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Recién nacer la ternura

Aún recuerdo a Mario y la noche que me llamó papá.

Mario, dieciséis años entonces, guatemalteco, alumno del colegio Nuestra Señora de la Esperanza. Me lo habían presentado días atrás como un joven con problemas: demasiados devaneos con el alcohol y la droga, algún robo por aquí y por allá, una mochila tan llena de sueños ―llegar al Bachillerato, estudiar para delineante― como vacía de cuadernos y de buenas notas. Nos lo llevamos a una convivencia bajo severas condiciones porque queríamos apostar por él, a pesar de que otros no pedían sino su castigo. Nos falló a la primera. Cuando todos dormían, lo descubrí entre el licor y la marihuana, lo llevé al salón de la casa y lo reprendí sin estridencias, pero severamente. Tanto que rompió a llorar sin control, como se rompe una vasija quebrada cuando lo que ya no cabe dentro desborda. Su llanto me impresionó. Le dije entonces que lo quería, que exigirle no significaba dejar de amarle y de buscar su bien. Fue en ese momento cuando se abalanzó sobre mí para aferrarse a mi pecho, para abrazarme con toda su fuerza, para pronunciar ―como un niño pequeño, aún balbuceante― aquella palabra que me desconcertó:

¡Papá!

No pude evitar preguntarle por qué, aunque para él la respuesta era evidente. Yo era ―me aseguró― la primera persona en dieciséis años de vida que le había dicho que lo quería.

No es sencillo ser profesor en el colegio Saint Pierre Claver de Bangassou. En septiembre me asignaron varias clases de inglés y religión en los primeros cursos de la Secundaria. Setenta y cinco adolescentes en cada lista: todo un privilegio si nos comparamos con el instituto público, donde llegan a rebasar los doscientos por aula y los chicos han de encontrar un sitio en el suelo desde el que poder seguir las lecciones. Pizarra y tiza para mí; cuaderno y bolígrafo para ellos; y, tres puertas más allá, una pequeña biblioteca donde luchan contra el polvo y las termitas unos cuantos libros de texto traídos de Francia. Desde este año, también una bola del mundo. Casi nada más. Material exiguo, pero mucha ilusión por bandera para dar comienzo a mi primera experiencia como maestro de poco y alumno de muchos.

Pronto me di cuenta de que tendría que pelearme cada hora hasta la extenuación. ¿Qué hacer cuando la puntualidad se vuelve un lujo inalcanzable, cuando el silencio no es una alternativa, o cuando la mitad de los rostros que ansías conocer se te ocultan derrotados con el pupitre como parapeto? ¿Cómo actuar ante todas las alumnas que por vergüenza se niegan a responderte, ante todos los chicos a quienes has de mantener dentro de la sala por mucho que molesten ―porque fuera, mirando por la ventana, sería peor―, o ante aquellos que se burlan de ti cada vez que te cuesta pronunciar una palabra en francés? ¿Es posible que uno no se sienta desbordado al comprobar cómo en tantas ocasiones se tratan estos jóvenes con dureza, cómo no dudan en acusar rápidamente al otro antes incluso de que tú preguntes ―y aun antes de que tú sepas que ha pasado algo malo―, cómo se vuelven implacables contra quien comete un error ―basta una letra mal deslizada en la pizarra―, cómo les cuesta compartir una simple hoja de papel? En fin, ¿existe algún modo de superar esa frontera por la que nunca dejo de ser a sus ojos el profesor exótico, el que contempla todo esto con tanta esperanza como desconcierto, el que echa de menos un ambiente algo más dulce y cariñoso, el que en verdad no entiende ―me dicen algunos― cómo se deben hacer aquí las cosas?

En efecto, aquí las cosas se suelen resolver de otro modo. Vara de madera para dispersar a los que perturban el orden, rodillas sobre la tierra si el chico habla de más, tercera ley de Newton aprendida en cada correctivo. Acción-reacción. Así, no debería haberme extrañado la respuesta que obtuve de un quinceañero cuando pregunté durante una lección de inglés si era preciso recurrir siempre a la amenaza del castigo para que las cosas pudieran funcionar mínimamente. Se levantó hastiado y me contestó: «En este lugar, profesor, o nos trata como animales o no logrará nunca que haya un buen comportamiento». Y ya no supe qué más decir, salvo que me negaba.

