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	<title>El barro del alfarero</title>
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		<title>Cómplices traviesos de lo eterno</title>
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		<pubDate>Sun, 31 Mar 2013 17:37:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Álex</dc:creator>
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		<description><![CDATA[No sé si lo entiendo demasiado; pero, inexplicablemente, todo concuerda: el amor nunca pasa, el bien no fue jamás en vano, estalló la semilla ciega, volvieron a florecer los cerezos, ¡no dieron la razón a quienes gritaron y crucificaron! Ya no es tiempo de vendas para las heridas del ayer: la muerte no tiene poder [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;">No sé si lo entiendo demasiado;<br />
pero, inexplicablemente, todo concuerda:<br />
el amor nunca pasa,<br />
el bien no fue jamás en vano,<br />
estalló la semilla ciega,<br />
volvieron a florecer los cerezos,<br />
¡no dieron la razón a quienes gritaron y crucificaron!<br />
Ya no es tiempo de vendas<br />
para las heridas del ayer:<br />
la muerte no tiene poder<br />
cuando esperar no hace más falta<br />
para poder vivir, ya hoy,<br />
cómplices traviesos de lo eterno,<br />
en tierna mano resucitados.</p>
<p align="center"><iframe src="http://player.vimeo.com/video/60365489" height="281" width="500" allowfullscreen="" frameborder="0"></iframe><br />
<span style="font-size: 8pt; font-family: Trebuchet MS,Georgia,Times New Roman,serif; color: #6f6868;">Montaje de elaboración propia a partir de escenas de la película «Los miserables» (1998).<br />
Las canciones son «Sin ti» de <a href="http://www.fraynacho.com/" target="_blank">Fray Nacho</a> y «Levántate y anda» de <a href="http://alvarofraile.wordpress.com/" target="_blank">Álvaro Fraile</a>.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<blockquote><p>Como el grano de arena que basta para inclinar una balanza es el mundo entero a tu presencia, como la gota de rocío que a la mañana baja sobre la tierra. Pero te compadeces de todos, porque todo lo puedes. Amas a todos los seres y no aborreces nada de lo que has hecho; pues, si hubieras odiado alguna cosa, no la habrías creado. Y ¿cómo habría permanecido algo si no lo hubieses querido? ¿Cómo se habría conservado lo que no hubieses llamado? Pero a todos perdonas, porque son tuyos, <strong>Señor, que amas la vida</strong>.</p>
<p align="right">(Sab 11)</p>
</blockquote>
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		<title>Conversación de fin de año en la cola del super</title>
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		<pubDate>Mon, 31 Dec 2012 18:39:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Álex</dc:creator>
				<category><![CDATA[Agradecer]]></category>
		<category><![CDATA[Des-centrarnos]]></category>
		<category><![CDATA[Año Nuevo]]></category>
		<category><![CDATA[Antonio Mas]]></category>
		<category><![CDATA[aprendiendo del otro]]></category>
		<category><![CDATA[gente buena]]></category>
		<category><![CDATA[otro mundo posible]]></category>
		<category><![CDATA[testimonios de vida]]></category>
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		<description><![CDATA[En lo cotidiano de nuestro ajetreo, no estamos demasiado acostumbrados a mirar o a escuchar más allá de nosotros mismos. Por eso te reconoceré, querido amigo, que al principio, aun sin yo quererlo, me has incomodado. Solo al principio. Ahí estaba yo, esta mañana, acalorado, apresurado, enfilando la cola de la caja en el supermercado [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En lo cotidiano de nuestro ajetreo, no estamos demasiado acostumbrados a mirar o a escuchar más allá de nosotros mismos. Por eso te reconoceré, querido amigo, que al principio, aun sin yo quererlo, me has incomodado. Solo al principio.</p>
<p><img class="aligncenter size-large wp-image-983" alt="" src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2012/12/supermercado.jpg" width="508" /></p>
<p>Ahí estaba yo, esta mañana, acalorado, apresurado, enfilando la cola de la caja en el supermercado de la esquina. Runrún de compras de última hora, pasillos llenos, calor enlatado de calefacción dentro, frío descarnado afuera, mi abrigo entorpeciéndome, papeles entre mis manos, la cesta, las prisas y un insufrible disco de villancicos martilleando despertares.</p>
<p>En la fila, a pesar de todo, acierto a dejar pasar delante de mí a un señor mayor. Entonces apareces tú. Elogias el gesto y das las gracias por el ejemplo. Y, mientras prosigue el desfile de códigos de barras, comienzas a charlar conmigo. Sin venir a cuento. Rompiendo esa norma tácita que nos hace a todos sentirnos cómodos cuando actuamos como silenciosos autómatas en nuestras junglas de hormigón. <a href="http://www.antoniomas.com/media_alma.htm"><img title="Fotografía de Antonio Mas" alt="" src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2012/12/mediaalma.jpg" width="240" align="right" hspace="10" vspace="10" /></a>Porque en el asiento del autobús, el trayecto del ascensor o la cola del super, los auriculares a todo volumen o la mirada hacia el ombligo son nuestros mejores aliados ante cada tensa espera, el seguro a todo riesgo de dejarnos enredar.</p>
<p>Me hablas de cómo ayer viste a aquella anciana que no se daba cuenta de que venía el tranvía. Te acercas diligente a la cajera cuando ves que se ha quedado sin cambio para el cliente anterior, porque no te importa ofrecerle tu calderilla. Me enseñas las botellas de refresco que estás a punto de adquirir para todos los niños que esta noche van a hacer de tu Nochevieja una auténtica fiesta. Y, viéndome apurado y desarbolado entre mis papeles, mi abrigo y mis prisas, me ayudas a colocar la compra en la caja, poniendo cuidado en dejar las botellas tumbadas «porque, si no, la cinta las tira al avanzar».</p>
<p>Luego pago, hago amago de irme, pero me dejo los benditos papeles y ahí estás tú para tendérmelos mientras me deseas un feliz Año Nuevo con tu mejor sonrisa. Y yo no sé cómo te llamas ni de dónde vienes. <a href="http://www.antoniomas.com/pluma.htm"><img title="Fotografía de Antonio Mas" alt="" src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2012/12/pluma.jpg" width="240" align="left" hspace="10" vspace="6" /></a>Por tu acento te llamarán <em>extranjero</em>; quizá ahora tu amabilidad no merezca ni tan siquiera una tarjeta sanitaria. Pero esta mañana, durante cinco minutos que podrían haber sido <em>de silencio y ombligo</em>, te has implicado —co-(im)-plicado— en lo cotidiano de mi camino para hacerlo un poquito más cómodo, un poquito más vivible, un poquito mejor.</p>
<p>Y yo no puedo evitar pensar que debe de ser así, de forma tan sencilla y casual, como se inician las pequeñas cadenas de humanidad que rompen la indiferencia y ayudan a cambiar, como gotas de lluvia fresca sobre los campos en estío, <em>no inútilmente</em>, este mundo&#8230;</p>
<p><iframe src="http://www.youtube.com/embed/uuqSHERRYK4" height="305" width="508" allowfullscreen="" frameborder="0"></iframe></p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><span style="font-size: 15pt; color: #6f6868; font-family: Trebuchet MS,Georgia,Times New Roman,serif;"><strong>¡Feliz 2013!</strong> ¡Felices pequeños gestos que<br />
nos reconcilian con la ternura del Hombre!<br />
</span></p>
]]></content:encoded>
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		<title>El Bien reinará</title>
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		<pubDate>Tue, 25 Dec 2012 12:58:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Álex</dc:creator>
				<category><![CDATA[Confiar]]></category>
		<category><![CDATA[Soñar una tierra nueva]]></category>
		<category><![CDATA[Volver a empezar]]></category>
		<category><![CDATA[Adviento]]></category>
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		<category><![CDATA[Jesús]]></category>
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		<category><![CDATA[pastoral]]></category>
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		<description><![CDATA[En lo pequeño está lo inmenso. En la inmensidad del mundo nos nace el Amor, pobre entre puertas cerradas. Y en la inmensidad de la incertidumbre brotan, discretas pero firmes, las semillas del Reino del Bien, habitado hoy menos que mañana. Montaje de elaboración propia a partir de escenas de las películas «El Señor de [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;">En lo pequeño está lo inmenso.<br />
En la inmensidad del mundo nos nace<br />
el Amor, pobre entre puertas cerradas.<br />
Y en la inmensidad de la incertidumbre<br />
brotan, discretas pero firmes,<br />
las semillas del Reino del Bien,<br />
habitado hoy menos que mañana.</p>
<p align="center"><iframe src="http://www.youtube.com/embed/TSVp4WVGZ64" height="315" width="508" frameborder="0"></iframe><br />
<span style="font-size: 8pt; font-family: Trebuchet MS,Georgia,Times New Roman,serif; color: #6f6868;">Montaje de elaboración propia a partir de escenas de las películas<br />
«El Señor de los Anillos: Las dos torres» y «Natividad»</span></p>
<p align="center"><a href="http://partido.marianistas.org/os-lo-repito-estad-alegres-flp-4-4-5/"><img title="Imagen de Rogelio Núñez Partido, SM" alt="" src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2012/12/alegrate.png" width="280" align="right" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><span style="font-size: 15pt; color: #6f6868; font-family: Trebuchet MS,Georgia,Times New Roman,serif;">¡Feliz recién nacer!</span></p>
<p align="center"><span style="font-size: 15pt; color: #6f6868; font-family: Trebuchet MS,Georgia,Times New Roman,serif;">¡Feliz Natividad!</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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		<title>En Navidad, siete razones que me mueven a dar gracias por mis alumnos (pequeños maestros)</title>
		<link>http://alexsegrelles.marianistas.org/siete-razones-doy-gracias-alumnos</link>
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		<pubDate>Sat, 22 Dec 2012 13:33:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Álex</dc:creator>
				<category><![CDATA[Agradecer]]></category>
		<category><![CDATA[Coleccionar milagros]]></category>
		<category><![CDATA[Creer en la educación]]></category>
		<category><![CDATA[aprendiendo del otro]]></category>
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		<description><![CDATA[En el entorno privilegiado de la tutoría de 4º de ESO a la que acompaño, hablábamos el otro día de cuál puede ser el mejor regalo de Reyes para nuestros padres, para nuestra gente querida. Me preguntaba con los alumnos si no sería precioso dejar de agobiarnos por cuánto gastar o qué comprar, para lanzarnos [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://alexsegrelles.marianistas.org/siete-razones-doy-gracias-alumnos/alex-a-fa-mbeti-na-bangassou" rel="attachment wp-att-983"><img class="aligncenter size-large wp-image-983" alt="" src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2012/12/alex-a-fa-mbeti-na-bangassou.jpg" width="508" /></a></p>
<p>En el entorno privilegiado de la tutoría de 4º de ESO a la que acompaño, hablábamos el otro día de cuál puede ser el mejor regalo de Reyes para nuestros padres, para nuestra gente querida. Me preguntaba con los alumnos si no sería precioso dejar de agobiarnos por cuánto gastar o qué comprar, para lanzarnos con valentía al papel desnudo y escribir, a quien corresponda, siete —o diez o quién sabe cuántas— razones que nos mueven a dar gracias por el regalado. Porque no hay mejor obsequio que nuestro corazón abierto y nuestro cariño a flor de piel.</p>
<p>Me pareció de justicia, entonces, escribirles a ellos también, aun a toda prisa —pero de todo corazón—, las siete razones por las que, un jueves cualquiera de Adviento a las tantas de la noche, yo, su tutor, les daba las gracias&#8230;</p>
<p><strong>1. GRACIAS</strong> porque a veces trabajas más de lo que pensamos, sueñas más de lo que pensamos, esperas más de lo que pensamos, te preguntas más de lo que pensamos, lanzas tu corazón al viento más de lo que pensamos. Gracias por tu talento, por tus interrogantes escondidos, por tus deseos de mañanas fecundos, por tus pájaros en la cabeza y tus <em>ciento volando</em>, por esa intimidad maravillosa que es solo tuya y, al mismo tiempo, se hace de todos en la luz que desprendes.</p>
<p><img alt="" src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2012/12/gracias.jpg" width="220" align="left" hspace="12" vspace="5" /><strong>2. GRACIAS</strong> por lo bien que me lo paso preparando clases para ti. Quizás a veces no se nota, por lo aburrido que me hago, o porque no me dio tiempo a hilar todo tanto como me habría gustado&#8230; o porque —reconozcámoslo— la desamortización de Mendizábal  no se encuentra hoy entre tus diez mayores preocupaciones —¡y bien que haces!—. Pero de veras que disfruto con mi trabajo, buscando cada recurso, aventurando cada idea, imaginándome la noche anterior cómo lograr explicártelo mejor al día siguiente. No te lo cuento como muestra de mi sacrificio por ti. Te lo cuento por lo mucho que me divierte y me llena.</p>
<p><strong>3. GRACIAS</strong> por darme razones para creer en el mañana. Porque cada vez que te veo sentado frente a mí, sonriente, expectante, nerviosa, preocupado, buscador, divertido, agobiada, esperanzado… me recuerdas que hay porvenir. Que el futuro está habitado. Que vale la pena levantarse cada día para luchar por un mundo mejor, un mundo que legarte en herencia de ternura, un mundo para todos: un mundo que construir juntos, con menos tarimas y pupitres, con más lazos entretejidos en una red que se extiende por la Tierra entera y se eleva sin remedio hasta el Cielo.</p>
