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Cómplices traviesos de lo eterno

No sé si lo entiendo demasiado;
pero, inexplicablemente, todo concuerda:
el amor nunca pasa,
el bien no fue jamás en vano,
estalló la semilla ciega,
volvieron a florecer los cerezos,
¡no dieron la razón a quienes gritaron y crucificaron!
Ya no es tiempo de vendas
para las heridas del ayer:
la muerte no tiene poder
cuando esperar no hace más falta
para poder vivir, ya hoy,
cómplices traviesos de lo eterno,
en tierna mano resucitados.


Montaje de elaboración propia a partir de escenas de la película «Los miserables» (1998).
Las canciones son «Sin ti» de Fray Nacho y «Levántate y anda» de Álvaro Fraile.

 

Como el grano de arena que basta para inclinar una balanza es el mundo entero a tu presencia, como la gota de rocío que a la mañana baja sobre la tierra. Pero te compadeces de todos, porque todo lo puedes. Amas a todos los seres y no aborreces nada de lo que has hecho; pues, si hubieras odiado alguna cosa, no la habrías creado. Y ¿cómo habría permanecido algo si no lo hubieses querido? ¿Cómo se habría conservado lo que no hubieses llamado? Pero a todos perdonas, porque son tuyos, Señor, que amas la vida.

(Sab 11)

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La última palabra

No fue de los poderosos. No será de los que oprimen y condenan. No vino de las sombras. No dará la razón a la injusticia. No se abrió paso a latigazos. No se podrá comprar con treinta monedas ni aun con trescientas. No coronó la desesperanza. No permitirá que las lágrimas sigan corriendo. No acabó en un sepulcro. No nos hurtará la danza y el gozo.

La última palabra fue del Amor.

La última palabra la tendrá el Amor.

Montaje elaborado a partir de la canción «Palabras de Vida» del grupo Ain Karem.

Cuando todo parece hundido sin remedio en el absurdo de la muerte, Dios comienza una nueva creación. La actuación de Jesús no ha terminado en la cruz. Aquel que ofrecía el perdón de Dios a los pecadores, hoy lo sigue ofreciendo. A aquel que se acercaba a los pequeños y maltratados, hoy lo podemos encontrar identificado con todos los pobres y necesitados. El mal tiene mucho poder, pero las autoridades judías y los poderosos romanos que han matado a Jesús no lo han podido aniquilar. Los verdugos no triunfan sobre las víctimas, pero Dios hace justicia a Jesús sin destruir a quienes lo crucifican. En Jesús resucitado descubrimos la intención profunda del Padre confirmada para siempre: una vida plenamente feliz para la creación entera, una vida liberada para siempre del mal. Sólo el amor increíble de Dios puede explicar lo ocurrido en la cruz. Esto es lo que San Pablo intuye cuando escribe conmovido: «El Hijo de Dios me ha amado y se ha entregado a sí mismo por mí».

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, Jesús de Nazaret (adaptación)

Confiar. Descubrir los pequeños prodigios que brotan silenciosos entre nuestras vidas de asfalto. Esperar lo mejor. Contemplar el vuelo grácil y colorido de las mariposas que un día fueron oruga. Creer en el arco iris cuando arrecia la tormenta. Decir miradas tiernas, mirar con palabras de Vida. Anticipar la eternidad en cada segundo que se nos escapa. Dejarnos inundar por un manto de estrellas. Leer en nuestras manos el futuro que podría ser mañana. Escuchar más, hablar poquito. Hablar bonito. Repartir mejor los panes, pescar en abundancia. Empadronarnos en Cirene para cada crucificado de esta tierra. Atravesar con los que sufren el Mar Rojo hacia su liberación. Saber que se puede. Olvidarnos el miedo en cualquier vagón del metro. No regresar a la oficina de objetos perdidos. Pintar un mundo de mil colores para todos los colores. Apagar demasiadas farolas. Que resplandezcan otras luces. Soñar que todos los días sean Pascua. Resucitar.

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Probablemente

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Probablemente Dios existe, sobre todo, allá donde muchas veces no nos atrevemos a mirar…

«Dios»
(Pedro Guerra)

—¿Cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo fuiste un extranjero y te hospedamos, o estuviste desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?

—Si no lo hicisteis, ¡qué poco disfrutasteis de la vida!

