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Si no vives por mí

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Si no vives por mí,
cada mañana nueva es rutina;
cada mirada al mundo, desolación;
cada horizonte, temores;
cada camino desconocido, amenaza;
cada alegría, artificio;
cada tristeza, sinsentido;
cada hermano, silencio;
cada silencio, nada.

Y es que si no vives por mí,
las palabras se vuelven huecas;
las manos, mudas;
y mi amor es
sólo porque espera.

Pero si en un arrebato de locura
hago de mi corazón pesebre
para acogerte, rey sin posada,
las mañanas se vuelven regalo;
las miradas, ternura;
los horizontes, confianza.

Los caminos desconocidos , ¿quizá utopía?,
traen alegrías sinceras
y tristezas que enseñan y levantan.
El hermano se hace prójimo
y junto a él los silencios hablan.
Hablan como hablan las manos,
más que las palabras,
modelando el barro de la vida
con un amor que ya nada espera,
pero que vive en esperanza.

Por eso, nace TÚ en mí para que mi YO muera,
para que el TÚ sea en mi vida primera persona,
para que el otro me descentre y se haga centro;
y así, más que nunca, pueda ser de verdad
YO.

Y TÚ conmigo.

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«Si no muero por ti»

(Almudena :: álbum «Tierra» :: ver letra)

Las fotografías fueron un sueño de Antonio Mas. La canción de Almudena que hoy me inspiró estos versos humides y torpes, un regalo de luz para las últimas semanas del Adviento. Gracias a ti, que la trajiste a mi vida.

A todos los que os acercáis a este pequeño rincón, Feliz Navidad. Feliz recién nacer.

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Dorar mi barro al calor de tu abrazo

alfarero.jpgDos amigos muy queridos pensaron en mí estas últimas semanas al encontrarse, ella con una canción, él con un texto, lanzados al vuelo con el mismo impulso del que intenté contagiarme cuando puse en marcha este pequeño rincón de la red. Y quisieron regalármelos. Para invitarme, para invitarnos, una vez más a ser barro húmedo en manos del Alfarero: a dejarnos modelar por ese amor que todo lo sobrepasa, abandonados a él con plena confianza.

Estos dos amigos no se conocen y sus respectivos regalos nacieron separados por casi dos milenios de historia. Pero hoy ambos se abrazan y se llenan de sentido al encontrarse en este espacio y en este tiempo; al susurrarse (y susurrarnos), con voces distintas pero idéntico espíritu, que estamos llamados, más que a hacer, a dejarnos hacer. Ése es nuestro desafío. Pero también nuestra esperanza.

Las palabras que interrogan…

Y si eres obra de Dios, contempla la mano de tu artífice, que hace todas las cosas en el tiempo oportuno, y de igual manera obrará oportunamente en cuanto a ti respecta. Pon en sus manos un corazón blando y moldeable, y conserva la imagen según la cual el Artista te plasmó; guarda en ti la humedad, no vaya a ser que, si te endureces, pierdas las huella de sus dedos. Conservando tu forma subirás a lo perfecto, pues el arte de Dios esconde el barro que hay en ti. Su mano plasmó tu ser, te reviste por dentro y por fuera con plata y oro puro, y tanto te adornará que el Rey deseará tu belleza. Mas si, endureciéndote, rechazas su arte y te muestras ingrato a aquel que te hizo un ser humano, al hacerte ingrato a Dios pierdes al mismo tiempo el arte con que te hizo y la vida que te dio: hacer es propio de la bondad de Dios, ser hecho es propio de la naturaleza humana. Y por este motivo, si le entregas lo que es tuyo, es decir tu fe y obediencia a él, entonces recibirás de él su arte, que te convertirá en obra perfecta de Dios.

SAN IRENEO (s. II)

…y la canción que responde. De Fray Nacho, sacerdote mercedario entregado a la pastoral penitenciaria, capellán de una prisión y, como el mismo se define, joven aprendiz de cantor:
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Al final traigo este barro
tras torpes modelados de alfarero aficionado,
tras la lluvia de esta vida, que la llena de charcos;
a la hora del ocaso vuelvo a tu lado.
Al atardecer, cuando el día se retira ya cansado
y este barro pide a gritos modelarlo,
al calor del hogar que produce tu abrazo,
al sonido de la hoguera vuelvo a tu lado.
Hoy vuelvo a ti, vuelvo a tu lado,
cansado, perdido y agotado.
Y, en esta búsqueda, dame consuelo,
que ando perdido, que ando esperando,
quedarme a tu lado.
Y, al calor que tu das, seca este barro,
que quiero dorarme al calor de tu abrazo,
y quedarme a tu lado.

Gracias, Noe. Gracias, Paco. Por permitir que estas líneas sean el lazo que una lo que toca vuestro corazón y el mío. Nuestro barro.

» Vasijas antiguas…
En tus manos, Alfarero

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Vuela…

barracon.jpgSeis semanas de misión en Guatemala, seis semanas viviendo con el corazón rasgado entre las sonrisas perennes de quienes han visto rasgado su vivir, seis semanas al lado de aquellos que lo dejan todo por servir a sus hermanos con entrega infinita, seis semanas dejándonos empapar por el amor de un Dios que se manifiesta en lo sencillo y en los sencillos…

Seis semanas para llenarnos de vida, condensadas en veinte minutos de imágenes, música, miradas y esperanza; en una presentación que ojalá pueda hablar más claro que mis palabras…

…y describir lo que para mí es casi indescriptible: la felicidad que rebosa de cada recuerdo, la que ahora nos sentimos llamados a compartir a manos llenas.


