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Los camellos y las sombras

La mayoría ve sombras proyectadas sobre la arena del desierto.

Pero la fotografía no retrata las sombras, ¡sino a los camellos! Las sombras son transitorias: irán haciéndose más pequeñas a medida que el sol se mueva. Solo los camellos permanecerán.

Las sombras están. Los camellos son.

Hay, incluso, un tiempo en que las sombras desaparecen por completo, permitiéndonos contemplar sin distracciones a los camellos. El instante en que el sol alcanza el cénit de su trayectoria y nos ilumina desde más arriba.

Querido joven en quien todos ven sombras, ojalá sea ése el momento en que nos encontremos cada día. El momento en que la luz viene desde lo más alto. El momento en que tu debilidad se vuelve fortaleza. El momento en que nadie se fija en tus oscuridades, porque uno comprende que solo están, que no son. Porque uno sabe que eres mucho más que el espejismo engañoso de tus sombras. Y entiende entre tus lágrimas que tú también necesitas sentirte especial, único en el mundo.

Sencillamente, amado en todo tu ser.

Acompañando a los profesores del proyecto Comunidad Esperanza.
Pensando en niños y jóvenes en riesgo… de no escuchar un “te quiero”.

Cobán, Guatemala, agosto de 2008.

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Como agua que da vida

No es el martillo el que vuelve perfectos los guijarros, sino el agua, con su danza y su canción.

RABINDRANATH TAGORE, Pájaros perdidos

Allá donde la rudeza destruye, la ternura esculpe.
Catarata de Sachichá, Guatemala, agosto de 2008.

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Un año y un día

Siempre estás tú escanciándome, llenándome este vaso de barro, hasta arriba, con el fresco brebaje de tu vino multicolor, de mil aromas. (…)
No, nunca cerraré las puertas de mis sentidos. (…)
Todas mis ilusiones arderán en fiesta de alegría, y todos mis deseos madurarán en frutos de amor.

RABINDRANATH TAGORE, Gitanjali

Hace algunas semanas leía a un amigo que ha leído a Roger Bartra. No sabía que Roger Bartra fuese un importante antropólogo. Pero eso no importa.

Roger Bartra dice en uno de sus libros que cierta variedad de aves necesita del contacto constante con otros miembros de la misma especie para poder mantener la calidad de su canto. Se ha demostrado que, si aislamos a un ejemplar cualquiera y le impedimos que escuche a sus compañeros, sus melodías irán desafinándose progresivamente. E, incluso, existe la posibilidad de que al cabo de un tiempo acabe olvidando cómo cantar. Es la escucha a los otros lo que permite a cada pájaro de tan peculiar especie seguir creando su música y regalándola al bosque. Sin el eco de quienes están a su lado, terminan quedándose mudos.

Hoy te confieso que, escribiendo en este pequeño rincón, me siento muchas veces pájaro a la busca de ecos con los que recordar la belleza del canto. Porque este compartir lanzando palabras al viento no tendría ningún sentido sin las que llegan de regreso, haciendo escala en tu corazón. Son muchas las huellas que encuentro tras cada mensaje y, recorriendo conmigo la silueta de cada una con las yemas de los dedos, me dejas intuir, siquiera un poquito, cómo ha podido resonar en ti (de qué forma única y especial) lo que, tan torpemente y desde tantas pobrezas, me he atrevido a contarte. Pero, sobre todo, son incontables las veces en que tu respuesta (tu abrirte sincero y generoso), me ha ayudado a llenar de sentidos nuevos, de vida abundante, lo que ya empezaba a fosilizar entre líneas más o menos bonitas; bajo la coraza que inevitablemente hacen crecer algunos miedos, no pocos complejos y nuestras siempre engañosas vanidades. Así, las palabras han conseguido convertirse en abrazo sentido, a pesar de la distancia y, en muchos casos, también del desconocimiento. Y nos han unido de una forma misteriosa que no deja de asombrarme y de modelar en mí una profunda alegría.

Por todo ello, querida lectora, querido lector, quiero decirte desde bien adentro, donde se obra el milagro: GRACIAS.