<p><strong>4. GRACIAS</strong> por confiar en mí como tutor, quizá solo un poquito, ¿quizá algo más? Aunque no siempre acierte a la hora de acompañarte. Aunque meta la pata. Aunque en alguna ocasión invada demasiado tu espacio y me veas hasta en la sopa. Aunque a veces no sepa transmitirte con todo mi cariño, con mi sonrisa más abierta, que me importas, que te tengo presente, que eres alguien para mí y para todos los que entramos en esta clase con la misión de educarte, de acompañarte en tu crecer, de hacernos mejores en nuestro ayudarte a hacerte mejor.</p>
<p><strong>5. GRACIAS</strong> porque me dedico a la enseñanza y, sin embargo, a tu lado no dejo de aprender. Es la mejor paradoja del educador: cuanto más enseña, más se da cuenta de lo poco que sabe. Gracias por educarme en la comprensión, en el cariño, en la disponibilidad, en la escucha. Gracias por recordarme cada día que elegí esta profesión para servir, no para ser servido, y para servirte a ti, no solo como alguien perdido en medio de una masa irreconocible y anónima de alumnos; sino como una persona especial, única, llena de Dios y de futuros.</p>
<p><strong>6. GRACIAS</strong> por los momentos de oración al empezar la mañana. Y por tus preguntas a destiempo llenas de curiosidad. Gracias por interrumpir de cuando en cuando la monotonía. Gracias por tus protestas con cara de niño chico. Gracias por tus silencios. Gracias por lo que haces en lo escondido para que la clase sea mejor. Gracias por tu sonrisa y por saludarme con afecto al empezar el día —no sabes cuánto se agradece—. Gracias por protestar sin acritud. Gracias por pensar en los otros. Gracias por lo bien que nos lo pasamos. <img alt="" src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2012/12/uvas.jpg" width="230" align="right" hspace="12" vspace="7" />Gracias por lo bueno y lo que está llamado a ser mejor. Gracias por ser estrella, no fugaz, estrella de las que dan vida y hacen hogar con su calor. Gracias por recordarme cada día que <a href="http://alexsegrelles.marianistas.org/la-uva-esta-hecha-de-vino" target="_blank">la uva está hecha de vino</a>.</p>
<p><strong>7. GRACIAS</strong> porque me ayudas a rezar y me das motivos para acercarme al Buen Padre. Gracias por los ratitos que paso, al filo del amanecer, cuando todavía no se ha despertado la ciudad, rezando junto a T. por ti, por la clase, por vuestras preocupaciones, por vuestros desafíos, por todo lo que empaña vuestra mirada de lágrimas, por todo lo que hacer arder vuestro corazón a fuego crepitante. Gracias por acercarme al Dios de los sencillos, que se acerca a nuestra historia, una Navidad más, para quedarse con nosotros. Contigo.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Es veinticinco</title>
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		<pubDate>Mon, 24 Sep 2012 23:00:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Álex</dc:creator>
				<category><![CDATA[Amar]]></category>
		<category><![CDATA[Dejarnos amar]]></category>
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		<category><![CDATA[tiempo]]></category>

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		<description><![CDATA[Amarte bastante, amarte mucho, es aún amar poquito, con las pocas canas de los veintiocho y los demasiados desiertos del todavía, las arenas que nos beberemos luego. No siempre llegué a tiempo, es cierto: no siempre alcancé tu vuelo, tu anhelo, tu cielo. Mi consuelo es la indulgencia de tus párpados y este rabiosamente desear [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2012/09/de2en2.jpg" alt="" width="212" align="right" />Amarte bastante, amarte mucho,<br />
es aún amar poquito,<br />
con las pocas canas de los veintiocho<br />
y los demasiados desiertos del todavía,<br />
las arenas que nos beberemos luego.</p>
<p>No siempre llegué a tiempo,<br />
es cierto: no siempre alcancé<br />
tu vuelo, tu anhelo, tu cielo.<br />
Mi consuelo<br />
es la indulgencia de tus párpados<br />
y este rabiosamente desear<br />
que mi savia inunde tal vez<br />
ese contoneo que se traen<br />
tus hojas de palmera con el viento.</p>
<p>Sin embargo, bella,<br />
ni <em>tres años no es nada</em> ni <em>marchita la frente</em>.<br />
Febril la mirada y alma aferrada,<br />
rendido a tu risa, ovillado a tu vera,<br />
te espero mañana al filo del tiempo,<br />
por ejemplo,<br />
para celebrar un cumpleaños cualquiera:<br />
tres años y un día<br />
o vete a saber.</p>
<p>Al fin y al cabo, la manecilla gira sola<br />
entre sirocos y oasis<br />
todos los días, todos los minutos.<br />
Y si esta la conmemoro, permíteme,<br />
es solo porque me recuerda<br />
que no puedo perder otro segundo<br />
sin adorar el misterio del Amor grande<br />
que tuvo para ti el que mucho me amó<br />
para que pudiera, siquiera,<br />
amarte bastante<br />
o solo un poquito<br />
y desbordarme.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Empezar de nuevo</title>
		<link>http://alexsegrelles.marianistas.org/empezar-de-nuevo</link>
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		<pubDate>Thu, 22 Dec 2011 22:15:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Álex</dc:creator>
				<category><![CDATA[Arriesgarnos]]></category>
		<category><![CDATA[Confiar]]></category>
		<category><![CDATA[Volver a empezar]]></category>
		<category><![CDATA[Adviento]]></category>
		<category><![CDATA[cine]]></category>
		<category><![CDATA[discernimiento personal]]></category>
		<category><![CDATA[encrucijadas]]></category>
		<category><![CDATA[Jesús]]></category>
		<category><![CDATA[lo grande y lo pequeño]]></category>
		<category><![CDATA[mis vídeos]]></category>
		<category><![CDATA[Navidad]]></category>
		<category><![CDATA[nunca es tarde]]></category>
		<category><![CDATA[pastoral]]></category>
		<category><![CDATA[preguntas esenciales]]></category>
		<category><![CDATA[vídeos]]></category>

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		<description><![CDATA[Quizá no nos habían dicho lo bastante que, detrás de cada rincón, la vida puede, sencillamente, volver a empezar&#8230; Montaje de elaboración propia a partir de una escena de la película «El curioso caso de Benjamin Button» &#160; ¡Feliz recién nacer! ¡Él vendrá y nos salvará! &#160;]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/12/im-posible.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-887" title="im-posible" src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/12/im-posible.png" alt="" width="508" height="150" /></a></p>
<p style="text-align: center;">Quizá no nos habían dicho lo bastante<br />
que, detrás de cada rincón,<br />
la vida puede, sencillamente,<br />
volver a empezar&#8230;</p>
<p align="center"><iframe src="http://www.youtube.com/embed/eHDUQpnsTV0" frameborder="0" width="508" height="315"></iframe><br />
<span style="font-size: 8pt; font-family: Trebuchet MS,Georgia,Times New Roman,serif; color: #6f6868;">Montaje de elaboración propia a partir de una escena de la película<br />
«El curioso caso de Benjamin Button»</span></p>
<p align="center"><a href="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/12/pesebre.png"><img title="pesebre" src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/12/pesebre.png" alt="" width="300" align="right" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><span style="font-size: 15pt; color: #6f6868; font-family: Trebuchet MS,Georgia,Times New Roman,serif;">¡Feliz recién nacer!</span></p>
<p align="center"><span style="font-size: 15pt; color: #6f6868; font-family: Trebuchet MS,Georgia,Times New Roman,serif;">¡Él vendrá<br />
y nos salvará!</span></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Kutukutu o kalashnikov</title>
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		<pubDate>Wed, 29 Jun 2011 15:51:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Álex</dc:creator>
				<category><![CDATA[Soñar una tierra nueva]]></category>
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		<description><![CDATA[Carta desde el este de Centroáfrica, tierra devastada por la violencia cruel del LRA y, a pesar de todo, país de la esperanza.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p align="center"><img alt="" src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/06/fusil-juguete-mboki.jpg" width="508" /></p>
<p>Los juguetes de los niños centroafricanos son verdaderos prodigios de la ingeniería doméstica. A falta de todo ―literalmente: <em>de todo</em>―, buenos son unos cuantos desechos y la inagotable imaginación de los más pequeños para conseguir la diversión que en otras latitudes ya solo sabemos comprar a golpe de tarjeta. Mirad, por ejemplo, los <em>kutukutu</em> que se arrastran por doquier sobre la tierra rojiza de Bangassou. <a href="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/06/kutukutu.jpg"><img alt="" src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/06/kutukutu.jpg" width="220" align="right" hspace="11" vspace="6" /></a>Eran viejas suelas de sandalia, latas de sardinas ya consumidas, pedazos de chapa y alambres inservibles, ramas de bambú arrancadas a la orilla del río. Hábiles y cuidadosas manos los han renacido en admirables cochecitos, dotados tantas veces del más completo equipamiento: un ingenioso sistema de suspensión a las cuatro ruedas, puertas de apertura silenciosa que permiten apreciar hasta los más sutiles detalles del salpicadero y ―he aquí la mayor genialidad― un tambor oculto bajo la carrocería que, asociado al giro de las ruedas y rozado por un mondadientes, logra remedar el runrún de un motor cuando el orgulloso propietario tira del vehículo calle abajo. No faltan, por supuesto, los grandes camiones de ronca garganta, al estilo de los que nos llegan, desde Bangui o desde la ribera congolesa, cargados de mercancías… y de personas llevadas como mercancías. O las excavadoras teledirigidas mediante hilos de marioneta, que quizá sueñan con encontrar adoquines al remover la arena de playa.</p>
<p align="center"><a href="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/06/collage-kutukutu.jpg"><img title="Coches de juguete fabricados por los niños de Bangassou" alt="" src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/06/collage-kutukutu.jpg" width="508" /></a></p>
<p>Más al este, camino de la frontera con Sudán del Sur, también vimos entre las manos de los niños muchos juguetes creados de la nada. Los <em>kutukutu</em>, eso sí, no nos parecieron allá tan abundantes como los gorros de camuflaje, las pistolas de madera o las imitaciones de <em>kalashnikov</em>. En los sueños de cada pequeño, el reflejo de la vida adulta que aguarda y seduce, tramposa tantas veces, a la vuelta de la esquina.</p>
<p align="center"><img alt="" src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/themes/connections/img/divider.gif" /></p>
<p><a href="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/06/mboki-juguetes.jpg"><img title="Niños a las puertas de la iglesia de Mboki, con sus juguetes" alt="" src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/06/mboki-juguetes.jpg" width="260" align="left" hspace="11" vspace="7" /></a>El oriente de la República Centroafricana, de nuestra diócesis de Bangassou, es tierra cargada de pólvora porque así lo quiere el Ejército de Liberación del Señor (LRA), nombre triplemente contradictorio de un grupo de fanáticos ugandeses que, liderado por Joseph Kony, ha hecho del pillaje, la razzia y el crimen sin piedad su forma de vida. Agazapados en las selvas, luchadores de nadie sabe qué causa, protagonistas de ningún telediario nuestro, vagan entre las fronteras gelatinosas del corazón de África sembrando el terror entre los más indefensos, aprovechándose de la mirada impasible de la comunidad internacional y añadiendo eslabones a una cadena de destrucción que nadie consigue romper. Para subsistir en su huida hacia delante, saquean brutalmente las aldeas. Para poder sostener sus efímeros campamentos, echan abajo lo poco que las gentes habían podido levantar a lo largo de su existencia. Para transportar el botín manchado de sangre, secuestran a familias enteras, a las que abandonan después en medio de la nada, tal vez con vida. Para permanecer bien atendidos, esclavizan a las niñas, y las convierten en sus cocineras, sus sirvientas y sus juguetes de usar y tirar. Para asegurar el futuro del movimiento, se llevan también a los niños, les ponen entre las manos un <em>kalashnikov</em> que ya no es de madera, y les roban para siempre el sencillo derecho a construirse un <em>kutukutu</em> y una vida en el amor.</p>
<p>A lo largo del eje carretero entre Rafaï y Obo, los <em>tongo-tongo </em>―así se conoce popularmente a los miembros del LRA― nos parecieron insustituibles en la mayoría de las conversaciones. Los ecos aterradores del último ataque se entremezclaban con rumores de todos los pelajes, transmitidos a velocidad de crucero por el <a href="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/06/nina-mboki.jpg"><img alt="" src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/06/nina-mboki.jpg" width="275" align="right" hspace="11" vspace="7" /></a>virus del miedo y portadores, en el fondo, de las preguntas que acechan a todos sin descanso: «¿cuándo será el siguiente?, ¿cuándo nos tocará a nosotros?». La más radical incertidumbre, el temor a un amanecer desgarrado por los disparos, la conciencia de un mañana que quizá no será, se han enseñoreado ya de estas tierras.</p>
