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Dónde están los milagros

¿Cuál es el sentido del sufrimiento? ¿Por qué tantas personas sobre la faz de la tierra parecen no tener derecho a ser felices? ¿Qué explicación podemos dar a todas esas dificultades que surcan y desgarran nuestra vida? Dios, ¿nos has abandonado? En este mundo tan arrasado por la desolación y la injusticia, ¿dónde están los milagros? ¿Dónde están tus milagros?


Mueve uno de tus brazos. Siente cómo puede ayudar a aliviar un peso, extenderse para ofrecer una mano al que cae, acercarse hasta la mejilla del que llora para acariciarla con ternura. Siente con qué calor puede abrazar al hermano, y cuánto bien ha sido regalado a cada uno de sus músculos con la esperanza de que tú lo liberes y construyas humanidad con él.

Mueve una de tus piernas. Siente cómo te permiten correr hacia el otro para socorrerlo, caminar hacia él para encontrarlo, aproximarte poco a poco hacia él para amarlo.

O mueve, sencillamente, tu corazón.

Aunque no hace falta. Él ya lo hace por ti.

Ahí está el milagro.

» Vasijas antiguas…
La lección de la mariposa

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El rostro que nace del corazón

escalera-espejo.jpgTodos tenemos un rostro que nace al calor de lo más íntimo de nuestro corazón. Un rostro, más o menos oculto, que nos acaricia en lo secreto, con el que de verdad somos nosotros mismos…

Pero un rostro que también nos hace abrir los ojos, que se rebela contra el otro rostro que lucimos como fachada, que no quiere ver una máscara sobre nuestras facciones, que anhela salir de lo oculto y poder mirar a la vida de frente. Es el rostro de lo auténticamente tuyo, de lo auténticamente mío. El que en verdad habla de ti, habla de mí, por encima de miedos, de complejos, de convencionalismos, de inseguridades, de imposiciones, de desconfianzas. El que revela quiénes somos en lo profundo, tan lleno de pobrezas, tan lleno de riquezas. El que es digno de ser amado sin condiciones.

¿Nos atreveremos a sacarlo a luz, a vivir con autenticidad, compartiendo con valentía el que es nuestro verdadero y más sincero rostro? Al admirar los ocho minutos de magia con los que nos obsequia el mimo Jerome Murat en esta prodigiosa actuación, yo me siento invitado…