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Es veinticinco

Amarte bastante, amarte mucho,
es aún amar poquito,
con las pocas canas de los veintiocho
y los demasiados desiertos del todavía,
las arenas que nos beberemos luego.

No siempre llegué a tiempo,
es cierto: no siempre alcancé
tu vuelo, tu anhelo, tu cielo.
Mi consuelo
es la indulgencia de tus párpados
y este rabiosamente desear
que mi savia inunde tal vez
ese contoneo que se traen
tus hojas de palmera con el viento.

Sin embargo, bella,
ni tres años no es nada ni marchita la frente.
Febril la mirada y alma aferrada,
rendido a tu risa, ovillado a tu vera,
te espero mañana al filo del tiempo,
por ejemplo,
para celebrar un cumpleaños cualquiera:
tres años y un día
o vete a saber.

Al fin y al cabo, la manecilla gira sola
entre sirocos y oasis
todos los días, todos los minutos.
Y si esta la conmemoro, permíteme,
es solo porque me recuerda
que no puedo perder otro segundo
sin adorar el misterio del Amor grande
que tuvo para ti el que mucho me amó
para que pudiera, siquiera,
amarte bastante
o solo un poquito
y desbordarme.

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Pongamos que hablo de Madrid

1. Se llama Lucas y su sonrisa es luz en medio de los edificios grises, los trajes grises, las prisas grises y los sueños grises del distrito financiero de Madrid. Quien sea habitual de los bajos de AZCA o conozca el trasiego matutino entre el Paseo de La Habana y la estación de Nuevos Ministerios habrá reparado seguramente en ese muchacho jovial y travieso que aborda con alegría a los viandantes, saluda a diestro y siniestro, y anda siempre dando conversación a los habituales de un barrio que ya ha hecho un poco suyo. Mientras las acciones suben o caen al vacío en los teléfonos móviles de los que no se detienen, mientras las bolsas de El Corte Inglés se chocan unas con otras en un frenesí de pisadas bajo el chorro de aire caliente, mientras tanta gente bien de esta zona bien suda bajo los visones y pasa de largo regalando indiferencia, mientras el estrés devora a ejecutivos con mucho MBA y pocas ganas de ser felices… Lucas, sencillamente, canta, se ríe y te desarma deseándote —a voz en grito— «¡buen día, amigo!».

En algún lugar entre la Castellana y el tráfico incesante, entre las carteras llenas y las miradas vacías, en el bulevar de los sueños rotos, hay alguien que no se cansa de abrir los labios para compartir contigo una sonrisa y recordarte que sí, que éste también puede ser un buen día. Lucas, que vino del calor de Nigeria a este frío de diseño. Lucas, sin papeles. Lucas, que no tiene otra ropa que ponerse. Lucas, un vendedor de La Farola.

2. Lo tengo a mi lado en la fila de la copistería, a pocos metros de la sonrisa de Lucas. Se mueve despacio, ha saludado afablemente, contará más de ochenta años. Con dificultad va desplegando sobre el mostrador viejas revistas de divulgación científica y un par de libros manoseados: un pequeño tesoro —imagino para mis adentros— reunido con paciencia en alguna biblioteca que lo tendrá por su socio más veterano y fiel. Viene a hacer fotocopias en color y parece que no es la primera vez. Ha señalado meticulosamente las páginas que le interesa conservar. Nada de textos: sólo imágenes a gran formato. Todas son fotografías de la superficie de Marte, que contempla con admiración y vista cansada antes de entregárselas al dependiente. Las miro de reojo y muchas me parecen similares, pero a él esto no parece importarle. Seguramente encuentra en cada una de ellas un motivo de emoción que a mí, torpemente, se me escapa. Ruge la fotocopiadora.

