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Encrucijadas

El camino representa de manera admirable y misteriosa el ser mismo del hombre y la mujer: una vida en tránsito, en perpetuo trascenderse a sí misma.

ANDRÉS TORRES QUEIRUGA

Quienes hemos tenido la oportunidad de peregrinar hacia Compostela solemos compartir un sentimiento que brota de nuestros corazones con sorprendente fuerza: el Camino de Santiago es una verdadera metáfora de la vida, encrucijada.pngy quien lo recorre tratando de dar un sentido a cada paso se sitúa en un espacio y un tiempo privilegiados, sagrados, que lo abren a un encuentro con lo más profundo de su ser.

Y, aunque todos tenemos la percepción de que los caminos de Santiago son ya itinerarios bien definidos y señalizados, donde resulta casi imposible perderse y que apenas nos enfrentan a la posibilidad de elegir por dónde queremos avanzar, aún hoy la Ruta Jacobea continúa situando al peregrino ante algunas encrucijadas. Entonces, como en la vida, hay que optar. Mojarse. Quizá, incluso, arriesgarse.

Una de las encrucijadas más célebres del Camino Francés a Santiago es la que nos encontramos a la salida de Villafranca del Bierzo (León), cuando ya rozamos Galicia con los dedos y soñamos con la mágica ascensión al Cebreiro. La ruta histórica, que atravesaba el fondo del angosto valle, había sido sepultada por el asfalto de la carretera nacional y traicionada por el rugir del intenso tráfico. Por eso, muchos peregrinos de antaño buscaron una alternativa por la montaña. dos_caminos.jpgHoy, con la autovía a Galicia ya finalizada y tras haberse habilitado un andadero a la vera de la nacional, ambas opciones resultan ya seguras para el peregrino. Pero la encrucijada no ha desaparecido. Todavía podemos elegir.

La ruta de Pradela, la que evita la carretera por la montaña es, sin lugar a dudas, mucho más exigente que la tradicional. Su primera rampa –en la misma encrucijada, aún entre las callejuelas de Villafranca– es todo un preludio de lo que le espera al caminante: una dura ascensión en continuo sube y baja, escasamente señalizada, cuyo sinuoso y rápido descenso por laderas pedregosas puede ser letal para más de un tobillo. No es de extrañar, por tanto, que los veteranos del Camino, las guías de viaje, los hospitaleros de los albergues y las gentes del pueblo opten mayoritariamente por aconsejar la ruta de Pereje –por el valle–, que va ascendiendo suavemente sin que apenas lo noten las piernas, a través de un itinerario en el que resulta imposible perderse y que, además, es mucho más corto.

alto_pradela.jpgCuando, hace ahora dos años, tuve el privilegio de acompañar, junto a mis amigos Pilar y José, a mi grupo de chavales de Chamis en su peregrinación a Santiago, les ofrecí, ante la encrucijada de Villafranca, la posibilidad de elegir por qué alternativa deseaban avanzar hacia Galicia. Algunos optaron por seguir las recomendaciones habituales y ahorrar energías, pensando quizá en la etapa del día siguiente. Otros, por el contrario, prefirieron arriesgarse. Y así nos separamos, para no volver a encontrarnos hasta Vega de Valcarce.

Fue al reunirnos de nuevo cuando comprendimos. Quienes habían escogido la ruta de Pereje, el camino aparentemente cómodo y sencillo, lamentaban la monotonía y el cansancio en los que habían quedado sumidos tras casi quince kilómetros de arcén amarillo, separados apenas de la carretera por un frío muro de cemento.arcen_trabadelo.jpg A pesar de que habían atravesado un precioso valle, el tráfico de coches y camiones, el desfile de peregrinos casi puestos en fila, la dureza del asfalto y la desoladora visión de los colosales viaductos de la autovía, construidos entre su mirada y el cielo, les habían impedido gozar de una etapa que podría haber sido maravillosa.