SEIS SEMANAS EN COMUNIDAD ESPERANZA :: VUELA…
(la presentación avanza sola al ritmo de la música, así que simplemente siéntate y disfruta)

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Al encuentro de Dios en sus preferidos

manos.jpgEn pocas horas vuelo hacia Guatemala, país que nos acogerá a mi hermano Richi y a mí en un abrazo cálido y tierno hasta fines de agosto.

Muchos me preguntan cuál va a ser mi misión allá, desean saber cómo vamos a trabajar con los niños y las mujeres del basurero de Cobán, e incluso nos consideran valientes por emprender esta pequeña peregrinación hacia esa Ciudad de la Esperanza que el Padre Sergio Godoy comenzó a soñar hace unos pocos años. Y yo en ese momento me siento pequeño, torpe, inútil. Un sencillo instrumento en Sus manos. Y pienso, más que en aquello que voy a hacer (prácticamente nada), en aquello que los preferidos de Dios van a hacer en mí. Porque, en el fondo, ése y solo ese es el motivo de nuestro viaje: ir al encuentro de los últimos, anhelar vivir con ellos… para que nuestra vida pueda ser transformada por quienes son el rostro más sincero del Padre en la tierra.

Señor, ayúdame a dejarme hacer,
a permitir que tu amor en el rostro del pobre
llene mi corazón de piedra
y lo haga latir al ritmo de tu Evangelio.

A donde Tú me lleves, siempre. En Ti confío.

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Amar

amor.jpgHago un pequeño experimento. Busco en Google la palabra amor en diferentes idiomas. Entro en ‘Imágenes’ y exploro los resultados. Encuentro corazones que vuelan, nubes algodonadas, tiernos peluches, parejas en éxtasis, flores que estallan de color. Primavera.

Casi nadie habla del amor en los tiempos de invierno.

Amar cuando arrecia la tormenta. Amar cuando solo somos dos frente al mundo. Amar en la dificultad y en el silencio. Amar el amor de un enfermo. Amar en el cansancio y en la vejez. Amar cuando la vida me puso todo del revés. Amar nuestras heridas y nuestras pobrezas. Amar cuando no se es amado. Amar en el desierto sin oasis. Amar la sonrisa que se desliza entre la desolación. Amar en tiempos de cólera. Amar al que me ofendió. Amar al que menos parece merecerlo. Amar al que querría ser mi enemigo. Amar gastando la vida. Amar incluso si me crucifican. Amar cuando nadie ama.

¿No es entonces cuando el Amor se escribe verdaderamente con mayúsculas?

Una poetisa cubana, Dulce María Loynaz, supo decirlo como nadie en Amor es…, ese hermosísimo poema cuyos versos me he permitido tomar al vuelo para crear una pequeña y sencilla composición en la que palabras, música e imágenes aspiran a abrazarse y a abrazarte. Si quieres, puedes descargarla haciendo clic en el siguiente enlace:


PRESENTACIÓN «AMAR»

Hago otro pequeño experimento. Busco en el «Google» del Evangelio la palabra amor. El sistema se satura.

«El resultado de la búsqueda es infinito», me dice la pantalla.

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El Amor en un lugar invisible

santacruz.jpgLa escena nos sorprende a las afueras de un pueblecito cualquiera de Orense, una tarde cualquiera de julio. Estamos acompañando a personas con discapacidades psíquicas muy profundas. Nos están acompañando personas con discapacidades psíquicas muy profundas.

Llega el momento de ayudarlos a comer. La habitación es un ir y venir de aullidos imprevistos y silencios ensordecedores. Cuando entramos por primera vez, mi amiga se preguntaba y me preguntaba descorazonada qué sentido podía tener la vida de aquellos hermanos nuestros.

Nos acercamos a ayudar a uno de los residentes. Pongamos que se llama Josiño. Siempre sonríe, pero no puede evitar mover con mucha violencia su mano derecha, por lo que resulta complicado acercarle la cuchara a la boca. Su compañero –pongamos que se llama Manoliño– lo mira de lejos, pendiente, atento. A Manoliño le gusta que lo saquen a dar paseos y no se deja ganar a las cartas… a no ser que su rival sea una dama. Todo un galán.
manos.pngHoy Josiño está más nervioso que de costumbre; nos cuesta darle de comer. Manoliño, que nos ve en dificultades desde el otro lado de la mesa, mueve decidido su silla de ruedas hasta donde estamos nosotros, mira fíjamente a Josiño y toma con fuerza su mano. Luego, nos viene a decir con su mirada y con su sonrisa: «Yo os ayudo; intentadlo ahora». Gracias a su colaboración conseguimos terminar el plato.

Cuando ya se acerca el postre, a Josiño se le resbala una de sus sandalias. Manoliño, que sabe bien cómo cuidar a quien ha sido su compañero de habitación por muchos años, hace un esfuerzo ímprobo para alcanzar desde la silla el zapato y volverlo a colocar en el pie de su amigo. Josiño sonríe de nuevo y acerca su mano al rostro del príncipe azul más auténtico que jamás haya visto. Y lo acaricia con ternura infinita.

Mi amiga y yo nos miramos.

Y comprendemos. Y nos rompemos.

Muchos creyeron que habíamos viajado hasta Orense para ayudar.

Y, al final, ¿quién ayudaba a quién?