<p>Entretanto, el incesante ir y venir de convoyes militares ugandeses provoca murmullo y despierta las miradas más hostiles. Los soldados ugandeses, enviados para pacificar la zona, son acusados por gran parte de la población local de colaborar ―o, al menos, contemporizar― con sus compatriotas <em>tongo-tongo</em>. Idénticos comentarios suscitan los peul, pueblo nómada dedicado a la ganadería trashumante; conocedor como ninguno de los secretos del bosque y la sabana; y, para no pocos, proveedor privilegiado de la milicia rebelde. Así lo escuchamos repetidamente, por mucho que se haya demostrado que los peul padecen igualmente los ataques indiscriminados del LRA. Cuando falta la paz, se alzan las barreras del recelo, crece el miedo al diferente y se pierde sin remedio la confianza en la bondad que habita lo más profundo de todo ser humano, venga de donde venga.</p>
<p>Los niños, a su vez, miran, escuchan y aprenden. En clase de Sexto ―aquí, los más pequeños de la Secundaria― pregunté una vez a cada alumno por un sueño para su porvenir. Muchos no entendieron a la primera ―¡bien raro habla este europeo, la verdad!―. A la segunda, entre los procedentes del este de la diócesis, la mayoría respondió sin dudar: poder matar a un <em>tongo-tongo</em> era lo más grande a lo que podían aspirar a sus doce o trece años de vida.</p>
<p align="center"><a href="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/06/campo-refugiados-zemio.jpg"><img title="Campo de refugiados congoleses en Zémio" alt="" src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/06/campo-refugiados-zemio.jpg" width="508" /></a></p>
<p>Los pocos informes que denuncian esta tragedia aseguran que ya son más de quince mil los desplazados en territorio centroafricano por la violencia del LRA. Un tercio de ellos ―mayoritariamente congoleses― se concentran en la villa de Zémio, precioso enclave en la frontera con el antiguo Zaire que ha visto súbitamente duplicada su población en los últimos tiempos. El campo de refugiados, mar de plástico y paja, constituye, en verdad, una nueva ciudad instalada de golpe y sin preaviso junto a la antigua. En ella tratan de echar raíces los que sus raíces han visto de cuajo arrancadas.</p>
<p>En Zémio ha desembarcado ya una legión de organismos internacionales, cada cual luciendo bandera en sus flamantes todoterrenos y en sus fincas blindadas por vigilancia 24 horas e imponente alambrada de espino. Con más discreción y mucho menos presupuesto, tres hermanas franciscanas consagran al pueblo de Zémio ―al viejo y al nuevo― <a href="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/06/colegio-zemio.jpg"><img title="Escuela primaria católica de Zémio" alt="" src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/06/colegio-zemio.jpg" width="300" align="right" hspace="11" vspace="9" /></a>no unos meses, sino su vida entera; mantienen abiertas las puertas de su casa para todo aquel que necesite un oído atento; pasean por los barrios y conocen sinceramente su palpitar; sostienen una preciosa escuela primaria y cuatro jardines de infancia; enseñan costura y otras artes; gestionan modélicamente una farmacia de proximidad; cuidan de la salud de muchos enfermos y ancianos; pelean por llevar la comunión hasta donde sea necesario&#8230; Y, además, sonríen mucho.</p>
<p>A Sor Georgina, superiora de la comunidad y directora de la escuela, su pequeña estatura no le ha impedido ganarse el profundo respeto de las familias de Zémio. Capaz de montarse una y otra vez en una moto para llegar hasta las capillas más abandonadas de la parroquia ―a través de las mismas carreteras de alto riesgo por las que los enviados del ACNUR o de Médicos Sin Fronteras se niegan a transitar―, esta hermana peruana de firme determinación se opuso fieramente a cerrar su escuela cuando, el año pasado, los rumores apuntaban con insistencia a que los <em>tongo-tongo</em> se hallaban en las inmediaciones de la ciudad, preparados para devastarla en cualquier momento. Entonces dio libertad a maestros y alumnos para marcharse, pero mantuvo abiertas las puertas. <a href="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/06/nino-obo.jpg"><img alt="" src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/06/nino-obo.jpg" width="290" align="left" hspace="11" vspace="7" /></a>El miedo de la gente, en principio reacia a permanecer, fue dando paso al coraje y al espíritu de resistencia. Al final, mientras la escuela pública quedó paralizada durante tres meses sin que se cumpliera amenaza alguna, en el colegio de la misión el curso acabó en fiesta.</p>
<p>Entre Zémio y Obo son pocos los poblados que quedan en pie y habitados como antaño. Al surcarlos a gran velocidad, confortablemente sentados en un todoterreno, rompiendo el silencio de sus techos caídos y sus lumbres abandonadas, sentimos quizá que traicionamos su memoria; que los violentamos ―¿lo estaremos haciendo también con estas palabras?― desde nuestra mirada chiquita, acomodada y sedienta de extraordinarios; que pasamos demasiado deprisa por lugares cuya historia merecería ser contada despacio, escuchada con el máximo respeto y acogida con un corazón silencioso abierto de par en par.</p>
<p>Obo, capital prefectoral, la última gran población antes de la frontera con Sudán del Sur, es un hermoso enclave en tierras de sabana cuyo apacible silencio, cuyo acogedor carácter, enmascaran meses y meses de sufrimiento y zozobra. Atacada varias veces por comandos del LRA, saqueada sin piedad, desheredada en la ausencia de tantos niños secuestrados y nunca liberados, la ciudad cobija hoy varios campos de refugiados. Son, en su mayoría, centroafricanos de los alrededores, expulsados de sus aldeas de siempre, alejados de las huertas que les proporcionaban antaño el sustento diario, condenados a vivir de los polémicos repartos de víveres pilotados por los organismos internacionales. En su testimonio, un patrón común: ya no les queda valor para salir de los contornos de Obo y volver a las tierras de labranza, allá donde los <em>tongo-tongo</em> aparecen de improviso y se aprovechan con toda crueldad de la vulnerable desnudez de los más pobres.</p>
<p align="center"><a href="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/06/campo-refugiados-obo.jpg"><img title="Campo de refugiados de Obo" alt="" src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/06/campo-refugiados-obo.jpg" width="508" /></a></p>
<p>No es fácil que lo cotidiano y lo necesario puedan abrirse paso entre el continuo temor y el implacable sobresalto. Obo acaba de perder a su médico, al conductor que lo acompañaba y varios millones de francos en vacunas para los niños. El coche fue asaltado y hecho pasto de las llamas hace pocas semanas, en algún lugar sobre la imprevisible ruta entre Rafaï y Zémio. ¿Quién se atreverá a ocupar su puesto? La sanidad, la educación y los servicios esenciales se resienten cuando vivir mañana no es siempre una esperanza plausible.</p>
<p>Era Lunes de Pascua cuando visitamos el instituto público de Obo. Día de fiesta, pero las clases permanecían abiertas porque no debe de quedar dinero ni para cerraduras. Las pizarras guardaban todavía el recuerdo de la última clase, antes de Semana Santa. La luz entraba por los ventanucos y dejaba al descubierto las paredes desconchadas, el cemento levantado, las telarañas por doquier. A falta de otra decoración, los grafitis de los jóvenes arañando muescas al tiempo: <em>Dios</em>, <em>Messi</em>, <em>Ronaldinho</em>. Que será, para no pocos, casi lo mismo.</p>
<p align="center"><a href="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/06/instituto-publico-obo.jpg"><img title="Una clase del instituto público de Obo" alt="" src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/06/instituto-publico-obo.jpg" width="360" /></a></p>
<p>En una de las aulas, faltando los bancos, el suelo que sirve a los alumnos de gélido pupitre resultaba provisionalmente ocupado por una cabra parturienta. Imagen de desolación sin paliativos que, sin embargo, nos habló de los muros y no de los corazones. En efecto, a los mismos jóvenes que padecen tamaña falta de dignidad nos los habíamos encontrado un día antes en la hermosa explanada abierta ante la iglesia parroquial de Obo, junto al soberbio árbol de mango que da la bienvenida a la Misión Católica. Era Domingo de Resurrección. Se hacía fiesta. Se celebraba la vida. En corro, pequeños y adolescentes, niños y niñas, cantaban, daban palmas y bailaban por parejas el <em>anarumbaté</em> ―chocando rítmicamente los pies y buscando confundir al otro―, moviéndose graciosamente entre la inocencia y la sensualidad. Palmas, golpes de silbato, cautivadores sones de tambor, movimiento impecable de caderas, pies descalzos sobre la tierra, mirada al filo del cielo, cantos y danzas sin fin. Asistimos admirados al pundonor de un pueblo sufriente aferrado con júbilo al bien que tendrá la última palabra, a la fiesta de una humanidad que puede caminar en alegría, a la necesidad de sentirse todavía vivo y también resucitado.</p>
<p>En su lengua zande, el saludo entre dos personas que se encuentran es: «¿Dios está?». Se responde asintiendo: «Dios está».</p>
<p><a href="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/06/ofrendas-obo.jpg"><img alt="" src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/06/ofrendas-obo.jpg" width="262" align="right" hspace="11" vspace="7" /></a>Nos marchamos de Obo entre los agradecimientos de quienes sencillamente merecían el nuestro. Los que nada tenían llenaron nuestro maletero de piñas, arroz y cacahuetes, en ofrenda de generosidad. Un profesor nos llevó hasta su huerto, nos lo mostró orgulloso, recogió para nosotros coles y pimientos, y nos los tendió gratuitamente con su mejor sonrisa, quizá sin saber que llevábamos meses sin comer estas verduras, para nosotros ahora un verdadero manjar. Dimos gracias entonces por todos los que permanecen al lado de este pueblo no unos días de cómoda visita, sino toda una vida, luchando por que los <em>kutukutu </em>de juguete vuelvan a ganar terreno a los <em>kalashnikov</em> en los sueños de los niños, creyendo que el este ve antes el ocaso solo porque mañana le amanecerá la vida a él primero.</p>
<p align="center"><img alt="" src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/themes/connections/img/divider.gif" /></p>
<p align="left"><img alt="" src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/themes/connections/img/motivo.jpg" align="left" hspace="10" vspace="3" /><span style="font-size: 9pt; color: #6f6868; font-family: Trebuchet MS,Georgia,Times New Roman,serif;">PARA CONOCER MÁS SOBRE LAS VIOLACIONES A LOS DERECHOS HUMANOS COMETIDAS POR EL LRA EN LA REPÚBLICA CENTROAFRICANA…</span></p>
<p><span style="font-size: 8pt; color: #6f6868; font-family: Trebuchet MS,Georgia,Times New Roman,serif;"><strong>»</strong><strong> Mons. Juan José Aguirre</strong>, obispo de Bangassou, lleva varios años denunciando las atrocidades cometidas por el LRA en los territorios de su diócesis. Estos dos artículos ponen rostro a la tragedia y muestran cómo, a pesar del abandono de las autoridades públicas, una presencia de amor es capaz de traer la esperanza: <a href="http://blogs.periodistadigital.com/religiondigital.php/2010/02/11/p263497" target="_blank"><strong>«Marlene, escapada del infierno»</strong></a> y <a href="http://blogs.periodistadigital.com/religiondigital.php/2010/03/29/ultimo-ataque-de-la-lra-a-rafai" target="_blank"><strong>«Último ataque de la LRA a Rafaï»</strong></a>.</span></p>
<p><span style="font-size: 8pt; color: #6f6868; font-family: Trebuchet MS,Georgia,Times New Roman,serif;"><strong>»</strong><strong> El proyecto «Enough!» contra el genocidio y los crímenes contra la humanidad</strong> presentó en junio de 2010 un completo informe, nutrido de testimonios directos y estadísticas fiables, sobre la destrucción causada por el LRA en el este de la República Centroafricana. Se puede consultar (en inglés) <a href="http://www.enoughproject.org/publications/heels-of-joseph-kony-commander-of-lords-resistance-army" target="_blank"><strong>pinchando aquí</strong></a>.</span></p>
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		<title>Una mirada en silencio</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Apr 2011 09:26:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Álex</dc:creator>
				<category><![CDATA[Comprender]]></category>
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		<description><![CDATA[¿Será tal vez inevitable? Tú, que llegaste como cooperante a África con tu batería de humildades cortada a medida, no puedes en tantas ocasiones resistirte...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p align="center"><img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/04/mirada.jpg" width="508" /></p>
<p>¿Será tal vez inevitable? Tú, que llegaste como cooperante a África con tu batería de humildades cortada a medida, no puedes en tantas ocasiones resistirte: caer en la tentación que te acompaña sin descanso porque eres quien eres y viniste de donde viniste. Mira que lo habías dicho demasiado, repitiéndolo como un estribillo machacón para intentar grabarlo a fuego en lo más hondo: <em>estamos para «dejarnos hacer»</em>, <em>somos presencias humildes</em>, <em>antes escuchar y empaparnos que aspirar a enseñar</em>, <em>acojamos todo como un don y una oportunidad de encuentro</em>… Sin embargo, tu fragilidad se impone, a veces de viva voz; otras, en lo secreto, allá donde las buenas palabras que aprendiste un día a pronunciar se desprenden de todos los adornos y se muestran menos perfectas, más crudas, en profunda lucha.</p>