Por el contrario, los que prefirieron no seguir la ruta fácil, los que se sintieron llamados a ascender por la montaña de la que ya casi nadie se acuerda, vivieron una jornada de hermosa paz, de profunda intimidad, de hermoso compartir, a través de bellísimos paisajes que se les regalaban en una explosión de verdor. Y así pudieron gozar de vistas espectaculares, de aldeas perdidas, de bosques mágicos, de castaños imponentes, de praderas en flor. El valle del Valcarce, mientras tanto, se abría ante sus ojos desde una perspectiva única, como pocos peregrinos pueden ya imaginárselo. castanos.jpgY solo a lo lejos podía apreciarse la traza de lo que parecía, tal vez, un duro arcén de asfalto pintado de amarillo.

El Camino es una metáfora poderosa de la vida, sí. Porque en la vida también nos encontramos con encrucijadas que pueden llevarnos a través de caminos cómodos y seguros, por los que la mayoría desfila tratando de no desgastarse ni de perder demasiadas energías, o de senderos poco transitados en los que el riesgo de perderse, lesionarse o fatigarse es quizá mucho mayor. Como el sendero del Evangelio, que nos rompe por dentro y nos pone contra las cuerdas al pedirnos que amemos sin medida (aunque duela), que perdonemos sin medida (aunque cueste), que demos la vida sin medida (aunque perdamos nuestras fuerzas en el empeño). Porque, para poder ensanchar nuestra visión y mirar desde lo alto, siempre hay que optar por el camino que sube. Porque, para llegar a sentirnos plenos –y no solamente llenos–, no valen los itinerarios fáciles ni las alternativas baratas. Porque, para poder experimentar un amor profundo y verdadero, es preciso haber dado mucho de nosotros primero. Por eso, en la encrucijada, el susurro de Jesús no nos conduce nunca hacia la ruta cómoda y sencilla. Nos pide que arriesguemos la vida. Él vino a traer la guerra y no la paz.

Pero entonces ocurre el milagro: las vistas espectaculares, las aldeas perdidas, los bosques mágicos, los castaños imponentes, las praderas en flor. Y, al fondo del valle, quien acaba lamentando (quienes acabamos lamentando, tantas veces) la monotonía de ese arcén pintado de amarillo.

Vida tiene quien vida dio.

13 Responses to Encrucijadas

  1. Joaquin says:

    Que recuerdos… aun hoy agradezco haberme fiado de mi instinto, elegir esa empinada cuesta y el haber podido disfrutar de tan grata y memorable etapa. Una vista increible tanto del valle como de los bosques… esa foto del belen dentro del arbol… tremenda…
    Y es que cuanto mas cuesta… mas se disfruta la cima…

    Un saludo

  2. Francisco says:

    La verdad es que es un placer encontrar un blog como este.
    Sin duda el Camino de Santiago, es una magnífica metáfora de la vida. La última vez que realicé una parte del Camino Francés, descubrí como sin darme cuenta “corría” de un pueblo a otro. Sin planteármelo, me dejaba llevar por el ambiente, por las prisas. Sin embargo en un momento, me paré y pensé que lo realmente importante no era llegar ún día determinado a Santiago, sino disfrutar de la Naturaleza, de las personas que te vas encontrando… de Dios.
    Llegué a la “meta volante” que supone Santiago, pero me quedó claro que en la vida debemos tener muchísimo cuidado con no dejarnos llevar por la sociedad, por lo normal, porque podemos perdernos lo más bonito de la vida.

    Un abrazo.

  3. Pingback: meneame.net

  4. perlegrino says:

    Hermano … que preciosidad de post!!

    Cuanta razón tienes ;)

    Ultreia y buen camino por la vida …

    perlegrino

  5. Yvette Valerio says:

    Esta genial tu blog!! me encanto.Me llego al corazón tu mensaje .Cuando mencionas que el Evangelio nos pone contra las cuerdas al pedirnos que amemos sin medida (aunque duela), que perdonemos sin medida (aunque cueste), que demos la vida sin medida (aunque perdamos nuestras fuerzas en el empeño).
    Es cierto muchas veces lo olvidamos ,actuamos en forma egoísta. En el momento que nos arriesgamos a amar y perdonar maduramos y crecemos nada mejor que dar el amor que Dios ha puesto en nuetro corazón .

    saludos desde Puebla

  6. Álex says:

    Muchas gracias a todos por vuestros cariñosos comentarios (y gracias, Miguel, por el meneo).

