Soñar una tierra nueva


 

barracon.jpgSeis semanas de misión en Guatemala, seis semanas viviendo con el corazón rasgado entre las sonrisas perennes de quienes han visto rasgado su vivir, seis semanas al lado de aquellos que lo dejan todo por servir a sus hermanos con entrega infinita, seis semanas dejándonos empapar por el amor de un Dios que se manifiesta en lo sencillo y en los sencillos…

Seis semanas para llenarnos de vida, condensadas en veinte minutos de imágenes, música, miradas y esperanza; en una presentación que ojalá pueda hablar más claro que mis palabras…

…y describir lo que para mí es casi indescriptible: la felicidad que rebosa de cada recuerdo, la que ahora nos sentimos llamados a compartir a manos llenas.


SEIS SEMANAS EN COMUNIDAD ESPERANZA :: VUELA…
(la presentación avanza sola al ritmo de la música, así que simplemente siéntate y disfruta)

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Dejarnos amar y Servir y Soñar una tierra nueva

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Regreso de Guatemala y este mundo que era el mío aparece ante mis ojos un poco más ajeno. Un contraste infinito salvado en pocas horas por dos viajes en avión que no permiten transiciones suaves: los paisajes cambian a velocidad vertiginosa y la realidad muda su rostro sin que uno llegue a entender cómo es posible que pueda mostrarnos dos caras tan distintas.

Y tu cuerpo llega. Pero, de alguna manera, todavía no el corazón. Porque…

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…hay un lugar en el mundo, en Cobán, en el barrio de El Esfuerzo, de camino hacia la colonia de La Esperanza, en que se sueña con un futuro distinto. Donde el inconformismo vence a la resignación para hacer el Evangelio carne entre los olvidados y los que sufren. Donde la utopía se transforma en quizá y el tal vez se hace posible. Donde las manos se hunden en la tierra y tocan el barro para modelar un mañana sin últimos. Donde el milagro acontece en silencio, y se convierte en bosque que crece discreto y pasa desapercibido, mientras unos pocos árboles hacen en nuestros telediarios tanto ruido al caer…

amalia.jpgHay un lugar en el mundo donde se tiene fe en la educación y en la confianza como motores de un mundo más justo y digno para todos. Donde se cree a ciegas en las semillas de Dios que cada persona, sin excepción, lleva dentro. Donde esas semillas son regadas con cariño, cuidadas con ternura, alimentadas desde el corazón… para que de ellas puedan surgir brotes de ilusión, árboles que den algún día fruto abundante. Donde cada niño, cada joven, es un regalo que se convierte en testimonio de que Él no abandonará jamás su esperanza en nosotros.

Hay un lugar en el mundo donde adolescentes sin remedio, traicionados por la vida, abusados en cuerpo y alma, portadores de una inocencia rasgada por el dolor, te enseñan desde la raíz, con autenticidad y sin artificios, que merece la pena creer en tus sueños, que todos somos capaces de salir adelante y enlacalle.jpgempezar de nuevo, que la fe basta para impulsarnos hacia una vida feliz y plena, que para todo y para todos hay un porqué. Y entonces, cuando te brindan su cariño a manos llenas, cuando ponen en tus manos con entrega infinita su sufrir y su esperar, cuando consiguen arrancarte lágrimas de emoción y palabras de verdadero amor… entiendes tu pequeñez y recuerdas que viniste, antes que a hacer, a dejarte hacer.

Hay un lugar en el mundo donde se trabaja en la brecha que todos ignoran, en el vertedero del olvido al que son arrojados quienes no parecen tener espacio en este mundo aún tan injusto. Donde cada uno de los que allá viven tiene un nombre por el que otros no le llaman, una historia que no interesa a los de la mayoría silenciosa, un futuro en el que unos pocos sí creen. basurero.jpgDonde todos son mirados, y mirados con ternura. En pie de igualdad. E invitados a sumarse a la lucha por un vivir digno, amable y feliz desde un barracón pintado de colores donde algunos aprenden a agarrar el lápiz y otros ya resuelven reglas de tres. Y, sobre todo, sonríen.

Hay un lugar en el mundo que no da la espalda a sus hermanos cuando azota la tragedia, que tampoco lo hizo cuando las graves inundaciones de las que fuimos testigos a mediados de agosto llenaron de sufrimiento las calles de El Esfuerzo y La Esperanza. Una comunidad que no dudó ni un instante en derramar todas sus fuerzas para que nadie corriese peligro y todos pudieran ser atendidos. Que, junto al resto de la Iglesia y de las iglesias, se puso a la vanguardia del trabajo cuando las autoridades apenas habían reaccionado. angel.jpgQue abrió sus puertas de par en par para acoger bajo su techo y en su corazón a quienes todo lo habían perdido bajo el agua y el barro. Que intentó dar sentido a la victoria de la vida sobre la destrucción, del ser sobre el tener, del presente sobre el pasado, de la esperanza sobre la desolación.