Hoy hace un año y un día que escribí por primera vez en este blog. Y siempre has estado Tú, llenándome este vaso de barro de mil aromas; trayendo a beber de él a tantos pájaros que combaten mi debilidad y mi olvido con su canto; invitándome (invitándonos) a modelarlo con la fuerza de nuestros deseos, que han de madurar en frutos de amor para este mundo que los anhela.

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El kiwi que quiso volar

kiwi.gifUn kiwi no tiene alas. Mejor dicho: las pequeñas alas que la naturaleza le ha regalado, apenas un par de apéndices, son difíciles de apreciar, escondidas como quedan bajo su plumaje. Por eso, un kiwi nunca podrá volar.

¿Nunca?

–Qué pequeña eres, brizna de hierba.
–Sí, pero tengo a toda la Tierra bajo mis pies.

RABINDRANATH TAGORE

pajaros-barro.jpgNo hay sueños imposibles. Pero volar sobre la realidad presente para poder abrazar la utopía exige dedicación, constancia, cariño, paciencia, confianza… el corazón en el cielo y las manos en el barro.

Y fe. Porque los milagros acontecen a cada paso para quien sabe descubrirlos.

Y tú, ¿quieres volar?

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La lección de la mariposa

mariposa.gifA veces basta un pequeño y sencillo símbolo para llevar en silencio palabras de vida a quien más las necesita…

Cuentan que un hombre amante de la naturaleza contemplaba un día asombrado cómo una mariposa trataba de liberarse del capullo, haciendo fuerza contra sus paredes, para poder al fin echar a volar. Habían transcurrido ya unas cuantas horas desde que apareciera la primera abertura en el esqueleto externo de la crisálida y, llegado cierto momento, nuestro protagonista concluyó que el hermoso insecto no sería capaz de progresar más por sí solo. crisalida.jpgAsí pues, decidido a ayudarla y a evitarle mayores sufrimientos, aquel curioso observador sacó del bolsillo una navaja y rasgó el capullo, para que la criatura pudiera salir fácilmente al exterior. Esperaba verla desplegar sus alas y agitarlas con frenesí. Sin embargo, el cuerpo de la mariposa estaba atrofiado y sus alas, aplastadas. Apenas podía moverse. Ya nunca sería capaz de volar.

Tiempo más tarde, aquel hombre descubriría que el terrible esfuerzo que durante horas estuvo contemplando, el que finalmente él había decidido evitar con un preciso corte de navaja, es precisamente el mecanismo que ha dispuesto la naturaleza para que las mariposas puedan robustecer su cuerpo y salir de la crisálida preparadas para emprender el vuelo. colegio.jpgLuchar por atravesar la pequeña abertura (pasar por la puerta estrecha) es la única forma que tienen de conseguir el vigor suficiente para iniciar el camino que están llamadas a vivir. En esa debilidad, se hacen fuertes.

Hace apenas dos meses, esta sabia enseñanza de la naturaleza, que en su día había compartido conmigo un buen amigo, se cruzó de nuevo en mi peregrinar por el mundo. Fue en Guatemala, cuando paseaba por las calles de Cobán y pensaba en cómo hablar de un Dios que se hace hombre a nuestro lado, también en las dificultades y en el sufrimiento, a chicos que, desafortunadamente, se han visto obligados a encarnar el dolor, la injusticia, la violencia, la falta de cariño o la pérdida de la inocencia en su día a día cotidiano. ¿Cómo encontrar palabras? ¿Cómo no sonar vacío?

mariposas.gifUn escaparate repleto de mariposas de colores, en una pequeña tienda de artesanía, me dio la respuesta. Mariposas de cerámica pintadas a mano, cada una con tonalidades distintas, cada una de un tamaño diferente. Cada una especial. En su compañía oramos con los chicos y chicas del colegio Nuestra Señora de la Esperanza, para, al final, regalárnoslas en un gesto de amor y mirada amable al futuro. Días después, se habían convertido ya en un símbolo lleno de complicidad entre nosotros, en ese pequeño recuerdo que fija en nuestro corazón creacion.jpgla confianza profunda de que Dios nos acompaña siempre y da sentido a todo lo que encontramos en nuestro caminar. Incluso a los obstáculos, que nos ayudan a volar más alto, a saltar más lejos.