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Rosa de Alejandría

Ahora, de improviso, reconocía en los pensamientos de un desconocido aquello que décadas antes le era querido…

VASILI GROSSMAN, Vida y destino

rosa-amarilla.jpgLa historia es sencilla. O no. Un amigo que se llega hasta la bandeja de entrada de mi correo electrónico; él, lector querido de este blog. Para decirme que lo que un desconocido dejó escrito hace años y lo que yo he compartido a lo largo del último en esta alfarería de barros en construcción… se entrelazan. Se complementan. Se explican. Tienen sentido lo uno al lado de lo otro. Como si en realidad hubieran salido del mismo corazón o constituyeran el recuerdo, negro sobre blanco, de idénticas experiencias. Me escriben, en definitiva, porque otro reescribió antes lo que yo había escrito después. O algo así.

Misterio.

El desconocido no lo es tanto. Se llama Manolo García, y tiene mucho arte. Y es verdad: él nunca lo sabrá, pero en los versos y en las notas de su «Rosa de Alejandría» consiguió sincronizar con la precisión del fino relojero aquello que ha hecho palpitar fuerte mi corazón a lo largo de estos meses de búsqueda en Roma. De mi querer adentrarme en el tiempo de las luces. De mi desear ser trigo en las eras (y nunca polvo en las aceras)…

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«Rosa de Alejandría»
(Manolo García :: ver letra)

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La jaula

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Él creía que amaba
y, por eso,
tenía una jaula.

En algún lugar había de atesorar
las esencias y los momentos,
los recuerdos y las cosechas,
los frutos y sus semillas,
las miradas, los besos.

De algún modo tenía que evitar
que se escapasen los contornos,
que se difuminaran los trazos,
¡los trazos firmes!,
con los que a ella para siempre
él la había dibujado,
enamorado,
¿ciego?

De ahí los barrotes,
colocados con paciencia,
con táctica y estrategia,
con el sigilo propio
de quien camina con miedo,
como quien busca ser amado…
y se disfraza.

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Él creía que amaba
y, por eso,
tenía una jaula.

Pero un día supo
de un Amor que nada guarda ni
nada encierra,
que se consume y se desgasta:
efímero en cada segundo
y, sin embargo,
cada segundo más grande,
más profundo,
más lleno de mañana.

El que se entrega sin medida
ni cálculos ni plazos,
el que no dibuja límites
para dejar libre el espacio,
el que no camufla lo débil
ni se viste para la ocasión
ni se maquilla tras el escenario.

El que no espera del otro,
pero con el otro espera
caminando.

Y quiso probarlo.
Y deseó liberarse de todo.
Y corrió a abrir la jaula.

Fue entonces cuando descubrió,
atónito ante los barrotes,
que era él quien estaba
dentro.

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En Roma, un viernes.
Cuando atardecía, como casi siempre.

Los que no sabemos hacer poesía nos conformamos con inspirarnos torpemente en los que la ofrecen a manos llenas. Como en este hermoso duelo de complicidades, de enamorados que, quizá, entendieron el amor…

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«Sinceramente tuyo»
(Joan Manuel Serrat :: ver letra)

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«Sinceramente tuya»
(Pasión Vega :: ver letra)

» Vasijas antiguas…
Amar

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Si no vives por mí

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Si no vives por mí,
cada mañana nueva es rutina;
cada mirada al mundo, desolación;
cada horizonte, temores;
cada camino desconocido, amenaza;
cada alegría, artificio;
cada tristeza, sinsentido;
cada hermano, silencio;
cada silencio, nada.

Y es que si no vives por mí,
las palabras se vuelven huecas;
las manos, mudas;
y mi amor es
sólo porque espera.

Pero si en un arrebato de locura
hago de mi corazón pesebre
para acogerte, rey sin posada,
las mañanas se vuelven regalo;
las miradas, ternura;
los horizontes, confianza.

Los caminos desconocidos , ¿quizá utopía?,
traen alegrías sinceras
y tristezas que enseñan y levantan.
El hermano se hace prójimo
y junto a él los silencios hablan.
Hablan como hablan las manos,
más que las palabras,
modelando el barro de la vida
con un amor que ya nada espera,
pero que vive en esperanza.

Por eso, nace TÚ en mí para que mi YO muera,
para que el TÚ sea en mi vida primera persona,
para que el otro me descentre y se haga centro;
y así, más que nunca, pueda ser de verdad
YO.

Y TÚ conmigo.

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«Si no muero por ti»

(Almudena :: álbum «Tierra» :: ver letra)

Las fotografías fueron un sueño de Antonio Mas. La canción de Almudena que hoy me inspiró estos versos humides y torpes, un regalo de luz para las últimas semanas del Adviento. Gracias a ti, que la trajiste a mi vida.

A todos los que os acercáis a este pequeño rincón, Feliz Navidad. Feliz recién nacer.