<p><a href="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/04/mano-tierra.jpg"><img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/04/mano-tierra.jpg" width="300" align="right" hspace="12" vspace="8" /></a>Me refiero a <strong>la humildad buscada y tantas veces perdida</strong>. A los juicios severos y los estereotipos que ganan raíces bien adentro. A las miradas menos misericordiosas y al cariño que por algún frente descuidaste. A <strong>los esquemas que no se rompen</strong>, que no dejan paso a una manera diferente de mirar la vida y exigen, por el contrario, que las cosas se amolden a lo que uno está preparado para asimilar. A las lecciones que, de cuando en cuando, te gusta dar. A las soluciones exprés que fabricas a vuelapluma sin apenas conocer la trama vital que te rodea y que lleva tiempo tejiéndose sin ti ―¡y sin echarte de menos!―. A tu creer, aun no queriéndolo, que eres tú quien viene del lado bueno de la historia… <em>y que los demás se suban al carro si quieren</em>. A ese no saber leer entre líneas cuando experimentas el rechazo, la incomprensión o, sencillamente, la constante evidencia de que eres <em>el diferente</em>, el extranjero: aquí, el que es demasiado y, al mismo tiempo, no podrá nunca llegar a <em>ser</em> del todo.</p>
<p>Entonces sabes que quisiste ir un poco deprisa y creíste estar seguro de demasiadas cosas. Porque ¡qué difícil para este soldado aprender a poner <em>corazón a tierra</em>! <strong>¡Qué dura la batalla que se libra en tus ojos, más acostumbrados a la valoración, al escrutinio, que a la sencilla contemplación!</strong> ¡Cuánta batería de mortero somos capaces de desplegar ―en lo visible o en lo invisible, con la palabra dicha o pensada― ante aquellas realidades que nos confunden, que nos trastocan las convicciones, que nos rompen por dentro! <strong>Qué complicado se vuelve, <a href="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/04/sandalias-tierra.jpg"><img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/04/sandalias-tierra.jpg" width="298" align="left" hspace="11" vspace="13" /></a>por el contrario, reconocernos superados, pobremente desbaratados</strong>… y ricamente llamados, por tanto, a traspasar las fronteras de nuestros mundos estrechos. A salir al encuentro de lo distinto, donde el Amor también ―y, quizá, sobre todo― nos espera desde antiguo.</p>
<p>Así, <strong>¿cómo educar a nuestra mirada para que, posada en el otro y en <em>lo otro</em>, se vuelva abrazo tierno antes que juicio, evaluación o enmienda?</strong> ¿Cómo grabar a fuego en lo más hondo la certeza de que todo encuentro nace abierto al misterio de lo eterno y, por tanto, se encamina a un infinito mucho más grande que el campo de visión de nuestros pequeños anteojos? ¡A veces cuesta tanto!: esa mayoría de alumnos que nunca hace los deberes y parece desconectada de todo lo que intentas hacer por ella, la gente que se llega sin descanso a tu casa para pedir y más pedir, la crueldad con la que tantas veces son tratados los más sufrientes en un rincón del mundo donde la pobreza apenas deja espacio a las ternuras… Pero, a pesar de todo, ¿de cuánto equipaje inútil habré de desprenderme para poder mostrar a todos mis brazos y mi alma ―tan pobres y egoístas también― verdaderamente disponibles? Definitivamente creo que, en este tiempo de refrescante desierto, el corazón de África me llama más que nunca a intentar cumplir con el consejo que tantos misioneros han recibido en su camino hacia tierra extranjera: <strong>«si llegaste el último, ante todo, <em>ver, oír y callar</em>»</strong>.</p>
<p align="center"><a href="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/04/vista-de-nzacko.jpg"><img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/04/vista-de-nzacko.jpg" width="508" /></a></p>
<p>Suena duro, pero es lúcido. ¿Implica renunciar a la lucha? En todo caso, a aquella que nace de tu pobreza, de tu limitación, de tu ansiedad, de tu sed de reconocimiento… aún necesitadas de hacer camino junto a quien te acoge, con cuyo amor y cuya espera todavía no te has encontrado. <em>Ver, oír y callar</em>, entonces, para que el corazón no se llene enseguida de demasiadas imágenes dibujadas a tu medida o de demasiadas palabras inútiles. <strong><em>Ver, oír y callar</em> para que el otro pueda escuchar de verdad su voz en tus entrañas, sentirse bienvenido a tu vida desde lo que es y lo que te puede dar</strong>. <em>Ver, oír y callar</em> para recordarte sin descanso que todo puede volverse sorpresa y milagro cuando tú dejas de creerte el maestro de ceremonias.<em> Ver, oír y callar</em>, en fin, para que este pasar por la historia no se convierta en mera caja de resonancia de mis búsquedas chiquitas; sino en eco de un Amor más grande que brota por doquier, que nos habita desde siempre y que puede liberarnos para siempre.</p>
<p><em>Ver, oír y callar</em>.</p>
<p>O, aun mejor, <em>mirar,</em> <em>escuchar y hacer silencio</em>…</p>
<p style="text-align: center;"><font STYLE="font-size:12pt"><strong>VER (MIRAR)</strong></font></p>
<p><span style="color: #6f6868;">Abrir los ojos. Abrirlos de verdad. Abrirlos también a lo que no te es propio. Salir de la casa donde te sientes en seguro bastión, de las compañías con las que ya sabes moverte, de las comodidades que vuelven cercano el hogar lejano. Pasear las calles, salir a los barrios, comprar a las mamás la fruta, embriagarte de olores. Mirar a los que otros solo ven y casi nadie se acerca. Prepararles la mejor sonrisa y una caricia en la mejilla. Contemplar la belleza de este país sosegado y vitamínico: la tierra ocre de los caminos sin asfalto, los árboles alzados con desmesura, los mangos brotando por doquier, el ocaso que incendia el horizonte. Mirar y <em>ad-mirar</em>.</span></p>
<p><a href="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/04/en-el-mercado.jpg"><img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/04/en-el-mercado.jpg" width="277" align="right" hspace="12" vspace="8" /></a>Fue así, quizás, como descubrimos ―lo sabíamos, pero hacía falta <em>verlo</em>― que <strong>Ibrahim pasa sus tardes deambulando de aquí para allá con una garrafa de vino de palma</strong> para su venta. O que, en el mercado vespertino de Tokoyo, el pequeño Younouss alterna en su bandeja los jabones y las cerillas mientras trata de abrirse paso entre los recovecos del bullicio por dos o tres monedas. O que Alice pone siempre a nuestra disposición buenos panes de trigo; el puesto abierto, por mucho que en ocasiones la cruel malaria le quite las ganas, hasta que caiga la noche. Cuando todos volverán a su casa, donde a oscuras dirán adiós a otro día de duro trabajo.</p>
<p><em>He ahí nuestros alumnos, que casi nunca hacen los deberes.</em></p>
<p style="text-align: center;"><font STYLE="font-size:12pt"><strong>OÍR (ESCUCHAR)</strong></font></p>
<p><span style="color: #6f6868;">Antes de hablar. Antes incluso de creer que tienes algo importante que decir. Escuchar a las gentes, escuchar en sus miradas y en sus gestos, en su protestar y en su bromear, en su pedir y en su dar, en su despreciarte o en su darte la bienvenida. Aprender la lengua que te solicita y te busca a diestro y siniestro, aquella que hace de verdad palpitar el corazón de este pueblo. Entrar en la lógica de un idioma hermoso donde <em>centro</em> se dice <em>corazón</em> y el corazón está en el centro de la vida: el corazón que duele, el corazón <a href="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/04/en-el-mercado-de-nzacko.jpg"><img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/04/en-el-mercado-de-nzacko.jpg" width="285" align="left" hspace="12" vspace="10" /></a>que está dulce, el corazón que golpea, el corazón que se hace uno con otro corazón. Acoger con sorpresa la incesante retahíla de cantos, bailes, palmas y tambores que nos acompaña a todas horas y que celebra con gozo esta existencia en medio de tantas ausencias, de tantas traiciones al don mismo de la vida. Escuchar… y guardar cada palabra como importante, como testimonio del caminar del otro que se entrecruza, siquiera un momento, con el nuestro.</span></p>
<p>Fue así, tal vez, como pudimos entender <strong>los gritos de Émilienne, cuando nos abordó súbitamente en la cárcel</strong> a sabiendas de que la Misión Católica trata de liberar, de cuidar y de guardar en lugar seguro a quienes, por su frágil situación, sirven como chivos expiatorios de la ira colectiva: <a href="http://alexsegrelles.marianistas.org/renglones-borrados-de-la-historia" target="_blank" title="Leer «Los renglones borrados de la historia»">los que son acusados de brujería, linchados en los barrios, encerrados en la pestilente e inhumana prisión local sin derecho a defenderse</a>. Émilienne era una más: acababa de llegar y protestaba vehementemente, tratando de llamar nuestra atención. Pedía la liberación, pero no se preocupaba por la suya. Junto a ella había llegado Madeleine, <a href="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/04/con-las-mujeres-mas-sufrientes.jpg"><img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/04/con-las-mujeres-mas-sufrientes.jpg" width="290" align="right" hspace="12" vspace="12" /></a>ya anciana, con evidentes signos de desnutrición y las heridas de la brutal paliza aún supurando en sus entrañas…</p>
<p>«¡Es a ella a quien tenéis que sacar! ¡A ella primero! ¡Lo necesita!», repetía, sorprendiéndonos y alertándonos al tiempo. Se hacía así voz de quien ya no podía articular palabra, de quien apenas se atrevía a mostrar su rostro y prefería esconderse de todo y de todos dentro del mísero habitáculo en el que había quedado confinada. Y sí: también Émilienne había sido acusada de brujería, también a ella la habían apresado las cadenas de la injusticia, también tenía derecho a buscar su vía de escape… pero, en este pedacito de mundo donde tantas veces sobrevivir ya es un premio, quiso invertir todas sus energías en asegurarse de que, en cualquier caso, sería otra, otra que lo necesitaba más, quien saldría primero. Quien saldría, seguramente, sin que nadie más pudiera acompañarla.</p>
<p><em>He ahí las peticiones que nos desbordan, rompiendo tantas veces las lógicas del «sálvese quien pueda», desnudando nuestro egoísmo y vistiéndolo de dignidad.</em></p>
<p style="text-align: center;"><font STYLE="font-size:12pt"><strong>CALLAR (HACER SILENCIO)</strong></font></p>
<p><span style="color: #6f6868;">No buscar demasiadas palabras propias para explicar lo que todavía te es, de algún modo, ajeno. No traicionar con tus lenguajes <em>made-in-Europe</em> tantas sutilezas, tantos matices, tantos movimientos de la vida&#8230; para cuya comprensión sigues preparándote en lo profundo. Elegir no responder a la ofensa, porque es más profético acogerla con una sonrisa tierna y misericordiosa. Decidir no proponer demasiado, no comentar demasiado, no sugerir demasiado, no trazar demasiados planes… para aprender dentro de ti que aquí son otros los que saben, los que conocen, los que pueden. Para recordarte que primero has de hacer camino con ellos. <a href="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/04/caminando-por-la-selva.jpg"><img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/04/caminando-por-la-selva.jpg" width="300" align="left" hspace="12" vspace="9" /></a>Intentar, entonces, guardar todo en tu corazón, apartarlo del fragor de la batalla para darle la oportunidad de crecer al calor del fuego lento, donde Otro siempre le da mejores sentidos…</span></p>
<p>Mientras yo sigo sin callarme y continúo escribiendo esta carta, cómodamente sentado frente a la pantalla —noche oscura, lluvia fina, pueblo durmiente—, <em>ella</em> estará arrancando su todoterreno para atravesar, por última vez en el día de hoy, los caminos tortuosos de mucho barro y ninguna farola que separan su comunidad del hospital diocesano. Le aguardan sus más queridos, cuya vida se apaga lentamente entre las garras del sida y muchas soledades. <strong>Va a darles las <em>buenas noches</em>, a rezar con ellos, a tomarlos unos minutos más de la mano</strong>. Al mismo tiempo, otra <em>ella</em> descansa de una larga jornada de entrega a los últimos de esta tierra, a todas las Madeleines cuya piel limpiaron sus manos, cuyo alimento preparó con cariño, cuyas tristezas escuchó con tierna paciencia.</p>
<p>Ellas, que nunca se han preocupado de contarnos nada de esto, de darse la más mínima importancia, no querrían, claro, que dijera su nombre. Ni ellas ni muchos otros que entregan su vida desbordantemente en las Áfricas del mundo ―no un año o dos, sino hasta el final― sin preocuparse de enviar tantas líneas de fina redacción ni de recibir los agradecimientos y parabienes que nos llegan por doquier a los que nada hacemos. Sirven en lo secreto, haciendo silencio en lo íntimo, alimentando sus fuerzas de aquello, de <em>aquellos</em>, de <em>Aquel</em>, que verdaderamente construyen y renuevan.</p>
<p><a href="http://www.antoniomas.com/silencio.htm"><img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/04/silencio.jpg" width="288" align="right" title="Fotografía de Antonio Mas" hspace="10" vspace="6" /></a><em>He ahí el milagro que se hace posible cuando nuestras vanidades, nuestros miedos, nuestras grietas y nuestros fardos se acallan. Cuando nos permitimos, sencillamente, mirar, escuchar y guardar en el corazón. Cuando nos sabemos los últimos entre los últimos, que serán ―ellos― los primeros.</em></p>
<p>Que África siga enseñándonos, entonces, a mirar en silencio.</p>
<p><em>Vengo a ti, hermano. Me costará, tal vez. Pero, desde el primer momento en que se entrecrucen los caminos de nuestros ojos, arderé en deseos de acogerte entero, de rendirte mi abrazo.</em></p>
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		<title>En lo infinito de mi debilidad</title>
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		<pubDate>Wed, 23 Feb 2011 15:36:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Álex</dc:creator>
				<category><![CDATA[Amar]]></category>
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		<description><![CDATA[Cuando la lluvia ya no empape la tierra y se apaguen los frutos de los limoneros; allí, en lo infinito de mi debilidad, pequeño y entero te amaré.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p align="center"><a href="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/02/atardecer-rio-mbomou.jpg"><img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/02/atardecer-rio-mbomou.jpg" alt="" width="508" /></a></p>