Entonces sobrevinieron las terribles inundaciones que sacudieron la Alta Verapaz a mediados de agosto. Y entonces bastó traer de nuevo a la vida de A. la mariposa que había perdido entre el lodo y la desolación para decirle: Te quiero. Estoy contigo. Cuenta conmigo. Tú puedes. Dios te acompaña, aquí y ahora. Lo mejor está por venir. Y nos abrazamos. Profundamente. Ya no hacían falta las palabras.

Semanas después regresé a España, con algunas mariposas en la maleta para compartir con personas queridas. La misma noche en que una de ellas la recibió con sumo cariño en su casa, ponían una serie de éxito en la tele: Perdidos. Y, caprichos de la Providencia, justo en el capítulo que emitían ese día sucedía esto…

Pedí fuerzas… y Dios me dio dificultades para hacerme fuerte.
Pedí sabiduría… y Dios me dio problemas para resolver.
Pedí prosperidad… y Dios me dio talentos para trabajar.
Pedí coraje… y Dios me dio obstáculos para superar.
Pedí favores… y Dios me dio oportunidades.
Pedí amor… y Dios me dio personas a las que entregarme.

Quizá incluso no recibí nada de lo que pedí…
pero recibí todo lo que precisaba.

clase.jpgHay una mariposa que nos mantiene unidos con nuestros chicos de Cobán, del colegio Nuestra Señora de la Esperanza, allende el océano. Y os contaré un secreto: cuando yo pensaba en cómo hablarles de un Dios que se hace hombre a nuestro lado, también en las dificultades y en el sufrimiento, creía que me tocaba a mí ser portador de la enseñanza y dejarla volar en su corazón. Pero, al final, fueron ellos los que se anticiparon. Porque su testimonio de fe, su lucha, su ilusión por un futuro nuevo y su voluntad de seguir adelante, a pesar de tanto y tanto dolor que ha atravesado sus vidas, logró rasgar en dos mitades todo aquello que yo podría haber querido decir. Y, sencillamente, me abrió al regalo de su presencia en mi vida, y de Su presencia en la de todos. Sobre todo, en los más sencillos. Los que todo te lo entregan.

mariposa-tikal.jpgA veces basta un pequeño y sencillo símbolo para llevar en silencio palabras de vida a quien más las necesita… Yo las necesitaba. En Guatemala dejé decenas de mariposas, pero me traje el vuelo ardiente y vibrante de otras tantas, que me impulsa cada día a confiar en un mañana nuevo, en el vino bueno que está por venir.

Ahora nos toca a todos, a ambos lados del océano, contarlo con nuestra vida. Para que el mundo se vea sacudido por un terremoto de amor.

Quizá será eso lo que llaman el efecto mariposa.

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Se encienden las estrellas

Dedicado a las ciento seis estrellas que han formado la constelación de un campamento inolvidable. Que su brillar permanezca y anhele siempre ser reflejo sobre la tierra de la luz del Cielo…

El polvo que forma tu cuerpo
es el mismo que el de esas perlas
que en la oscuridad se encienden…
¡y es que estás hecho de estrellas!

arlet.jpg¡Sí, es verdad! ¿Te lo crees? Tú estás hecha, tú estás hecho… ¡de estrellas! Porque la materia más esencial con la que tu ser fue modelado es la misma que sirvió a Dios para crear los astros del cielo. Porque en tu corazón crepita un fuego que arde gracias a los pequeños fueguitos que las estrellas de tu vida han ido encendiendo en ti. Porque con ellas vas formando constelaciones allá donde pasas… Pero, sobre todo, porque te has convertido en luz que guía mi camino y brújula que en el cielo orienta mis pasos. Tú, mi estrella.