Hay un lugar en el mundo donde se está construyendo la Ciudad de la Esperanza, un sueño para los que sueñan; un espacio donde muchos que hoy son excluidos podrán mañana aprender, crecer, desarrollarse, sentir el cariño, construir su futuro, llegar a ser quienes están llamados a ser. Mucho más que una escuela, una granja, un hogar, unas pistas deportivas o un instituto: un faro de luz que alumbrará, desde el hermoso monte donde ya echan raíces sus primeros cimientos, el caminar y el vivir de un barrio y una ciudad a los que traerá un amanecer nuevo. Iluminado desde el amor y el servicio.

richi-alex.jpgHay un lugar en el mundo donde el mañana siempre es mejor. Donde el mañana tiene sentido. Porque hoy, porque todos los días, las semillas de Dios que brotan en cada pequeño, en cada joven, en cada mirada, renuevan su razón de ser.

En verdad, hay muchos lugares así en el mundo. Pero el que ha robado nuestro corazón, el de mi hermano Richi y el mío, el de tantos voluntarios con los que hemos compartido sueños, se llama Comunidad Esperanza. Y está en Cobán, Guatemala. En el barrio de El Esfuerzo, de camino hacia la colonia de La Esperanza.

Entre el esfuerzo y la esperanza.

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Creer en la educación y Servir y Soñar una tierra nueva

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outlandish.jpgLenny Martínez, Waqas Ali Qadri e Isam Bachiri pasaron su infancia en un suburbio al oeste de Copenhague. Su profunda amistad se forjó entre los clubes juveniles y los campos de fútbol del barrio en el que crecieron. Lenny es hondureño; Waqas e Isam nacieron en la capital danesa, pero las raíces de sus familias se hunden, respectivamente, en Pakistán y Marruecos. En 1997 formaron un grupo que comenzó a explorar a partir del hip hop y del R&B la fusión musical y cultural con otros estilos, desde el pop árabe a las bandas sonoras de Bollywood, desde el soul a los ritmos latinos. Cantaban en inglés, castellano, danés, urdu y árabe. Y pensaban que…

Vivimos en tiempos en que las posiciones políticas se están polarizando y las culturas pasan a ser consideradas entidades cercadas que no pueden unirse. El mundo es frecuentemente concebido a través de un prisma defectuoso, que nos divide a «nosotros» de «ellos». Por eso, siempre resulta un alivio para la tensión que haya personas que dediquen su tiempo y su talento a recordarnos que todos somos seres humanos. Que la sangre que corre por tus venas no es diferente de la que fluye por el cuerpo de tu vecino, incluso si no compartes con él la misma condición social, las mismas ideas políticas o las mismas convicciones religiosas; incluso si no procedéis de la misma latitud o longitud.

Los tres son profundamente creyentes. Lenny es católico; Waqas e Isam, musulmanes. Se hacen llamar Outlandish (en inglés, estrafalario) y han publicado ya cuatro álbumes a lo largo y ancho del mundo. Ésta es la historia que late detrás de su éxito entre crítica y público. Y ésta es la historia que les movió, hace dos años, a versionar una vez más a León Gieco para pedirle a Dios que la guerra, la injusticia y el futuro no nos sean indiferentes…

Los niños que jugaban juntos en los patios de los suburbios no sabían que hubiera un «nosotros» y un «ellos». Sobre todo, cuando acababa el partido.

Ojalá la fe profunda de los que creen en la unidad y la comunión de la familia humana resulte cada vez menos estrafalaria.

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Comprender y Soñar una tierra nueva

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Vivir en paraísos de hormigón. Tener que apagar las farolas para que puedan encenderse las estrellas. Sentirnos obligados a renunciar a los sueños que no caben en la horma de convencionalismos artificiales. Caminar por la vida con miedo a que alguien nos quite lo que hemos acumulado. No saber muy bien para qué lo hemos acumulado. Torcer la mirada cuando el necesitado clava en nuestros ojos la suya. Renunciar a entender que nuestro Norte opulento se construye sobre los esfuerzos de un Sur. Olvidar que hay Sur en nuestro Norte, debajo del puente y sin salir de tu barrio. Recordarlo y contemplar a quienes sufren la injusticia con una mueca de condescendencia o como un mero deber ético. No reconocer el rostro de Dios y la fuente de su amor en quienes son sus preferidos. Creer que tú y yo no podemos hacer nada.

Los pequeños cánceres cotidianos de este Norte que, dicen los que saben de economía, sigue creciendo a buen ritmo.

Cuidado con la metástasis del bienestar. Puede provocar indiferencia.

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Mirar con otro enfoque y Soñar una tierra nueva

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