<p align="center">Cuando la lluvia ya no empape la tierra<br />
y se apaguen los frutos de los limoneros;<br />
cuando reposen todos los fuegos<br />
y venza a los rescoldos el viento de la noche;<br />
cuando el guarda apague las luces de la feria<br />
y nada sea ciertamente perfecto,<br />
cuando perfectamente todo podría ser más<br />
y empieces a echarme, sin querer, de menos;<br />
allí, <strong>en lo infinito de mi debilidad</strong>,<br />
donde ya no puedo y, sin embargo, crezco,<br />
pequeño y entero te amaré.</p>
<p align="center">Porque no es jamás, menos ahora,<br />
tiempo de sequía o de ausencia,<br />
ni el turno de lo oscuro o del silencio.<br />
Sólo es que las grietas no son pocas:<br />
¡mejor, digo yo, barro que hormigón!<br />
Te confesaré, de todas las maneras,<br />
que es entre los vanos de esta vasija<br />
por donde se cuela el agua fecunda<br />
que encenderá mañana nuevos frutos.<br />
Te desnudo entonces mis rendijas<br />
para que la luz no encuentre obstáculo<br />
y así el fuego siga avivándonos<br />
la bendita dicha de amarnos imperfectos,<br />
frágil y eternamente bienaventurados.</p>
<p align="center"><img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/02/teresa-en-paz.jpg" alt="" width="508" /></p>
<p align="right"><em>No puede ser sino para siempre. Incondicionalmente ojalá.</em></p>
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		<title>Los renglones borrados de la historia</title>
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		<pubDate>Wed, 02 Feb 2011 15:35:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Álex</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mirar con otro enfoque]]></category>
		<category><![CDATA[Servir]]></category>
		<category><![CDATA[Soñar una tierra nueva]]></category>
		<category><![CDATA[Volver a empezar]]></category>
		<category><![CDATA[África]]></category>
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		<category><![CDATA[Bertolt Brecht]]></category>
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		<category><![CDATA[lo grande y lo pequeño]]></category>
		<category><![CDATA[palabras y hechos]]></category>
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		<category><![CDATA[República Centroafricana]]></category>
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		<description><![CDATA[El paisaje centroafricano se llena de "nombres propios": campaña electoral. Pero a nosotros nos conecta con la verdadera historia del mundo un hombre pequeño...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p align="center"><a href="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/02/cartel-carcel-bangassou.jpg"><img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/02/cartel-carcel-bangassou.jpg" alt="" width="508" /></a></p>
<blockquote><p>¿Quién construyo Tebas, la de las siete puertas?<br />
En los libros se mencionan los nombres de los reyes.<br />
¿Acaso los reyes acarrearon las piedras?</p>
<p align="right"><span style="font-size: 8pt;">(BERTOLT BRECHT)</span></p>
</blockquote>
<p>Teresa, a mi lado, me toma el pelo diciéndome que tengo la cabeza llena de nombres propios. Deformación, quizás, de quien se apasionó estudiando la historia del mundo. O, mejor, <em>una cierta</em> historia del mundo.</p>
<p>En las últimas semanas, el paisaje centroafricano se ha llenado también de nombres propios. Tiempo de campaña electoral, baile de candidatos en las camisetas y las gorras que compran los votos de hoy y venden las promesas de siempre. Por los caminos de tierra rojiza circulan de boca en boca los apellidos y las frivolidades de los <em>akota zo</em> ―literalmente, los <em>hombres grandes</em>: los importantes, los potentados, los que tienen dinero, los <a href="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/02/boulevard-bozize-bangassou.jpg"><img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/02/boulevard-bozize-bangassou.jpg" alt="" width="285" align="left" hspace="12" vspace="8" /></a>facilitadores de apaños y favores, quienes aparentemente hacen aquí las cosas posibles―. Los que pasarán, de alguna manera, a la historia oficial de este país; bautizarán sus calles olvidadas, llenarán de negro las páginas de los anales por escribir, y darán nombre a períodos y eras para que no se queden sin brújula los futuros navegantes del tiempo pasado. <em>Hombres grandes</em> de palabras generalmente pequeñas ―y de actos más pequeños todavía― que imponen el ritmo de nuestras tertulias y nos hacen creer que con ellos nos jugamos lo más importante.</p>
<p>Entre tanto ruido y tan pocas nueces, <strong>hemos conocido a Nicolas</strong>. Un <em>kete zo</em>, un hombre pequeño. Tan pequeño que se había vuelto menos que las gallinas que compartían patio con él en la prisión de Bangassou. A las gallinas, al menos, se las alimenta y cuida, se las protege y guarda.</p>
<p><a href="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/02/anciano-bangassou.jpg"><img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/02/anciano-bangassou.jpg" alt="" width="275" align="right" hspace="12" vspace="4" /></a>Nicolas es otro de tantos. Otro anciano, pobre y sucio, que sobrevive agachando la cabeza en las periferias de una historia que, parece, no lo recordará. Otro <em>nadie</em> de esta tierra convertido en chivo expiatorio de la ira, la ignorancia y la injusticia. Otro residuo prescindible de la vida de Bangassou desechado al vertedero de la cárcel: el cemento pestilente como único lecho, los garrotazos de los gendarmes como mal menor. Y el miedo en la sala de espera de su corazón. El miedo a volver a ser libre: libre para pasear las calles de su barrio, libre para dejarse ver ante quienes le tienen preparado un nuevo linchamiento colectivo y sin piedad. Porque <strong>Nicolas es, para sus vecinos, un brujo, el causante de quién sabe qué desgracia, el culpable necesario, el <em>hombre más pequeño</em>, aquel sobre el que resulta más fácil descargar la frustración y la cólera</strong>: el que merece ser apaleado primero; arrastrado después hasta el calabozo; en fin, borrado allí para siempre del tiempo y de la memoria.</p>
<p align="center"><a href="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/02/muro-prision-bangassou.jpg"><img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/02/muro-prision-bangassou.jpg" alt="" width="508" /></a></p>
<p>A Nicolas, desde luego, no lo aguardaban en la prisión ni una mínima higiene ni algo que llevarse a la boca ni sus derechos. Mucho menos un juicio justo; ni tan siquiera un juicio a secas, a pesar de que los <em>hombres grandes</em> que escriben el Código Penal de Centroáfrica siguen contemplando la brujería como un delito. Por eso, cuando una semana después de su ingreso nos encontramos por primera vez con él, sólo podía habitarle el silencio. <strong>Silencio aun a pesar de la celda nauseabunda, del maltrato de los vigilantes, del brazo roto y desencajado que le colgaba ya inerte como recuerdo de la paliza</strong>, de la imposibilidad de articular ni el más sencillo movimiento, de todas las manos que no estuvieron dispuestas a llevarlo al baño, del hambre y la sed que a nadie importaron, de la ausencia de cualquier explicación. <a href="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/02/calle-bangassou.jpg"><img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/02/calle-bangassou.jpg" alt="" width="230" align="left" hspace="12" vspace="5" /></a>Silencio y nada más. La mirada al suelo. La condena al olvido.</p>
<p>Ninguna calle para ti, Nicolas.</p>
<p>No para darle tu nombre, claro.</p>
<p>Ninguna calle para que puedas, siquiera, existir.</p>
<p align="center"><img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/themes/connections/img/divider.gif" alt="" /></p>
<p>Con profundo respeto hacia tu vida, Nicolas ―ojalá también con la humildad que ha de revestir a quien se permite contar al mundo una bocanada de tu historia sin que tú lo sepas y sin haber llegado de verdad a comprenderla―, me atrevo a decir que lo peor, lo más doloroso, no fue encontrarte con el brazo dislocado, punzante de dolor, inútil. O con el estómago vacío. O con la ropa maloliente. O con tu dignidad aplastada. <strong>Lo peor, desde esta mirada privilegiada y torpe, fue entender que ya no esperabas nada</strong>. Que toda lucha era inútil a tus ojos. Que eras demasiado consciente de cómo tu grito habría quedado, <a href="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/02/mujer-carcel-bangassou.jpg"><img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/02/mujer-carcel-bangassou.jpg" alt="" width="202" align="right" hspace="15" vspace="13" /></a><strong>en cualquier caso, ensordecido. Que por eso tocaba, sencillamente, callar y dejar morir el tiempo.</strong></p>
<p>Te sabías ya exiliado para siempre de tu tierra, de tu historia y de la historia, aunque de ninguna de ellas hubieras salido en realidad.</p>
<p>Con los tuyos, sin embargo, más renglones hurtados a la biografía del mundo que habitamos. No olvidados. No pasados por alto. <strong>Renglones borrados. Deliberadamente. Existencias pequeñas que nos resultan molestas</strong>, chinitas sobre el encerado del salón de baile donde coreografían los nombres propios, los <em>hombres grandes</em>, las palabras esdrújulas.</p>
<p>También las mías. También estas.</p>
<p align="center"><img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/themes/connections/img/divider.gif" alt="" /></p>
<blockquote><p>¡Mirad, hermanos, quiénes habéis sido llamados!: no muchos sabios en lo humano, no muchos poderosos, no muchos nobles. Ha escogido Dios más bien a los locos del mundo para confundir a los sabios. Y ha escogido Dios a los débiles del mundo para confundir a los fuertes. A los plebeyos y despreciados del mundo ha elegido Dios, a los que nada son.</p>
<p align="right"><span style="font-size: 8pt;">(1 Cor 1, 26-28)</span></p>
</blockquote>
<p>Nicolas reposa ya en el hospital de la diócesis de Bangassou. Manos amorosas sin eco en los telediarios lo han curado, lavado, limpiado, alimentado y acompañado. Y ahora anda <em>confundiéndonos</em> con su sonrisa de dignidad restaurada, de <em>nadie</em> reconocido <em>alguien</em>, a los que aquí somos mirados como <em>nobles</em>, <em>sabios</em> y <em>fuertes</em>. Él da gracias por que Dios nos ha enviado a rescatarlo. La verdad, no obstante, se nos revela bien distinta: <img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/02/brote-barro.jpg" alt="" width="250" align="left" hspace="12" vspace="5" /><strong>él es el elegido, aquel que nos hace sentir más cerca del Amor que nunca termina</strong>. Él es quien hace carne hoy, aquí, en medio de esta presencia nuestra tan pobre y limitada, en lo más profundo de nuestras entrañas realmente endurecidas, la revolución silenciosa del Evangelio. De esa Buena Noticia que grabó en nuestros anales para siempre todos los renglones borrados, a todos los <em>hombres comunes</em>. Que erigió en protagonistas de nuestra salvación a los tullidos, los leprosos, las mujeres rechazadas y los pobres de la Tierra. Que nos invita ahora a hacer visible un Reino con menos nombres propios y más servidores de paños fajados, donde ya no haya <em>grandes</em> y las calles de la historia puedan ser, simplemente, para <em>todos</em>.</p>
<p align="center"><a href="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/02/mirada-anciano-bangassou.jpg"><img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2011/02/mirada-anciano-bangassou.jpg" alt="" width="508" /></a></p>
<p>En la radio siguen escuchándose a cada minuto los nombres propios de los fuertes y los nobles de este tiempo. Se proclaman los resultados de las elecciones y el futuro parece quedar en manos, una vez más, de los <em>akota zo</em> que rotulan los bulevares y creen designar la trayectoria de este mundo nuestro. Mientras el locutor va desgranando los datos del recuento y repitiendo la misma retahíla de apellidos que no deja de estar en boca de todos, en el corazón guardamos y contemplamos en silencio la sonrisa ¿anónima? de Nicolas. <strong>El <em>hombre pequeño</em> que nos devolvió esta semana, sin saberlo, al verdadero movimiento de la historia</strong>.</p>
<p>Cuya pequeñez se nos antoja, por eso, tan inmensa y tan sagrada.</p>
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		<title>Recién nacer la ternura</title>
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		<pubDate>Fri, 24 Dec 2010 10:06:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Álex</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Aún recuerdo a Mario y la noche que me llamó papá. Mario, dieciséis años entonces, guatemalteco, alumno del colegio Nuestra Señora de la Esperanza. Me lo habían presentado días atrás como un joven con problemas: demasiados devaneos con el alcohol y la droga, algún robo por aquí y por allá, una mochila tan llena de [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p align="center"><a href="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2010/12/ternura.jpg"><img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2010/12/ternura.jpg" width="508" /></a></p>
<p>Aún recuerdo a Mario y la noche que me llamó <em>papá</em>.</p>
