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La paz contigo

¿Y si ganar la paz comenzara
por la cumbre bilateral del abrazo,
por el valle de las lágrimas compartidas,
por ojos que hablaran ternura
y besaran heridas de guerra?

¿Y si ganar tu paz significa
volverme todo yo almohada,
descanso para tus inviernos de hoy,
refugio de incondicional centinela,
peregrino descalzo en tu piel,
un contigo sin mí, en ti mi morada?

Te esperaré con la lumbre encendida
para combatir el frío de tu batalla,
buscaré en el baúl que no tengo
algunos silencios dicientes
y todas las palabras mullidas,
pediré que Él nos habite
para hacer de cada paso un hogar,
cruzaremos juntos el ocaso
hacia el mar que enciende las estrellas.

Todo para ser, por fin,
la paz contigo.

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No hay en el mundo una fuerza

Atardecer en Bangassou

No hay en el mundo una fuerza
capaz de arriar mis banderas
ni existe allá fuera poder
ante el que rendir todas mis patrias.
No hay, parece, razón
por la cual derribar estos muros,
motivo para dejar atrás
el baluarte de mis dioptrías cansadas,
porqué que invite a vivir
desviviéndome en otra frontera.

No hay en el mundo una fuerza
que prometa eternidades cotidianas,
resurrección de la primavera entre el frío,
un milagro a la vuelta de la esquina,
un sentido fuera de mis planes,
un tren hacia lo incierto,
un incierto que sana.

No es posible que exista ese nervio;
feliz era yo sin destinos movedizos.
No puede haber en el mundo potencia
que rasgando mi certeza me salve,
como hoja caduca que cae
para alfombrar de hermosura los campos.
No hay en el mundo una fuerza
que, al romper, por siempre repare.

No hay en el mundo una fuerza
salvo una.

Tú,
Él en ti.

Luna llena

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Pedacitos de eternidad

Era Pascua y yo pensaba que, si el amor nunca muere,
entonces cada gesto de amor nuestro es un pedacito de eternidad
que fecunda este presente y anticipa una primavera sin inviernos.

Montaje elaborado a partir de la canción «Sólo el amor», compuesta por Silvio Rodríguez
e interpretada por León Gieco. Algunas de las imágenes han sido tomadas del corto de
animación «El alfarero», cuyo visionado os recomiendo vivamente.

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Los camellos y las sombras

La mayoría ve sombras proyectadas sobre la arena del desierto.

Pero la fotografía no retrata las sombras, ¡sino a los camellos! Las sombras son transitorias: irán haciéndose más pequeñas a medida que el sol se mueva. Solo los camellos permanecerán.

Las sombras están. Los camellos son.

Hay, incluso, un tiempo en que las sombras desaparecen por completo, permitiéndonos contemplar sin distracciones a los camellos. El instante en que el sol alcanza el cénit de su trayectoria y nos ilumina desde más arriba.

Querido joven en quien todos ven sombras, ojalá sea ése el momento en que nos encontremos cada día. El momento en que la luz viene desde lo más alto. El momento en que tu debilidad se vuelve fortaleza. El momento en que nadie se fija en tus oscuridades, porque uno comprende que solo están, que no son. Porque uno sabe que eres mucho más que el espejismo engañoso de tus sombras. Y entiende entre tus lágrimas que tú también necesitas sentirte especial, único en el mundo.

Sencillamente, amado en todo tu ser.

Acompañando a los profesores del proyecto Comunidad Esperanza.
Pensando en niños y jóvenes en riesgo… de no escuchar un “te quiero”.

Cobán, Guatemala, agosto de 2008.

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Como agua que da vida

No es el martillo el que vuelve perfectos los guijarros, sino el agua, con su danza y su canción.

RABINDRANATH TAGORE, Pájaros perdidos

Allá donde la rudeza destruye, la ternura esculpe.
Catarata de Sachichá, Guatemala, agosto de 2008.

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Dos

Giorraionn beirt bóthar.
(Dos acortan el camino.)
                            Proverbio irlandés

Dos acortan el camino
hacen pequeño el océano
despiertan de su letargo al abrazo
provocan el beso de las orillas
siembran el erial de la distancia
Dos se buscan en la noche
alumbran la palabra
se contemplan con las manos
se tocan con la mirada
desnudos de miedos
vestidos sin máscaras
Dos fecundan el mañana
decantan gota a gota los milagros
desbrozan los senderos
combaten el olvido
conquistan la incerteza
son para el otro espejo y caricia
reflejo y huella, bastón, la calma
Dos viven descentrados
vacíos de su yo
que llenan de
para un nuevo nosotros
un uno más uno
que la aritmética desbarata
Que no resulta dos
Que se hace
sencillamente
Uno