Porque los quería.

¿Será entonces que estos jóvenes, que cada día me ilusionan y agotan a partes iguales, no llegan cada mañana a clase sino para pedir que se los quiera? ¿Y será que los primeros necesitados de caridad y misericordia son esos profesores de cuyos labios tantas veces escucho ―y escuchan mis alumnos― que en el colegio estamos rodeados de malvados, de perturbadores del orden, de pequeños ladrones? Verdaderamente Teresa de Calcuta sabía bien de qué hablaba cuando recordaba que la mayor pobreza es no poder llegar a conocer el amor. ¿Cuántos Marios vagan por el mundo sin haber sentido nunca que su vida tiene sentido porque alguien ―y Alguien― los amó primero? ¿Es posible llegar a ser las personas que estamos llamadas a ser sin haber conocido la fuerza irrefrenable de un te quiero conjugado con autenticidad y desde lo más hondo? Entonces, antes que cooperantes, profesores, activistas, ejecutores de un programa, impulsores de un proyecto o promotores de ¿qué? desarrollo, ¿no habremos de ser, sencillamente y allá donde estemos, presencia humilde de los te quiero que otros no dirán? Y, lo que es más, ¿presencia dispuesta también a aprender a amar?

De las espadas forjarán arados; de las lanzas, podaderas.

(Is 2, 4)

Son tantos los días en los que me pregunto dónde encontrar resquicios por los que colar un pedacito de ternura… Afortunadamente, está Jean Privat. Es huérfano y ya se ha hecho todo un hombre, pero cada día se bate el cobre entre niños de trece años porque quiere sacarse la Secundaria. No lo conozco demasiado todavía y quizá me toma algo el pelo, pero me enamora la sonrisa abierta y luminosa, sin escamoteos, con la que se pasea por el patio del colegio y me saluda cada mañana. También tengo presente a Mauricette, a la que le cuesta un poco más el estudio, pero no tanto ser la primera en pasar con dulzura por el portal de casa cuando uno se pone enfermo o cuando toca despedirse antes de las vacaciones. Admiro, por supuesto, a Loïs, callada y discreta como pocas, pero capaz de pelearse unas notas brillantes en un mundo en el que nadie se toma aún demasiado en serio el hecho de que una mujer vaya al colegio y se construya un futuro. Está, desde luego, Rodrigue, todo sensibilidad y gentileza a pesar de que, a estas alturas de su vida, ya le han fallado casi todos. O el pequeño Grâce-à-Dieu, que es capaz de reventar la mitad de mis clases, de reírse de mí hasta la extenuación, de granjearse el repudio de todos sus educadores… cuando, en realidad, lo que pide a gritos es misericordia ante una vida rota, en la que sobraron muchos palos y faltaron muchos…

TE QUIERO.

Es lo que aprendo a decir y a vivir también cuando mis chicos llenan con ilusión las clases voluntarias de refuerzo que tan temerosamente inicié hace ya un par de meses. O cuando cada tarde escucho a tantos niños y jóvenes ensayar sin descanso los teatrillos de Navidad o los cantos del coro, con el mismo afán que tantas veces les falta para afrontar lo que les pedimos en el cole ―¿porque lo que necesitan es sentirse protagonistas de verdad?―. O cuando, ya de noche, al otro lado de nuestra pared, hay quienes aprovechan la luz que emite la casa ―la misma que falta en las suyas― para releer los apuntes del día después de una dura jornada, trabajo vespertino incluido, una sola comida en el mejor de los casos.