<p>Mario, dieciséis años entonces, guatemalteco, alumno del colegio Nuestra Señora de la Esperanza. Me lo habían presentado días atrás como un joven con problemas: demasiados devaneos con el alcohol y la droga, algún robo por aquí y por allá, una mochila tan llena de sueños ―llegar al Bachillerato, estudiar para delineante― como vacía de cuadernos y de buenas notas. Nos lo llevamos a una convivencia bajo severas condiciones porque queríamos apostar por él, <img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2010/12/mano-agarrada.jpg" align="right" hspace="15" vspace="10" width="240" />a pesar de que otros no pedían sino su castigo. Nos falló a la primera. Cuando todos dormían, lo descubrí entre el licor y la marihuana, lo llevé al salón de la casa y lo reprendí sin estridencias, pero severamente. Tanto que rompió a llorar sin control, como se rompe una vasija quebrada cuando lo que ya no cabe dentro desborda. Su llanto me impresionó. Le dije entonces que lo quería, que exigirle no significaba dejar de amarle y de buscar su bien. Fue en ese momento cuando se abalanzó sobre mí para aferrarse a mi pecho, para abrazarme con toda su fuerza, para pronunciar ―como un niño pequeño, aún balbuceante― aquella palabra que me desconcertó:</p>
<p><em>¡Papá!</em></p>
<p>No pude evitar preguntarle por qué, aunque para él la respuesta era evidente. Yo era ―me aseguró― la primera persona en dieciséis años de vida que le había dicho que lo quería.</p>
<p align="center"><a href="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2010/12/alumnos-primaria.jpg"><img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2010/12/alumnos-primaria.jpg" width="508" /></a></p>
<p>No es sencillo ser profesor en el colegio Saint Pierre Claver de Bangassou. En septiembre me asignaron varias clases de inglés y religión en los primeros cursos de la Secundaria. Setenta y cinco adolescentes en cada lista: todo un privilegio si nos comparamos con el instituto público, donde llegan a rebasar los doscientos por aula y los chicos han de encontrar un sitio en el suelo desde el que poder seguir las lecciones. Pizarra y tiza para mí; cuaderno y bolígrafo para ellos; y, tres puertas más allá, una pequeña biblioteca donde luchan contra el polvo y las termitas unos cuantos libros de texto traídos de Francia. Desde este año, también una bola del mundo. Casi nada más. Material exiguo, pero mucha ilusión por bandera para dar comienzo a mi primera experiencia como maestro de poco y alumno de muchos.</p>
<p>Pronto me di cuenta de que tendría que pelearme cada hora hasta la extenuación. ¿Qué hacer cuando la puntualidad se vuelve un lujo inalcanzable, cuando el silencio no es una alternativa, o cuando la mitad de los rostros que ansías conocer se te ocultan derrotados con el pupitre como parapeto? <img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2010/12/simba-globe.jpg" align="left" hspace="15" vspace="9" width="240" />¿Cómo actuar ante todas las alumnas que por vergüenza se niegan a responderte, ante todos los chicos a quienes has de mantener dentro de la sala por mucho que molesten ―porque fuera, mirando por la ventana, sería peor―, o ante aquellos que se burlan de ti cada vez que te cuesta pronunciar una palabra en francés? ¿Es posible que uno no se sienta desbordado al comprobar cómo en tantas ocasiones se tratan estos jóvenes con dureza, cómo no dudan en acusar rápidamente al otro antes incluso de que tú preguntes ―y aun antes de que tú sepas que ha pasado algo malo―, cómo se vuelven implacables contra quien comete un error ―basta una letra mal deslizada en la pizarra―, cómo les cuesta compartir una simple hoja de papel? En fin, ¿existe algún modo de superar esa frontera por la que nunca dejo de ser a sus ojos el <em>profesor exótico</em>, el que contempla todo esto con tanta esperanza como desconcierto, el que echa de menos un ambiente algo más dulce y cariñoso, el que en verdad no entiende ―me dicen algunos― cómo se deben hacer aquí las cosas?</p>
<p><img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2010/12/alumnos.jpg" align="right" hspace="15" vspace="5" width="230" />En efecto, aquí las cosas se suelen resolver de otro modo. Vara de madera para dispersar a los que perturban el orden, rodillas sobre la tierra si el chico habla de más, tercera ley de Newton aprendida en cada correctivo. <em>Acción-reacción</em>. Así, no debería haberme extrañado la respuesta que obtuve de un quinceañero cuando pregunté durante una lección de inglés si era preciso recurrir siempre a la amenaza del castigo para que las cosas pudieran funcionar mínimamente. Se levantó hastiado y me contestó: «En este lugar, profesor, o nos trata como animales o no logrará nunca que haya un buen comportamiento». Y ya no supe qué más decir, salvo que me negaba.</p>
<p>Porque los quería.</p>
<p align="center"><a href="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2010/12/levee-drapeau.jpg"><img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2010/12/levee-drapeau.jpg" width="508" /></a></p>
<p>¿Será entonces que estos jóvenes, que cada día me ilusionan y agotan a partes iguales, no llegan cada mañana a clase sino para pedir que se los quiera? ¿Y será que los primeros necesitados de caridad y misericordia son esos profesores de cuyos labios tantas veces escucho ―y escuchan mis alumnos― que en el colegio estamos rodeados de malvados, de perturbadores del orden, de pequeños ladrones? Verdaderamente Teresa de Calcuta sabía bien de qué hablaba cuando recordaba que la mayor pobreza es no poder llegar a conocer el amor. ¿Cuántos <em>Marios</em> vagan por el mundo sin haber sentido nunca que su vida tiene sentido porque alguien ―y Alguien― los amó primero? ¿Es posible llegar a ser las personas que estamos llamadas a ser sin haber conocido la fuerza irrefrenable de un <em>te quiero</em> conjugado con autenticidad y desde lo más hondo? Entonces, antes que cooperantes, profesores, activistas, ejecutores de un programa, impulsores de un proyecto o promotores de ¿qué? desarrollo, ¿no habremos de ser, sencillamente y allá donde estemos, presencia humilde de los <em>te quiero</em> que otros no dirán? Y, lo que es más, ¿presencia dispuesta también a aprender a amar?</p>
<blockquote><p>De las espadas forjarán arados; de las lanzas, podaderas.</p>
<p align="right"><font STYLE="font-size:8pt">(Is 2, 4)</font></p>
</blockquote>
<p>Son tantos los días en los que me pregunto dónde encontrar resquicios por los que colar un pedacito de ternura… Afortunadamente, está Jean Privat. Es huérfano y ya se ha hecho todo un hombre, pero cada día se bate el cobre entre niños de trece años porque quiere sacarse la Secundaria. No lo conozco demasiado todavía y quizá me toma algo el pelo, <img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2010/12/rodrigue.jpg" align="left" hspace="15" vspace="9" width="230" />pero me enamora la sonrisa abierta y luminosa, sin escamoteos, con la que se pasea por el patio del colegio y me saluda cada mañana. También tengo presente a Mauricette, a la que le cuesta un poco más el estudio, pero no tanto ser la primera en pasar con dulzura por el portal de casa cuando uno se pone enfermo o cuando toca despedirse antes de las vacaciones. Admiro, por supuesto, a Loïs, callada y discreta como pocas, pero capaz de pelearse unas notas brillantes en un mundo en el que nadie se toma aún demasiado en serio el hecho de que una mujer vaya al colegio y se construya un futuro. Está, desde luego, Rodrigue, todo sensibilidad y gentileza a pesar de que, a estas alturas de su vida, ya le han fallado casi todos. O el pequeño Grâce-à-Dieu, que es capaz de reventar la mitad de mis clases, de reírse de mí hasta la extenuación, de granjearse el repudio de todos sus educadores… cuando, en realidad, lo que pide a gritos es misericordia ante una vida rota, en la que sobraron muchos palos y faltaron muchos…</p>
<p align="center">TE QUIERO.</p>
<p><img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2010/12/tristeza-alegria.jpg" align="right" hspace="15" vspace="5" width="230" />Es lo que aprendo a decir y a vivir también cuando mis chicos llenan con ilusión las clases voluntarias de refuerzo que tan temerosamente inicié hace ya un par de meses. O cuando cada tarde escucho a tantos niños y jóvenes ensayar sin descanso los teatrillos de Navidad o los cantos del coro, con el mismo afán que tantas veces les falta para afrontar lo que les pedimos en el cole ―¿porque lo que necesitan es sentirse protagonistas de verdad?―. O cuando, ya de noche, al otro lado de nuestra pared, hay <a href="http://buscandotushuellas.wordpress.com/2010/03/30/sera-un-izquierdo/" target="_blank">quienes aprovechan la luz que emite la casa</a> ―la misma que falta en las suyas― para releer los apuntes del día después de una dura jornada, trabajo vespertino incluido, una sola comida en el mejor de los casos.</p>
<p><img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2010/12/flor-entre-piedras.jpg" align="left" hspace="15" vspace="3" width="230" />Ellos y tantos otros son los resquicios por donde <em>recién nacerá</em>, también dentro de mí, la ternura. Ellos y todos los demás son esas flores que, por doquier en esta tierra ―también en la casa que nos acoge―, brotan en medio de los peñascos más agrestes, de las paredes más rugosas. Por ellos el Amor vuelve a hacerse niño, a traer el calor a los pesebres de la historia, a susurrar en nuestros corazones con infinita dulzura que podemos amar…</p>
<p align="right">…porque, como todos los <em>Marios</em> del mundo,<br />
 ya somos amados.</p>
<p align="center"><font STYLE="font-size:14pt"><em>¡Feliz y<br /> verdadera<br /> Navidad!</em></font></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Yo te saludo, África</title>
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		<pubDate>Fri, 12 Nov 2010 08:05:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Álex</dc:creator>
				<category><![CDATA[Des-centrarnos]]></category>
		<category><![CDATA[Mirar con otro enfoque]]></category>
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		<description><![CDATA[El cooperante, el misionero, no viaja para salvar, sino para dejarse salvar; no para modelar, sino para dejarse modelar. Carta desde África, desde la humildad.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p align="center"><a href="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2010/11/pies-tierra.jpg"><img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2010/11/pies-tierra.jpg" width="508" /></a></p>
<p>Cuando el viajero recorre por primera vez los caminos de Centroáfrica, no puede evitar quedar sorprendido por la intensidad que llegan a adquirir los intercambios de saludos con las gentes a las que encuentra. Si atraviesa el país en coche, bastará un sencillo movimiento de manos alzadas para que los lugareños, al borde del camino, reconozcan el gesto y lo devuelvan multiplicado, mediante un sonoro y risueño «Merciiiii!», mientras el vehículo continúa avanzando sin remedio sobre la tierra ocre y los ecos del agradecimiento se pierden en el aire. Si, por el contrario, transita a pie, contará con algunos segundos más para mirar a los ojos de la persona con la que se cruza y, aun sin conocerla, dirigirle en lengua sango un sencillo «Bara ala» (<em>Yo le saludo</em>), que seguramente desencadenará parecida reacción.</p>
<p><a href="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2010/11/saludo.jpg"><img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2010/11/saludo.jpg" align="left" hspace="15" vspace="3" width="282" /></a>En ambos casos, lo habitual es que el viajero se sienta gratamente reconfortado por los benéficos efectos de su voluntad de acercarse, tímidamente siquiera, a quienes siempre tuvo tan lejos. Es difícil que ese «Merciiiii!» no llegue a sus oídos con una mezcla de calidez y reconocimiento. Quienes lo pronuncian parecen hacerlo con tanta alegría como sorpresa: los has mirado, los has identificado, los has hecho visibles, los has traído a tu vida por un instante.</p>
<p>Pongamos ahora que el viajero es, además, un cooperante o un misionero. Alguien que llega a servir, a ofrecer su tiempo y sus manos entre aquellos que ya le anticipan su gratitud. ¡Qué mejor manera de arrancar su experiencia, de saberse acogido, de creer que el primer paso está dado! La anécdota, sin duda, resultará hermosa entre las fotos que en Europa todos aguardan: las del mercado caótico y bullicioso con telas de mil colores colgando de cada puesto, las de los niños sonrientes de mirada traviesa, las de los atardeceres que hacen arder la selva de naranja. Las que yo también envío, de cuando en cuando.</p>
<p><a href="http://www.antoniomas.com/escalera.htm" target="_blank"><img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2010/11/era-fragil.jpg" align="right" hspace="14" width="239" title="Fotograf&iacute;a de Antonio Mas" /></a><em>¿Porque esto es África?</em></p>
<p>No, las cosas no son tan sencillas. Afortunadamente.</p>
<p>Alguien especial me prometió, unos meses antes de venir, que África iba a modelarme, que me haría regresar distinto. Lo que no me recordó, lo que me permitió descubrir por mis propios medios, es que, para modelar <em>el barro</em>, es preciso primero derretirlo, deshacerlo. <em>Des-hacerlo</em>. Es decir, acabar con aquello que ya parecía hecho, perfilado, terminado… para volver a empezar. Para recrear lo que se había secado y fosilizado, humedeciéndolo y dándole nueva forma.</p>
<p><strong>Yo me <em>des-hago</em> un poquito en este rinconcito del mundo</strong> cada vez que siento la derrota de mi cuerpo y de mis fuerzas, las que yo creía tan a prueba de casi todo. El calor húmedo y sofocante, el acecho de las enfermedades, la vulnerabilidad de tus defensas ―que todavía han de tomar la medida a la nueva latitud―, ese sutil pero incesante cansancio que acompaña invariablemente tus pasos a lo largo del día… son como gotas de agua que, cayendo desde lo alto, van horadando poco a poco tus rocosas seguridades, ¿tu pétrea vanidad? Te ponen a ras de suelo, te vuelven del color de la tierra, curan tus expectativas, relativizan tus agobios ―¿qué significará entonces cargar con la cruz del sida?― y te dejan desnudo ante tu humilde condición: <em>no lo puedes todo, eres barro frágil, ahora no tienes que «hacer»: sólo «déjate hacer»</em>.</p>
