría tantos… tantos y ninguno. Cuando arden muchos fuegos adentro, el ímpetu de las llamas no permite muchas veces contemplar lo que están alumbrando. Pero la incógnita persevera y se hace inevitable; necesitamos encontrar en nuestro corazón las palabras, la respuesta: ¿cuál es tu deseo más profundo? Hoy quiero empezar a buscar el mío. Bajo la lluvia. En la Appia.

Camino despacio, mochila al hombro, dos manzanas como alimento. La calzada es una fiesta que se va mudando, discretamente, en silencio íntimo y punzante. Las familias con sus niños, los japoneses y sus cámaras, los señores y las señoras respetables con sus collares aún más respetables, los ciclistas, los fieles, los locos… via-appia-antica.jpgvan abandonando poco a poco la escena, según avanza la Appia hacia el sur, crece la altura de los cipreses y las ruinas dejan de merecer una reseña en la Lonely Planet. Roma ya no se adivina en la distancia y las elegantes villas dan paso a llanuras infinitas por las que hace no mucho pasó el arado. Nos hemos quedado solos. La pregunta y yo.

Conozco bien lo que va a suceder. Comenzará el bombardeo de sentimientos. Se me agolparán montones de ideas; el corazón latirá fuerte. Enfocaré la mirada hacia el horizonte, convencido del poder clarividente de la pose. Me imaginaré el futuro. Lo habitaré. Brotarán palabras más o menos bonitas, más o menos sensibles; palabras que, en cualquier modo, podrían solventarme las próximas tres o cuatro entradas de este blog. Pensaré en lugar de sentir; escribiré en lugar de pensar. Y, al final, todo sonará hueco. Por eso, alcanzados los límites de Roma, renuncio a la batalla. Y, ya de regreso, cuando llego a la altura del montículo que abre la vista de la llanura, a un lado, y de la Villa dei Quintili, al otro, me detengo. Subo despacio. El sol se cuela entre las nubes y la tierra parece responder a su estímulo en este sereno atardecer. Me siento en lo alto para poner sobre el papel alguna idea. Y rezo por esa señal que me abra las puertas de una búsqueda auténtica, no de mis torpes zarandeos.

pianura-via-appia-antica.jpg

Entonces llega ella. Una niña sonriente que, no sin esfuerzo, alcanza la pequeña altura desde la que contemplo estos campos olvidados. Parece buscar algo. Desaparece de mi vista para, a continuación, gritar con enorme alegría. Ya lo ha encontrado. Llama a sus padres que, desde abajo, la esperan, impacientes: «¡Tenéis que venir, tenéis que ver esto!» Ellos se resisten, pero su hija los reclama cada vez con más fuerza. «¡Mirad qué flores tan bonitas! ¡Son las más bonitas que he visto nunca!» La madre la amenaza con un posible robo de su bicicleta, que ha dejado tirada en medio de la Appia. Pero para ella ahora no hay nada más importante que esas flores, en las que yo no había ni tan siquiera reparado. fiore-via-appia-antica.jpgY, en efecto, se ven hermosas, las violetas y las amarillas, acariciando la vida mientras, al fondo, el sol camina hacia el ocaso. Definitivamente, son unas flores bellísimas, que brotan como regalo del cielo en un escenario privilegiado.

La insistencia de la pequeña obtiene su premio. El padre sube y, displicente, escucha la feliz explicación de por qué éstas son las flores más bonitas que jamás alguien haya visto. Es tal el éxtasis de su hija que, terminado el discurso, no puede sino invitarla a que arranque unas cuantas para llevárselas de recuerdo. Ella se lo piensa, divertida, pizpireta. Pero decide no hacerlo: «Così quando tornerò li vedrò ancora più belli!»

«¡Así, cuando vuelva, las podré ver aún más bonitas!»

Ella tiene flores hermosas. Y, cuando las cuida, nada hay más tramonto-via-appia-antica.jpgimportante en el mundo. Pero nunca las arrancará.

Porque ella volverá. Porque ella quiere volver. Porque ella volverá siempre. Y siempre que vuelva encontrará sus flores, por obra de un misterioso milagro, cada vez más hermosas.

Y yo, por primera vez en este domingo en que sobre Roma quiso llover, sonrío con una profunda alegría. Cierro el cuaderno, me levanto, vuelvo a poner mis pies sobre la piedra milenaria y, dando gracias a cada minuto, enfilo el camino de regreso a casa, hacia el mañana, hacia mis flores que crecen en silencio, ¿hacia mi deseo más profundo?

42 comentarios ››
Este mensaje quiere ser una invitación a
Amar y Coleccionar milagros y Contemplar y Escuchar al corazón

Por él han pasado hasta el momento 19937 visitas
Si te ha gustado, ¡compártelo!

 

jaula1.jpg

Él creía que amaba
y, por eso,
tenía una jaula.

En algún lugar había de atesorar
las esencias y los momentos,
los recuerdos y las cosechas,
los frutos y sus semillas,
las miradas, los besos.

De algún modo tenía que evitar
que se escapasen los contornos,
que se difuminaran los trazos,
¡los trazos firmes!,
con los que a ella para siempre
él la había dibujado,
enamorado,
¿ciego?

De ahí los barrotes,
colocados con paciencia,
con táctica y estrategia,
con el sigilo propio
de quien camina con miedo,
como quien busca ser amado…
y se disfraza.

jaula2.jpg

Él creía que amaba
y, por eso,
tenía una jaula.

Pero un día supo
de un Amor que nada guarda ni
nada encierra,
que se consume y se desgasta:
efímero en cada segundo
y, sin embargo,
cada segundo más grande,
más profundo,
más lleno de mañana.

El que se entrega sin medida
ni cálculos ni plazos,
el que no dibuja límites
para dejar libre el espacio,
el que no camufla lo débil
ni se viste para la ocasión
ni se maquilla tras el escenario.

El que no espera del otro,
pero con el otro espera
caminando.

Y quiso probarlo.
Y deseó liberarse de todo.
Y corrió a abrir la jaula.

Fue entonces cuando descubrió,
atónito ante los barrotes,
que era él quien estaba
dentro.

jaula3.jpg

En Roma, un viernes.
Cuando atardecía, como casi siempre.

Los que no sabemos hacer poesía nos conformamos con inspirarnos torpemente en los que la ofrecen a manos llenas. Como en este hermoso duelo de complicidades, de enamorados que, quizá, entendieron el amor…

jaula_abierta.jpg


«Sinceramente tuyo»
(Joan Manuel Serrat :: ver letra)


«Sinceramente tuya»
(Pasión Vega :: ver letra)

» Vasijas antiguas…
Amar

33 comentarios ››
Este mensaje quiere ser una invitación a
Amar

Por él han pasado hasta el momento 18796 visitas
Si te ha gustado, ¡compártelo!

Next Page »