Cumplida la misión, mi compañero de mostrador va guardando cuidadosamente las imágenes en una carpeta que había traído consigo. Lo hace con movimientos suaves, como si estuviera manipulando una delicada mercancía o tuviera miedo de perder su recién conquistado planeta. Después se despide con la misma amabilidad con la que se nos había presentado y enfila la calle, camino quizá de esa biblioteca en la que, detrás de un nuevo mostrador, alguien lo saludará por su nombre. Y yo, en silencio, contemplo y admiro. Porque todavía hay quien cree que la pasión no se agota con los años. Porque aún hay viejitos de manos temblorosas que sueñan con ser astronautas.

3. A la hora del crepúsculo, mayores y pequeños, enamorados y desconsolados, castizos y viajantes, transeúntes y acomodados… se congregan junto al Templo de Debod para contemplar la belleza sobrecogedora de un cielo en llamas. En el horizonte, manto blanco sobre la sierra. Junto a nosotros, misterios sagrados del Antiguo Egipto varados a escasos metros del tráfago que palpita en la Gran Vía. Una lámina de agua refleja por igual la piedra milenaria y la majestuosidad del disco solar en retirada. A poniente, abundancia de bosques donde no llegó el hormigón. La bóveda infinita cambia en pocos minutos de color. El astro rey se pasea inmenso y ardiente; cada vez le cuesta más atardecerse. Callamos.

Ante el milagro, todos nos hacemos uno. Vengamos de donde vengamos, busquemos lo que busquemos, creamos en lo que creamos… lo que supera nuestro entendimiento nos congrega sin remedio en un festival de rostros admirados y silencios agradecidos, en la sintonía de quienes se saben unidos por una pequeñez necesitada siquiera de algunos minutos de eternidad.

Con la noche en ciernes, se activan las prisas, regresan las voces, se reemprende la vida. Pongamos que hablé de Madrid. En realidad, sólo quería contar la historia de esa ciudad cualquiera, de ese barrio cualquiera, de esa calle cualquiera, donde que se agolpan, cada día a la vuelta de la esquina, los prodigios y las cosas bellas que nos reconcilian con el camino. Que nos recuerdan que vale la pena.

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Un año y un día

Siempre estás tú escanciándome, llenándome este vaso de barro, hasta arriba, con el fresco brebaje de tu vino multicolor, de mil aromas. (…)
No, nunca cerraré las puertas de mis sentidos. (…)
Todas mis ilusiones arderán en fiesta de alegría, y todos mis deseos madurarán en frutos de amor.

RABINDRANATH TAGORE, Gitanjali

Hace algunas semanas leía a un amigo que ha leído a Roger Bartra. No sabía que Roger Bartra fuese un importante antropólogo. Pero eso no importa.

Roger Bartra dice en uno de sus libros que cierta variedad de aves necesita del contacto constante con otros miembros de la misma especie para poder mantener la calidad de su canto. Se ha demostrado que, si aislamos a un ejemplar cualquiera y le impedimos que escuche a sus compañeros, sus melodías irán desafinándose progresivamente. E, incluso, existe la posibilidad de que al cabo de un tiempo acabe olvidando cómo cantar. Es la escucha a los otros lo que permite a cada pájaro de tan peculiar especie seguir creando su música y regalándola al bosque. Sin el eco de quienes están a su lado, terminan quedándose mudos.

Hoy te confieso que, escribiendo en este pequeño rincón, me siento muchas veces pájaro a la busca de ecos con los que recordar la belleza del canto. Porque este compartir lanzando palabras al viento no tendría ningún sentido sin las que llegan de regreso, haciendo escala en tu corazón. Son muchas las huellas que encuentro tras cada mensaje y, recorriendo conmigo la silueta de cada una con las yemas de los dedos, me dejas intuir, siquiera un poquito, cómo ha podido resonar en ti (de qué forma única y especial) lo que, tan torpemente y desde tantas pobrezas, me he atrevido a contarte. Pero, sobre todo, son incontables las veces en que tu respuesta (tu abrirte sincero y generoso), me ha ayudado a llenar de sentidos nuevos, de vida abundante, lo que ya empezaba a fosilizar entre líneas más o menos bonitas; bajo la coraza que inevitablemente hacen crecer algunos miedos, no pocos complejos y nuestras siempre engañosas vanidades. Así, las palabras han conseguido convertirse en abrazo sentido, a pesar de la distancia y, en muchos casos, también del desconocimiento. Y nos han unido de una forma misteriosa que no deja de asombrarme y de modelar en mí una profunda alegría.