Ellos y tantos otros son los resquicios por donde recién nacerá, también dentro de mí, la ternura. Ellos y todos los demás son esas flores que, por doquier en esta tierra ―también en la casa que nos acoge―, brotan en medio de los peñascos más agrestes, de las paredes más rugosas. Por ellos el Amor vuelve a hacerse niño, a traer el calor a los pesebres de la historia, a susurrar en nuestros corazones con infinita dulzura que podemos amar…

…porque, como todos los Marios del mundo,
ya somos amados.

¡Feliz y
verdadera
Navidad!

25 Responses to Recién nacer la ternura

  1. TeSs says:

    Para mi, esta es una verdadera Navidad. Desde lo sencillo, con los sencillos, y siempre… ¡mejor contigo!

    NZONI MATANGA TI DUNGO TI JESUS!

    Mbi ye mo la oko oko aho, mo inga ni, be ti mbi a sala nguia na tere ti mo!!!

    Siempre juntos

    TeSs

  2. Cecilia says:

    Alex me has emocionado hondamente. Soy también maestra en Argentina y en zonas periféricas de las grandes ciudades también se viven situaciones muy similares. Coincido que la no experiencia de amor aliena a cualquier hombre y mucho más la de niños y jóvenes. Gracias por poner en palabras tantos sentimiento. Muy feliz Navidad

  3. analia says:

    Álex!
    Gracias amigo por compartir este testimonio tan hondo, tan profundo. Quedo ahora mismo conmovida e interpelada. Esto es Navidad. Reconocernos amados primero, y ser portadores de esa Buena Noticia para otros.

    Les deseo una felicisima Navidad a los dos.
    Los quiero!

    Ana

  4. Víctor Blanco says:

    Gracias, hno !!

    Gracias por esas palabras hechas vida,… por ese testimonio hecho luz,… gracias por tanta Esperanza como transmites,…

    Que ese Niño-Dios siga naciendo, esta navidad, en tu corazón.

    Un abrazo de Paz y Bien a los dos.

  5. Selu says:

    Gracias por compartir todo lo que estas viviendo con nosotros!

    Feliz Navidad para todos vosotros

    Un abrazo,
    Selu

  6. Querido hermano,
    Una vez más nos interpelas, te compartes en cada palabra, en cada experiencia, nos haces presentes de todo aquello que te pasa por tu corazón y por el de Mario, Jean, Maurice…
    Hace unos días tuve la suerte de volver a recorrer las tierras por donde pisó Francisco, y por donde casi 800 años más tarde volvimos a pisar tú y yo, la peregrinación que forjó nuestra amistad y dejamos de ser amigos, para ser hermanos.
    Álex, deseo que ese recién nacer, en esos resquicios con los que estáis conviviendo día a día, os ayude a ese recién nacer en vuestros corazones.
    Un fuerte abrazo fraternal para los dos,
    Os quiero!!

  7. maria says:

    Sin palabra me conmovio profundamente y me lleva a la reflexión,Gracias Alex por compartirlo.Feliz navidad desde Caracas Venezuela

  8. Myriam says:

    Gracias…Leerlo ha sido un hermoso regalo de Navidad. Me siento profundamente agradecida de haber encontrado este espacio de reflexión en la red.

    ¡¡¡Feliz Navidad Álex!!! para ti y para todos los Marios del mundo.
    Un abrazo grande desde Santiago de Chile

  9. Pablo Pemán says:

    Muchas gracias, Álex, por ir compartiendo la experiencia que vives.
    Tus profundas palabras me han conmovido.

    ¡Feliz Navidad!

    Un abrazo.

  10. Sonia says:

    Gracias Alex, amigo cepajiano, por regalarnos esta ventanita al Sur, por esos nombre y rostros que nos interpelan.
    Gracias por ayudarnos a repensar lo que celebramos estos días.
    Mis mejores deseos para esta Navidad y un futuro lleno de paz, justicia y esperanza.
    ¡¡¡Otro mundo es posible!!!
    Besotes

  11. Laura says:

    Gracias por recordarme lo escencial y necesario que es en “te quiero”. Gracias por tu testimonio que me da fuerza para seguir adelante.
    Mando muchos abrazos fraternos para ti y tus alumn@s, que SON y nos hacen SER a trevés de ti y tus palabras.