acherito.jpgTú, mi estrella, cuando has confiado en las personas, hechas de colores, distintas, diversas, especiales, únicas… y has sabido valorar de cada una cada matiz, cada tonalidad, cada brochazo de vida. Tú, mi estrella, cuando has sentido el peso de la mochila sobre tus hombros (el de nuestras comodidades y nuestras necesidades artificiales) y lo has cargado con entereza. Tú, mi estrella, cuando has convertido el azote del viento en suave susurro, el cansancio de tus pies en camino hacia la cueva de la aventura. Tú, mi estrella, cuando has ascendido al collado de Arlet entre cantos, risas y gritos de apoyo a quien no sentía tus mismas fuerzas. Tú, mi estrella, cuando has apretado tu mano contra la mía mientras sentías que tu cuerpo decía «basta» y a tu corazón le costaba responder «¡adelante!», cuando nada parecía precioso y todo el esfuerzo dejaba de tener sentido. Tú, mi estrella, cuando has alcanzado la meta que intuías lejana, la cumbre a la que nunca pensaste que podrías llegar… y has mirado con ojos nuevos las lágrimas de los que ya quedaron viejos. Tú, mi estrella, cuando has descubierto la estrella que hay en ti.

en-el-rio.jpgY tú, mi estrella, cuando en una pequeña comunidad de desconocidos has apostado por abrir de par en par con infinita generosidad las puertas de tu corazón… y te has dado cuenta de cómo tus miedos se disipaban y, a cambio, recibías el ciento por uno. Tú, mi estrella, cuando no te ha asustado ponerte de frente a tu espejo, encarar la soledad, entrar dentro de ti mientras la majestuosidad de los Pirineos te contemplaba. Tú, mi estrella, cuando has servido a los otros sin importante quién no lo había hecho todavía o cuántas veces te había tocado antes. Tú, mi estrella, cuando has cantado a Guinomai, cuando te has emocionado en medio del abrazo de cien hermanos, cuando de verdad has sentido que somos una familia que sueña llegar a ser Iglesia. Y Humanidad fraterna. Porque sin la estrella del otro nuestro fuego se apaga.

Tú, mi estrella, cuando has dejado r-astro de Dios. Cuando has sido rostro de Jesús en la tierra.

Tú, mi estrella.

En las risas y en el llanto, en los gritos y en el silencio, en el acierto y en el error, en la mirada y en la palabra, en los abrazos y en el cariño, en la belleza del ibón y en la aridez de la subida escarpada, en la soledad y en la fiesta, en tu grupo y en Guinomai.

En Oza ayer mirábamos al firmamento y en verdad anhelábamos rozar con nuestros dedos las estrellas, acercarnos a su luz, elevarnos juntos hasta lo alto…

julia-nuria.jpg

Buscando alguna luz
que te pueda orientar…
¡mirarás el suelo estrellado
que ilumina tu ciudad!

Y ahora, de vuelta a casa, ¿te enfadarás conmigo si te digo que ni las risas ni el llanto, ni los gritos ni el silencio, ni el acierto ni el error, ni la mirada ni la palabra, ni los abrazos ni el cariño, ni la belleza del ibón ni la aridez de la subida escarpada, beso.jpgni la soledad ni la fiesta, ni tan siquiera tu grupo o Guinomai… fueron lo más importante de este campamento inolvidable?

Lo más importante del campamento… empieza hoy.

En tu vida. En tu hogar. En el cole. En el día a día. En este mundo de farolas y agujeros negros que debe llenarse de nacidos con estrella. Con tu familia. Con los Guinomai. Con tu gente. Con los que no son tu gente. Con los que sufren. Con los que necesitan la luz de tu estrella. Con los que Dios pone en tu camino para que puedas alumbrar, siquiera un poquito, sus pasos.

En Oza ayer mirábamos al firmamento y en verdad anhelábamos rozar con nuestros dedos las estrellas, acercarnos a su luz, elevarnos juntos hasta lo alto…hechos-de-estrellas.jpg Pero hoy es el buen Dios quien nos mira desde lo alto y contempla con amor infinito un milagro del amor. Y es que una nueva constelación se ha formado sobre la tierra, desde Vitoria hasta Almería, desde Zaragoza hasta Valencia (y Burxa, cómo no). Una constelación que brilla con humilde pero decidida intensidad. Una constelación que no quiere dejar de ser reflejo de las estrellas en nuestro mundo imperfecto, para que el Cielo (donde reinan el amor, la paz, la justicia) pueda quedar un poco más cerca de nuestras manos.

Y entonces ya no hacen falta las farolas.

Basta con tu estrella.

Enciéndela sin miedo. Brilla. Eres tú.

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«Hechos de estrellas» (himno del Campamento Guinomai Oza 2007)
Compuesto e interpretado por Pablo Viosca Tornero