Por todo ello, querida lectora, querido lector, quiero decirte desde bien adentro, donde se obra el milagro: GRACIAS.

Hoy hace un año y un día que escribí por primera vez en este blog. Y siempre has estado Tú, llenándome este vaso de barro de mil aromas; trayendo a beber de él a tantos pájaros que combaten mi debilidad y mi olvido con su canto; invitándome (invitándonos) a modelarlo con la fuerza de nuestros deseos, que han de madurar en frutos de amor para este mundo que los anhela.

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Por los caminos de Francisco

tau-gialla.jpgEn el verano de 2006 tuve el privilegio de compartir una experiencia inolvidable junto a mi amigo y hermano Miguel: la de peregrinar tras las huellas del Pobre de Asís a lo largo del Camino de San Francisco; una hermosa ruta que, desde las montañas de la Toscana hasta el valle de Rieti, custodia y hace resonar el eco de una vida entregada como pocas al amor. Hoy Miguel me sorprende con un precioso vídeo que condensa algunos de los mejores aromas de aquel viaje; aromas que consiguen despertar el recuerdo dormido, devolver al corazón los fascinantes regalos que nos trajimos de vuelta en la mochila que no se carga a la espalda.

Y yo, con un gracias infinito en mis labios, no puedo sino compartirlo contigo, así como él lo ha compartido conmigo…


Vía “Fragmentos del camino” (blog de Miguel Perles, “perlegrino”)

Si algún día te animas a recorrer los caminos de Francisco, estaremos encantados de ayudarte y orientarte en este foro.

Ultreia et suseia.

» Vasijas antiguas…
Ligeros de equipaje

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Creer para ver

Hoy, tan solo dos fotos y seis versos.

1. Mis amigos de la revista digital FAST (estupenda) tienen el cariñoso detalle de publicar el humilde poema que me nació frente al atardecer de Spoleto, pero escogen otras fotografías para acompañarlo. Y me encantan. Ésta en especial:

ver-creer.jpg

En el libro de la calle encontramos a veces los pensamientos más sabios.

2. Me reencuentro una vez más con el arte y la sensibilidad de Antonio Mas. Con el pensamiento callejero en el corazón, me impresionan, sobre todo, una fotografía (el rostro oculto de un mendigo) y los versos con los que ilumina otra de sus instantáneas, otra imagen totalmente distinta. Sin su permiso y con su permiso, yo también juego a mezclarlos y a confundirlos, para recién nacerlos dentro de mí…

mendigo-calle.jpg

No busques lejos
a quien te roza la piel.

No busques fuera
a quien está dentro.

No mires arriba,
mira a tu alrededor.

Vidas entrelazadas, puentes tendidos, caminos de ida y vuelta… Siempre más allá de lo que vemos, siempre más acá de…

» Vasijas antiguas…
Si creyera tan solo en lo que veo

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Vuela…

barracon.jpgSeis semanas de misión en Guatemala, seis semanas viviendo con el corazón rasgado entre las sonrisas perennes de quienes han visto rasgado su vivir, seis semanas al lado de aquellos que lo dejan todo por servir a sus hermanos con entrega infinita, seis semanas dejándonos empapar por el amor de un Dios que se manifiesta en lo sencillo y en los sencillos…

Seis semanas para llenarnos de vida, condensadas en veinte minutos de imágenes, música, miradas y esperanza; en una presentación que ojalá pueda hablar más claro que mis palabras…

…y describir lo que para mí es casi indescriptible: la felicidad que rebosa de cada recuerdo, la que ahora nos sentimos llamados a compartir a manos llenas.


SEIS SEMANAS EN COMUNIDAD ESPERANZA :: VUELA…
(la presentación avanza sola al ritmo de la música, así que simplemente siéntate y disfruta)