    Feliz y Verdadera Navidad para ti también Alex!!

  12. Belén says:

    Una vez más, y siempre, Gracias!!
    Os deseo lo mejor en esta diferente Navidad.

    Un abrazo grande

  13. Alex says:

    Alex, gracias por tu testimonio sobrecogedor.

    Te deseo una feliz Navidad, estás haciendo mucho Bien.

    Un abrazo y muchos recuerdos, desde Valencia,
    Alex Olmos

  14. SASI says:

    Querido Alex esta mañana me he despertado antes de que me tocara el despertador, después de una noche de muchos excesos ya no tenía más ganas de dormir. Y para ¨matar¨el tiempo he abierto el ordenador y he visto vuestras dos cartas de Navidad. Yo creía que Jesús había nacido en mi corazón ayer, pero esta mañana me he dado cuenta de que viví un engaño, porque ni siquiera tuve presente en mi oración a tantas personas que siguen buscando posada para alojarse en una noche fría ( como José y maría ) y yo preocupado por el estado de mi cuenta corriente. Gracias por ponerme los pies en la tierra y ayudarme a valorar lo verdaderamente importante. Os queremos los tres.

  15. Bendito y alabado sea el Señor, quien suscita, en los rincones más desprotegidos de la humanidad, corazones enamorados del Amor y dispuestos a darlo a manos llenas. Dios devuelve a estas almas el ciento por uno. Me emociona saber que conozco, aunque sólo sea vía blog, uno de sus enviados: tú.
    Te llevaré presente en cada una de mis oraciones. Feliz 2011 en compañía de tus Jeans, Loïs, Mauricettes y demás.

  16. lola says:

    Buenos dias desde España,leerte para mi siempre es una ilusion, me llenas tanto que me encanta tener correos de tu blog, yo hablare desde mi posicion de madre , cuando tu riñes a tu hijo el siempre piensa que es por autoridad y solo lo hacemos por amor, pero es evidente que no lo ven asi , pero tu eres padre tambien, por eso te llaman padre , porque velas por ellos, que dios te llene de paz y de ilusion, que en tu vida siempe ayan fuerzas para seguir y que la luz que iradias nos llegue a los demas , un abrazo muy fuerte de todo corazon desde España.
    Que el nacimiento de Dios no enseñe el camino a la verdad y siembre en nuestros corazones un poco de amor

  17. Sol says:

    y así, una vez más, lográs transformar mi piel en una de pollo..
    Leo, y releo. Recuerdo en tus palabras a mis niños, a mi lugar de misión. El corazón quisiera decir tantas cosas, pero no sale nada por mi boca. Simplemente GRACIAS.
    En estos (casi) 18 años de mi vida, he vivido mucho y cuánto deseo vivir y experimentar así, como vos, este re-nacer, este amar sin medidas, este dar la vida por y en Aquel que nos amó primero.
    Gracias por tus palabras, por tu compartir la vida a personas, como yo, que desde el otro lado del mundo contemplamos el rostro del Salvador en tu vida (y en la vida de tantos!).
    Te abrazo en la ternura del Amor hecho hombre.
    Un abrazo argentino (y mendocino)

    Sol.-

  18. Juan Eduardo says:

    Alex!
    Un abrazo enorme desde Zaragoza de tus hermanos que te hemos recordado hoy en las consagraciones. Gracias por tu hondo testimonio. Gracias por la sinceridad, por compartir tu fragilidad y tus logros. Por mostrar sin tapujos la tarea imposible, y por eso divina, de educar. Hay días que quisiera volver a empezar a ser maestro, para sacudirme las telarañas, pero la mayoría siento que las arrugas y las heridas del camino, si estoy atento y reconozco a Jesús en cada persona y en mí, me hacen mejor maestro y más verdadero. Esta Navidad te deseo que crezcas en la ternura y en la firmeza cada día de tu vida. Gracias por estar cerca desde tan lejos.