    Aprovecho para daros una muy calurosa bienvenida, Francisco e Yvette. Me hacen especial ilusión vuestros mensajes. El tuyo, Francisco, porque me permite conocer tu estupendo blog, el de un testigo del Evangelio que nos habla de su fe desde un ámbito, el universitario, en el que ya resulta muy poco habitual encontrar testimonios como el tuyo.

    Y tu mensaje, Yvette, porque me escribes desde Puebla, una ciudad a la que le tengo especial cariño, pues está muy vinculada a mi familia. Mi padre trabajó y vivió allí algún tiempo, hace ya muchos años, y aún hoy la visita por motivos laborales varias veces al año. Yo tuve la oportunidad de conocerla cuando viajé a México en el 2002… y la verdad es que quedé prendado de su belleza y del calor de sus gentes.

    Espero seguir encontrándoos, leyéndoos y disfrutando de vuestro hermoso compartir.

  7. Luis Mª says:

    Los caminos son muy sugerentes para todo tipo de reflexiones, pero hay que saber exponerlas y llegar con la idea al otro. En tu caso, Alex, lo has conseguido con creces.
    Quetu camino, ya empinado ya llano, sea siempre antesala de la felicidad al llegar. Un fuerte abrazo. Luis Mª

  8. Hola Alex.

    Tus palabras vuelven a transportarme a los lugares que describes, físicos y espirituales. Tal es el don que Dios te ha regalado para escribir. También me ha recordado mi propia experiencia del Camino de Santiago. Cuando lo emprendí hace cuatro años, en ningún momento imaginé que pudiera hacerme crecer tanto, sentir tanto, orar tanto, vivir tanto… Para expresarlo, traicionaré una de las normas ético-estéticas de periodistas y escritores, como es la de evitar la ‘autocita’, pero en este caso, creo que es el mejor modo en que puedo transmitir mi vivencia.

    Así escribí hace algún tiempo en un post de mi blog bajo el título ‘Nadie hay tan libre como un cura’: “[…]Es la misma libertad que yo un día descubrí haciendo el Camino de Santiago, cuando noté la debilidad y fragilidad de mi cuerpo, para después de varios días aceptarla y llegar a amarla. Fue en ese instante cuando dejé de ser débil, porque ya no necesitaba mostrarme fuerte e indestructible; el saberme débil había dejado de hacerme daño. Acababa de liberarme[…]”.

    Un abrazo, hermano.

  9. Pilar says:

    CAMBIA TU VIDA PARA CAMBIAR EL MUNDO.

    Alex, leyendo tus palabras consigues transportarme a esos maravillosos días en que la encrucijada fue la mía, cuando decidí acomparñarte como monitora a Santiago.

    Fueron días increíbles que los recuerdo con muchísimo cariño y melancolía.

    Te doy las gracias porque tu has elegido el camino largo, enpinado y escabroso que cada dia te hace más grande, dedicando tu vida a enseñar a todos esos chavales que tanto te quieren.

    Enhorabuena por este trocito de cielo, una luz en momentos tristes.

    Mil besos!

    Una peregrina que te quiere.
    Pilar.

  10. Talita Plum says:

    ¡Que cosas, nuevo amigo!

    Buscando una imagen de un cruce de caminos Google me trae de nuevo hasta aquí!

    ays… así que nada… mi comentario es para avisarte de que te plagio la imágen!

    Cómo mola ser cristiano! El Señor hace que la encrucijada se convierta en un cruce de caminos… no es maravilloso?

    De Colores!

  11. Álex says:

    Prohibido no tocar, jeje. Encantado de tu plagio. Este Google vuelve a hacer de las suyas…

    Porque ¿fue Google?

    Sigamos caminando. Volveremos a encontrarnos.

  12. pato.QUE says:

    BENDITO DIA ESTE QUE ME PERMITE ENTRAr en TU PAGINA QUE ME LLENA DE VIDA Y AMOR DE DIOS MI DIA , Y QUE ME HACE REFLEXIONAR MUCHO QUE EL BUEN DIOS TE SIGA LLENANDO DE S
    SABIDURIA .DE NUEVO LEON EN MEXICO.

  13. Pingback: De Flores a Chisec, pasando por Sayaxché: cuatro enseñanzas | Álex Segrelles

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