<p align="center"><a href="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2010/11/alumnos-antoine-marie.jpg"><img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2010/11/alumnos-antoine-marie.jpg" width="508" /></a></p>
<p><strong>Y sí: yo me <em>des-hago</em> otro poco en este rinconcito del mundo</strong> cuando recojo la admiración con la que otros miráis mi presencia aquí, esta apuesta a ojos cerrados, y pongo en el otro platillo de la balanza la infinita pequeñez con la que afronto cada jornada mis quehaceres y mis silencios. Lo que cuentas es que viniste a vivir entre los más pobres de la tierra y lo que vives, sin embargo, tiene exceso de comodidad y poco de desprendimiento, mucho de fatiga y bastante menos de entrega a fondo perdido. Cada vez que acojo falto de paciencia y de ternura a uno de esos niños que, por decenas, vienen desde el amanecer a nuestra puerta para pedir un poco de agua o un cuaderno; cada vez que prefiero quedarme plácidamente encerrado en casa, en vez de salir al encuentro de quienes hoy serán olvidados por casi todos; ¿no escojo, en el fondo, seguir buscándome a mí mismo, por mucho que envuelva tal búsqueda en los atrayentes colores de la solidaridad? Definitivamente, la vasija que soy, la que ha de ir desmigajándose para que el Señor pueda modelar algo nuevo, ha llegado a África sobrada de grietas.</p>
<p><a href="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2010/11/en-el-mercado-de-tokoyo.jpg"><img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2010/11/en-el-mercado-de-tokoyo.jpg" align="right" hspace="14" vspace="5" width="180" /></a><strong>También me <em>des-hago</em></strong>, cómo no, al experimentar en propia carne lo que significa ―aun en mi privilegiada condición― ser <em>el distinto</em>: el que pudo pagarse el largo viaje hasta aquí, el que a duras penas todavía habla la lengua del pueblo, el que se muestra tantas veces incapaz de comprender la cultura local, el que permanece <a href="http://buscandotushuellas.wordpress.com/2010/02/05/en-la-frontera/" target="_blank">al otro lado de la frontera</a>&#8230; El que tiene, sobre todo, un raro color de piel. El blanco de todas las miradas: acogedoras, curiosas, cotillas, exigentes, burlonas o despectivas; pero siempre inevitables y descaradas. Y sólo a veces ―pero también― el blanco del rencor por una historia no reconciliada: la de aquellos, tan blancos como yo, que antes sojuzgaron este continente colonizándolo brutalmente y ahora lo sojuzgan colonizándolo económicamente. Que ¿no? es lo mismo.</p>
<p>Con infinita simplicidad, un muchacho me decía el otro día: «El mundo está mal hecho. Los blancos inventasteis el avión para poder venir aquí cuando quisierais, pero nosotros no tenemos permitido ir donde vosotros.» Y yo, pasado el primer trago, daba gracias en lo profundo. Felizmente, alguien venía a recordarme eso que siempre decimos con mayor convicción de la que sinceramente albergamos: <em>que no estamos aquí para salvar a nadie</em>. <a href="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2010/11/en-africa.jpg"><img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2010/11/en-africa.jpg" align="left" hspace="14" vspace="8" width="274" /></a>Que no nos han llamado, que no nos esperaban, que la vida pasa sin nosotros, que no tiene sentido creernos mínimamente necesarios. Que esto no es un decorado levantado a mayor gloria nuestra y que nadie lo desmontará cuando tomemos el vuelo de regreso. Que somos presencias insignificantes en medio de un sinfín de historias que van y vienen. Que cada una de ellas ya tiene ―y seguirá teniendo― su propio afán. Que no he venido aquí, en definitiva, para modelar ningún futuro ajeno, sino para <em>dejar modelar</em> primero mi barro por Aquel hecho carne entre quienes, a pesar de todo, abren un huequecito para darme la bienvenida al filo de sus luchas, sus penas y sus esperanzas.</p>
<p><strong>&#8230;Y me <em>des-hago</em></strong>, ojalá, porque no es justo. Porque todavía no hemos traído a la luz el Reino del amor y la fraternidad por el que cantamos y bailamos festivamente, con gozo inmenso, cada domingo. Porque es imposible no deshacerse, siquiera un poquito.</p>
<p align="center"><a href="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2010/11/mirada.jpg"><img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2010/11/mirada.jpg" width="508" /></a></p>
<p>Este es mi barro. Esta es mi debilidad. Estos son los agujeros y las brechas por los que empieza, tal vez, a derretirse algo de lo viejo. O, por lo menos, estas son las palabras que intentan contarlo. Sobre ellas navego en este momento hacia mis primeros recuerdos de Centroáfrica, para traer de nuevo a mi corazón los sonoros y risueños «Merciiiii!» con que los lugareños, los que se quedaban al borde del camino, correspondían a mis saludos desde el coche. Para sentir ahora que no era yo quien los reconocía, quien los hacía visibles, quien los acogía con la mirada:</p>
<p><strong>¡Eran ellos conmigo!</strong></p>
<p>Con el pequeñito. Con el frágil. Con el que también necesita ser salvado.</p>
<p><a href="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2010/11/con-otro-alex-de-bangassou.jpg"><img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2010/11/con-otro-alex-de-bangassou.jpg" align="right" hspace="10" vspace="2" width="274" /></a><em>Esto tampoco es África</em>. Pero sí el pedacito de África al que voy dando, poco a poco, sentido. Saberme agrietado, presto a derretirme, me quita muchas etiquetas: la de útil, la de necesario, la de competente, la de experimentado, la de cooperante. La de servidor, incluso. Pero me hace saborear la dicha inmensa de que puedo empezar a sentirme en casa&#8230;</p>
<p>Humildemente, a <a href="http://buscandotushuellas.wordpress.com/2010/11/11/echar-raices" target="_blank"><strong>echar raíces</strong></a>.</p>
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		<title>La paz contigo</title>
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		<pubDate>Mon, 10 May 2010 15:30:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Álex</dc:creator>
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		<description><![CDATA[¿Y si ganar la paz comenzara por la cumbre bilateral del abrazo...?]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2010/05/descanso.jpg" alt="" align="right" />¿Y si ganar la paz comenzara<br />
por la cumbre bilateral del abrazo,<br />
por el valle de las lágrimas compartidas,<br />
por ojos que hablaran ternura<br />
y besaran heridas de guerra?</p>
<p>¿Y si ganar tu paz significa<br />
volverme todo yo almohada,<br />
descanso para tus inviernos de hoy,<br />
refugio de incondicional centinela,<br />
peregrino descalzo en tu piel,<br />
un <em>contigo</em> sin mí, en ti mi morada?</p>
<p>Te esperaré con la lumbre encendida<br />
para combatir el frío de tu batalla,<br />
buscaré en el baúl que no tengo<br />
algunos silencios dicientes<br />
y todas las palabras mullidas,<br />
pediré que Él nos habite<br />
para hacer de cada paso un hogar,<br />
cruzaremos juntos el ocaso<br />
hacia el mar que enciende las estrellas.</p>
<p>Todo para ser, por fin,<br />
la paz contigo.</p>
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		<title>La última palabra</title>
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		<pubDate>Sun, 04 Apr 2010 22:55:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Álex</dc:creator>
				<category><![CDATA[Confiar]]></category>
		<category><![CDATA[Ain Karem]]></category>
		<category><![CDATA[canciones]]></category>
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		<description><![CDATA[No fue de los poderosos. No será de los que oprimen y condenan. No vino de las sombras. No dará la razón a la injusticia. La última palabra fue y será del Amor.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p align="center"><img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2010/04/tormenta-globos.jpg" width="508" /></p>
<p>No fue de los poderosos. No será de los que oprimen y condenan. No vino de las sombras. No dará la razón a la injusticia. No se abrió paso a latigazos. No se podrá comprar con treinta monedas ni aun con trescientas. No coronó la desesperanza. No permitirá que las lágrimas sigan corriendo. No acabó en un sepulcro. No nos hurtará la danza y el gozo.</p>
<p>La última palabra fue del Amor.</p>
<p>La última palabra la tendrá el Amor.</p>
<p></p>
<div align="center"><object width="489" height="393"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/2h7vY45QsSc&#038;hl=es_ES&#038;fs=1&#038;"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="allowscriptaccess" value="always"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/2h7vY45QsSc&#038;hl=es_ES&#038;fs=1&#038;" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="489" height="393"></embed></object></div>
<p align="center"><span style="font-size: 8pt; font-family: Trebuchet MS,Georgia,Times New Roman,serif; color: #6f6868;">Montaje elaborado a partir de la canción «Palabras de Vida» del grupo <a href="http://www.ainkarem.es/" target="_blank">Ain Karem</a>.</span></p>
<p></p>
<blockquote><p>Cuando todo parece hundido sin remedio en el absurdo de la muerte, Dios comienza una nueva creación. La actuación de Jesús no ha terminado en la cruz. Aquel que ofrecía el perdón de Dios a los pecadores, hoy lo sigue ofreciendo. A aquel que se acercaba a los pequeños y maltratados, hoy lo podemos encontrar identificado con todos los pobres y necesitados. El mal tiene mucho poder, pero las autoridades judías y los poderosos romanos que han matado a Jesús no lo han podido aniquilar. Los verdugos no triunfan sobre las víctimas, pero Dios hace justicia a Jesús sin destruir a quienes lo crucifican. En Jesús resucitado descubrimos la intención profunda del Padre confirmada para siempre: una vida plenamente feliz para la creación entera, una vida liberada para siempre del mal. Sólo el amor increíble de Dios puede explicar lo ocurrido en la cruz. Esto es lo que San Pablo intuye cuando escribe conmovido: «El Hijo de Dios me ha amado y se ha entregado a sí mismo por mí».</p>
<p align="right">JOSÉ ANTONIO PAGOLA, <em>Jesús de Nazaret (adaptación)</em></p>
</blockquote>
<p align="center"><img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/themes/connections/img/divider.gif" /></p>
<p></p>
<p><img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2010/04/mariposas.jpg" align="right" hspace="16" vspace="5" width="160" />Confiar. Descubrir los pequeños prodigios que brotan silenciosos entre nuestras vidas de asfalto. Esperar lo mejor. Contemplar el vuelo grácil y colorido de las mariposas que un día fueron oruga. Creer en el arco iris cuando arrecia la tormenta. Decir miradas tiernas, mirar con palabras de Vida. Anticipar la eternidad en cada segundo que se nos escapa. Dejarnos inundar por un manto de estrellas. Leer en nuestras manos el futuro que podría ser mañana. Escuchar más, hablar poquito. Hablar bonito. Repartir mejor los panes, pescar en abundancia. Empadronarnos en Cirene para cada crucificado de esta tierra. Atravesar con los que sufren el Mar Rojo hacia su liberación. Saber que se puede. Olvidarnos el miedo en cualquier vagón del metro. No regresar a la oficina de objetos perdidos. Pintar un mundo de mil colores para todos los colores. Apagar demasiadas farolas. Que resplandezcan otras luces. Soñar que todos los días sean Pascua. Resucitar.</p>
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		<title>Pongamos que hablo de Madrid</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Mar 2010 01:10:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Álex</dc:creator>
				<category><![CDATA[Coleccionar milagros]]></category>
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		<category><![CDATA[acción de gracias]]></category>
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		<description><![CDATA[Madrid también puede ser la ciudad de los pequeños milagros cotidianos...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p align="center"><img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2010/03/metro-madrid.jpg" width="508" /></p>
<p><strong>1. </strong>Se llama Lucas y su sonrisa es luz en medio de los edificios grises, los trajes grises, las prisas grises y los sueños grises del distrito financiero de Madrid. Quien sea habitual de los bajos de AZCA o conozca el trasiego matutino entre el Paseo de La Habana y la estación de Nuevos Ministerios habrá reparado seguramente en ese muchacho jovial y travieso que aborda con alegría a los viandantes, saluda a diestro y siniestro, y anda siempre dando conversación a los habituales de un barrio que ya ha hecho un poco suyo. Mientras las acciones suben o caen al vacío en los teléfonos móviles de los que no se detienen, mientras las bolsas de El Corte Inglés se chocan unas con otras en un frenesí de pisadas bajo el chorro de aire caliente, mientras tanta <em>gente bien</em> de esta <em>zona bien</em> suda bajo los visones y pasa de largo regalando indiferencia, mientras el estrés devora a ejecutivos con mucho MBA y pocas ganas de ser felices&#8230; Lucas, sencillamente, canta, se ríe y te desarma deseándote —a voz en grito— <em>«¡buen día, amigo!».</em></p>
<p>En algún lugar entre la Castellana y el tráfico incesante, entre las carteras llenas y las miradas vacías, <em>en el bulevar de los sueños rotos</em>, hay alguien que no se cansa de abrir los labios para compartir contigo una sonrisa y recordarte que sí, que éste también puede ser un buen día. Lucas, que vino del calor de Nigeria a este frío de diseño. Lucas, sin papeles. Lucas, que no tiene otra ropa que ponerse. Lucas, un vendedor de <em>La Farola</em>.