  19. Hector says:

    Feliz Navidad y te espero ell proximo año suerte tio!

  20. IÑAKI says:

    ESTIMADO ALEX:

    ¡BUENOS DÍAS Y FELIZ JORNADA! “LA MIRADA SIEMPRE HABLA DEL CORAZÓN” “TODAS LAS TEORÍAS Y TODA LA CIENCIA DEL MUNDO NO PUEDE AYUDAR A NADIE TANTO COMO UN SER HUMANO QUE NO TEME ABRIR SU CORAZÓN A OTRO” (ELISABETH KÜBLER ROSS). Gracias por tu compartir, gracias por hacernos ver que la Navidad es Dios que se hace carne en nuestra Historia y nos dice el gran mensaje “os quiero” a través de la debilidad y ternura de Jesús y a través de tus reflexiones compartidas. Hoy que celebramos a San Juan “el evangelista del amaor” quiero dedicarte estas líneas de su primerar carta que responden a tu mensaje: “LO QUE HEMOS VISTO Y OÍDO OS LO ANUNCIAMOS PARA QUE TAMBIÉN VOSOTROS ESTÉIS EN COMUNIÓN CON NOSOTROS. NOSOTROS ESTAMOS EN COMUNIÓN CON EL PADRE Y CON SU HIJO, JESUCRISTO. OS ESCRIBIMOS ESTAS COSAS PARA QUE VUESTRO GOZO SEA COMPLETO”. ¡FELIZ NAVIDAD Y UN EVANGÉLICO AÑO NUEVO! ZORIONAK ETA URTE BERRI ON! MERRY CHRISTMAS AND A HAPPY NEW YEAR! UN FUERTE ABRAZO:
    IÑAKI

  21. Mariola says:

    Mil gracias de nuevo Álex! Leyéndote uno no puede dejar de pensar en nuestra propia historia de Rendención: Dios hecho niño, “des-haciéndose” en nuestras manos y creyendo sin límite en nuestra posibilidad de cambiar a través de Su Amor. Realmente vuestro testimonio es una auténtica Navidad. Un abrazo muy fuerte!
    Mariola

  22. gloria says:

    Gracias, por tan hermosas palabras, tu reflexión nos lleva a pensar en que definitivamente Dios está en todas partes, y que la navidad es el tiempo donde Jesús vuelve a nacer en nuestro corazón….
    abrazos fuertes de Colombia, tierra de amor y alegría.
    con cariño: Gloria

  23. Desiré says:

    Alex, realmente impresionada por tu labor, gracias por compartir tus experiencias con tanto amor que enriquesen a los que leen.

    Gracias a gente como tu el mundo es un poco mejor…sigue adelante!!!

    Mucha luz y amor!!

    Desiré

  24. ANGELYMARILO says:

    Disfruto mucho leyéndote.
    A veces el alma se acartona y se deshumaniza, se ve la vida como bueno-malo, como blanco-negro, en vez de verlo todo como falto o no falto de amor.
    Veo mas cerca al Dios Amor después de leerte.
    Gracias por escribir.
    Mucha Paz para este 2011.

  25. Víctor MB says:

    Saludos, Alex!

    Conmovido después de leer esta entrada, te escribo unas líneas para seguir animándote a vivir así tu vocación, pues me niego a llamarlo trabajo después de leerte. Puedo ponerme de alguna forma en tu lugar, ya que llevo cuatro años de maestro con niños que necesitan muchas atenciones que no se enseñan en la carrera de Magisterio. Cada vez estoy más convencido que trabajando en clave de amor, no desfalleciendo en ello, siendo pacientes en medio de los sinsabores, educar es un gran regalo de Dios.

    Admirado Álex, te deseo todo lo mejor. Y doy gracias a Dios por tí, porque necesito de quienes me interpelen, me cuestionen, me den luz para ver la Luz Verdadera que despeje las sombras de mi vida. Procuraré acordarme de ti en mi humilde oración.

    Desde Sevilla, bendiciones, ánimo y Paz a tí!

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