</p>
<p align="center"><img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2010/03/superficie-marte.jpg"  width="508" /></p>
<p><strong>2. </strong>Lo tengo a mi lado en la fila de la copistería, a pocos metros de la sonrisa de Lucas. Se mueve despacio, ha saludado afablemente, contará más de ochenta años. Con dificultad va desplegando sobre el mostrador viejas revistas de divulgación científica y un par de libros manoseados: un pequeño tesoro —imagino para mis adentros— reunido con paciencia en alguna biblioteca que lo tendrá por su socio más veterano y fiel. Viene a hacer fotocopias en color y parece que no es la primera vez. Ha señalado meticulosamente las páginas que le interesa conservar. Nada de textos: sólo imágenes a gran formato. Todas son fotografías de la superficie de Marte, que contempla con admiración y vista cansada antes de entregárselas al dependiente. Las miro de reojo y muchas me parecen similares, pero a él esto no parece importarle. Seguramente encuentra en cada una de ellas un motivo de emoción que a mí, torpemente, se me escapa. Ruge la fotocopiadora.</p>
<p>Cumplida la misión, mi compañero de mostrador va guardando cuidadosamente las imágenes en una carpeta que había traído consigo. Lo hace con movimientos suaves, como si estuviera manipulando una delicada mercancía o tuviera miedo de perder su recién conquistado planeta. Después se despide con la misma amabilidad con la que se nos había presentado y enfila la calle, camino quizá de esa biblioteca en la que, detrás de un nuevo mostrador, alguien lo saludará por su nombre. Y yo, en silencio, contemplo y admiro. Porque todavía hay quien cree que la pasión no se agota con los años. Porque aún hay viejitos de manos temblorosas que sueñan con ser astronautas.</p>
<p align="center"><a href="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2010/03/templo-de-debod.jpg"><img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2010/03/templo-de-debod.jpg"  width="508" title="Templo de Debod al atardecer | Fotografía de Álex Segrelles Cuevas | Pincha para verla a mayor tamaño" /></a></p>
<p><strong>3. </strong>A la hora del crepúsculo, mayores y pequeños, enamorados y desconsolados, castizos y viajantes, transeúntes y acomodados&#8230; se congregan junto al Templo de Debod para contemplar la belleza sobrecogedora de un cielo en llamas. En el horizonte, manto blanco sobre la sierra. Junto a nosotros, misterios sagrados del Antiguo Egipto varados a escasos metros del tráfago que palpita en la Gran Vía. Una lámina de agua refleja por igual la piedra milenaria y la majestuosidad del disco solar en retirada. A poniente, abundancia de bosques donde no llegó el hormigón. La bóveda infinita cambia en pocos minutos de color. El astro rey se pasea inmenso y ardiente; cada vez le cuesta más atardecerse. Callamos.</p>
<p><a href="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2010/03/atardecer-templo-de-debod.jpg"><img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2010/03/atardecer-templo-de-debod.jpg" title="Sol y agua en el Templo de Debod al atardecer | Fotografía de Álex Segrelles Cuevas | Pincha para verla a mayor tamaño" width="245" align="right" hspace=15 vspace=2 /></a>Ante el milagro, todos nos hacemos uno. Vengamos de donde vengamos, busquemos lo que busquemos, creamos en lo que creamos&#8230; lo que supera nuestro entendimiento nos congrega sin remedio en un festival de rostros admirados y silencios agradecidos, en la sintonía de quienes se saben unidos por una pequeñez necesitada siquiera de algunos minutos de eternidad.</p>
<p>Con la noche en ciernes, se activan las prisas, regresan las voces, se reemprende la vida. Pongamos que hablé de Madrid. En realidad, sólo quería contar la historia de esa ciudad cualquiera, de ese barrio cualquiera, de esa calle cualquiera, donde que se agolpan, cada día a la vuelta de la esquina, los prodigios y las cosas bellas que nos reconcilian con el camino. Que nos recuerdan que vale la pena.</p>
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		<title>De ayunos y moradas</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Mar 2010 23:36:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Álex</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Y digo yo que esto de ayunar será una invitación a aligerar un poco los equipajes, a descubrir lo mucho en lo poco, a pedir un visado para la tierra del otro...]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2010/03/comiendo-basurero-coban.jpg" width="300" align="right" hspace=14 vspace=5 />Y digo yo que esto de ayunar será una invitación a aligerar un poco nuestros equipajes, a descubrir lo mucho en lo poco, a desprendernos de tanto abrigo inútil, a prendarnos de quien sin prendas camina en el frío. Que no se tratará tanto de dejar la carne como de pedir un corazón de carne, unos ojos sensibles, con menos gafas oscuras y menos impermeables. Que nos toca abstenernos de egoísmos, privarnos de lo privado, olvidar por un tiempo nuestras miras chiquitas, sufrir&#8230; con cada vida que sufre y no encuentra refugio.</p>
<p>Queremos, sí, estómagos saciados, pero no ombligos que muevan el mundo ni tripas hastiadas de nada. Que esto del ayuno sea, entonces, cambiar el enfoque, derrocar la dictadura del tener, liberarnos de mochilas inútiles, sentir descansada la espalda, salirnos del centro del universo, poner al otro en el centro de nuestro caminar, <a href="http://buscandotushuellas.wordpress.com/2008/08/15/perder-el-norte/" target="_blank">perder un poquito el norte</a>. Porque difícil será <em>reconstruir moradas</em> si nos afanamos en ponernos <em>morados</em>. Porque sólo es capaz de avistar las <em>brechas</em> de esta humanidad herida quien logra <em>abrir brecha</em> primero en su propia piedra, ésa que protege nuestras luchas pero aprisiona nuestra verdad.</p>
<p>Y digo yo, pues, que esto de ayunar será como un visado para habitar la tierra del otro, como un pasaporte hacia las vidas sin pan, como un vacío que clama por nuevos sentidos, como un abrir esa mano que antaño cerrábamos para defender lo nuestro, como un desnudarnos que nos acerque a los desnudados y expoliados de la historia. Como un silencio necesitado, entonces sí, de escuchar nuevas voces. Las de aquellos que hoy ven apagada la suya entre tanto consumo que nos consume, entre tanto bien mal repartido, entre tanta abundancia desconsolada.</p>
<p></p>
<p align="center"><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="489" height="395" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="allowFullScreen" value="true" /><param name="allowscriptaccess" value="always" /><param name="src" value="http://www.youtube.com/v/kxdKyvOSzAw&amp;hl=es_ES&amp;fs=1&amp;" /><param name="allowfullscreen" value="true" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="489" height="395" src="http://www.youtube.com/v/kxdKyvOSzAw&amp;hl=es_ES&amp;fs=1&amp;" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true"></embed></object></p>
<p></p>
<blockquote><p>No ayunéis como ahora, haciendo oír en el cielo vuestras voces. ¿Es ése el ayuno que el Señor desea, el día en que el hombre se mortifica? Mover la cabeza como un junco, acostarse sobre estera y ceniza, ¿a eso lo llamáis ayuno, día agradable al Señor? <strong>El ayuno que yo quiero es éste</strong>: abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos, dejar libres a los oprimidos, <strong>compartir tu pan con el hambriento</strong>, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que ves desnudo y no despreocuparte de tu hermano. Entonces brillará tu luz como la aurora, tus heridas sanarán rápidamente; tu justicia te abrirá camino, detrás irá la gloria del Señor. Y reconstruirás viejas ruinas, levantarás sobre los cimientos de antaño; <strong>te llamarán reparador de brechas y restaurador de moradas por habitar</strong>.</p>
<p align="right"><font STYLE="font-size:8pt">(del libro de Isaías, capítulo 58)</font></p>
</blockquote>
<p align="center"><img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2010/03/pero-que-solucion.jpg" width="458" height="307" /></p>
<p align="right"><img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/themes/connections/img/motivo.jpg" align="right" hspace=10 vspace=3 /><font color="#6F6868" face="Trebuchet MS, Georgia, Times New Roman, serif" STYLE="font-size:8pt">» Para profundizar&#8230;</font><br />
<a href="http://www.fundacion-sm.com/ver_noticia.aspx?id=21296" target="_blank">40 días para cambiar el mundo</a></p>
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		<title>No hay en el mundo una fuerza</title>
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		<pubDate>Sun, 14 Feb 2010 01:51:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Álex</dc:creator>
				<category><![CDATA[Agradecer]]></category>
		<category><![CDATA[Amar]]></category>
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		<category><![CDATA[Des-centrarnos]]></category>
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		<category><![CDATA[poesía]]></category>
		<category><![CDATA[Teresita]]></category>

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		<description><![CDATA[No hay en el mundo una fuerza capaz de arriar mis banderas ni existe allá fuera poder ante el que rendir todas mis patrias. No hay, parece, razón por la cual derribar estos muros, motivo para dejar atrás el baluarte de mis dioptrías cansadas, porqué que invite a vivir desviviéndome en otra frontera. No hay [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="size-full wp-image-333  aligncenter" alt="Atardecer en Bangassou" src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2010/02/atardecer-bangassou.jpg" width="508" /></p>
<p style="text-align: center;">No hay en el mundo una fuerza<br />
capaz de arriar mis banderas<br />
ni existe allá fuera poder<br />
ante el que rendir todas mis patrias.<br />
No hay, parece, razón<br />
por la cual derribar estos muros,<br />
motivo para dejar atrás<br />
el baluarte de mis dioptrías cansadas,<br />
porqué que invite a vivir<br />
desviviéndome en otra frontera.</p>
<p style="text-align: center;">No hay en el mundo una fuerza<br />
que prometa eternidades cotidianas,<br />
resurrección de la primavera entre el frío,<br />
un milagro a la vuelta de la esquina,<br />
un sentido fuera de mis planes,<br />
un tren hacia lo incierto,<br />
un incierto que sana.</p>
<p style="text-align: center;">No es posible que exista ese nervio;<br />
feliz era yo sin destinos movedizos.<br />
No puede haber en el mundo potencia<br />
que rasgando mi certeza me salve,<br />
como hoja caduca que cae<br />
para alfombrar de hermosura los campos.<br />
No hay en el mundo una fuerza<br />
que, al romper, por siempre repare.</p>
<p style="text-align: center;">No hay en el mundo una fuerza<br />
salvo una.</p>
<p style="text-align: center;">Tú,<br />
Él en ti.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="size-full wp-image-333  aligncenter" alt="Luna llena" src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2010/02/luna-llena-burdeos.jpg" width="508" height="133" /></p>
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		<title>Pedacitos de eternidad</title>
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		<pubDate>Sat, 27 Jun 2009 01:10:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Álex</dc:creator>
				<category><![CDATA[Amar]]></category>
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		<category><![CDATA[el Reino]]></category>
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		<category><![CDATA[Pascua]]></category>
		<category><![CDATA[somos barro]]></category>
		<category><![CDATA[tiempo]]></category>

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		<description><![CDATA[Era Pascua y yo pensaba que, si el amor nunca muere, entonces cada gesto de amor nuestro es un pedacito de eternidad que fecunda este presente y anticipa una primavera sin inviernos. Montaje elaborado a partir de la canción «Sólo el amor», compuesta por Silvio Rodríguez e interpretada por León Gieco. Algunas de las imágenes [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;">Era Pascua y yo pensaba que, si el amor nunca muere,<br />
entonces cada gesto de amor nuestro es un pedacito de eternidad<br />
que fecunda este presente y anticipa una primavera sin inviernos.</p>
<p align="center"><object width="489" height="395"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/yexHAWnanYA&#038;hl=es&#038;fs=1&#038;"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="allowscriptaccess" value="always"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/yexHAWnanYA&#038;hl=es&#038;fs=1&#038;" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="489" height="395"></embed></object></p>
<p align="center"><span style="font-size: 8pt; font-family: Trebuchet MS,Georgia,Times New Roman,serif; color: #6f6868;">Montaje elaborado a partir de la canción «Sólo el amor», compuesta por Silvio Rodríguez<br /> e interpretada por León Gieco. Algunas de las imágenes han sido tomadas del corto de<br /> animación <a href="http://www.youtube.com/watch?v=0oRXl7qQuy4" target="_blank">«El alfarero»</a>, cuyo visionado os recomiendo vivamente.</span></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Luis Enrique, 11 años</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Feb 2009 12:43:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Álex</dc:creator>
				<category><![CDATA[Des-centrarnos]]></category>
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		<category><![CDATA[Comunidad Esperanza]]></category>
		<category><![CDATA[experiencias de misión]]></category>
		<category><![CDATA[gente buena]]></category>
		<category><![CDATA[Guatemala]]></category>
		<category><![CDATA[justicia y paz]]></category>
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		<description><![CDATA[Luis Enrique, un niño de Cobán que participa en el proyecto Comunidad Esperanza, nos abre las puertas de su vida... y de su hogar.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2009/02/luis-enrique.jpg" alt="luis-enrique" title="luis-enrique" width="508" height="75" class="aligncenter size-full wp-image-333" /></p>
<p>Porque la pobreza (y la esperanza) tiene rostros, tiene historias, tiene corazones, tiene anhelos, tiene caminos de ida y vuelta, tiene maíz alrededor, tiene una letrina entre plásticos, tiene mirada&#8230; tiene barro en los zapatos.</p>
<p>Escúchale. Se llama Luis Enrique&#8230;</p>
<p align="center"><object width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/rteD1z9vmZg&#038;hl=es&#038;fs=1"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="allowscriptaccess" value="always"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/rteD1z9vmZg&#038;hl=es&#038;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"></embed></object></p>
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		<title>Probablemente</title>
		<link>http://alexsegrelles.marianistas.org/probablemente</link>
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		<pubDate>Sat, 17 Jan 2009 20:35:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Álex</dc:creator>
				<category><![CDATA[Comprender]]></category>
		<category><![CDATA[Confiar]]></category>
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		<category><![CDATA[Soñar una tierra nueva]]></category>
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		<category><![CDATA[conexiones]]></category>
		<category><![CDATA[Dios]]></category>
		<category><![CDATA[justicia y paz]]></category>
		<category><![CDATA[mis vídeos]]></category>
		<category><![CDATA[Pedro Guerra]]></category>
		<category><![CDATA[pobreza]]></category>

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		<description><![CDATA[Probablemente Dios existe, sobre todo, allá donde muchas veces no nos atrevemos a mirar&#8230; «Dios» (Pedro Guerra) —¿Cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo fuiste un extranjero y te hospedamos, o estuviste desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte? [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/uploads/2009/01/autobus-barcelona-ual.jpg" alt="autobus-barcelona-ual" width="508" height="85" class="aligncenter size-full wp-image-320" /></p>
<p>Probablemente Dios existe, sobre todo, allá donde muchas veces no nos atrevemos a mirar&#8230;</p>
<p align="center"><object width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/FRAPDBq47JM&#038;hl=es&#038;fs=1"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="allowscriptaccess" value="always"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/FRAPDBq47JM&#038;hl=es&#038;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"></embed></object></p>
<p align="center"><span style="font-size: 9pt; font-family: Trebuchet MS,Georgia,Times New Roman,serif; color: #6f6868;">«Dios»</span><br />
<span style="font-size: 8pt; font-family: Trebuchet MS,Georgia,Times New Roman,serif; color: #6f6868;">(Pedro Guerra)</span></p>
<p align="center"><img src='http://alexsegrelles.marianistas.org/wp-content/themes/connections/img/divider.gif' /></p>
<p><em>—¿Cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo fuiste un extranjero y te hospedamos, o estuviste desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?</em></p>
<p><em>—Si no lo hicisteis, ¡qué poco disfrutasteis de la vida!</em></p>
]]></content:encoded>
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