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Cómplices traviesos de lo eterno

No sé si lo entiendo demasiado;
pero, inexplicablemente, todo concuerda:
el amor nunca pasa,
el bien no fue jamás en vano,
estalló la semilla ciega,
volvieron a florecer los cerezos,
¡no dieron la razón a quienes gritaron y crucificaron!
Ya no es tiempo de vendas
para las heridas del ayer:
la muerte no tiene poder
cuando esperar no hace más falta
para poder vivir, ya hoy,
cómplices traviesos de lo eterno,
en tierna mano resucitados.


Montaje de elaboración propia a partir de escenas de la película «Los miserables» (1998).
Las canciones son «Sin ti» de Fray Nacho y «Levántate y anda» de Álvaro Fraile.

 

Como el grano de arena que basta para inclinar una balanza es el mundo entero a tu presencia, como la gota de rocío que a la mañana baja sobre la tierra. Pero te compadeces de todos, porque todo lo puedes. Amas a todos los seres y no aborreces nada de lo que has hecho; pues, si hubieras odiado alguna cosa, no la habrías creado. Y ¿cómo habría permanecido algo si no lo hubieses querido? ¿Cómo se habría conservado lo que no hubieses llamado? Pero a todos perdonas, porque son tuyos, Señor, que amas la vida.

(Sab 11)

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De ayunos y moradas

Y digo yo que esto de ayunar será una invitación a aligerar un poco nuestros equipajes, a descubrir lo mucho en lo poco, a desprendernos de tanto abrigo inútil, a prendarnos de quien sin prendas camina en el frío. Que no se tratará tanto de dejar la carne como de pedir un corazón de carne, unos ojos sensibles, con menos gafas oscuras y menos impermeables. Que nos toca abstenernos de egoísmos, privarnos de lo privado, olvidar por un tiempo nuestras miras chiquitas, sufrir… con cada vida que sufre y no encuentra refugio.

Queremos, sí, estómagos saciados, pero no ombligos que muevan el mundo ni tripas hastiadas de nada. Que esto del ayuno sea, entonces, cambiar el enfoque, derrocar la dictadura del tener, liberarnos de mochilas inútiles, sentir descansada la espalda, salirnos del centro del universo, poner al otro en el centro de nuestro caminar, perder un poquito el norte. Porque difícil será reconstruir moradas si nos afanamos en ponernos morados. Porque sólo es capaz de avistar las brechas de esta humanidad herida quien logra abrir brecha primero en su propia piedra, ésa que protege nuestras luchas pero aprisiona nuestra verdad.

Y digo yo, pues, que esto de ayunar será como un visado para habitar la tierra del otro, como un pasaporte hacia las vidas sin pan, como un vacío que clama por nuevos sentidos, como un abrir esa mano que antaño cerrábamos para defender lo nuestro, como un desnudarnos que nos acerque a los desnudados y expoliados de la historia. Como un silencio necesitado, entonces sí, de escuchar nuevas voces. Las de aquellos que hoy ven apagada la suya entre tanto consumo que nos consume, entre tanto bien mal repartido, entre tanta abundancia desconsolada.

No ayunéis como ahora, haciendo oír en el cielo vuestras voces. ¿Es ése el ayuno que el Señor desea, el día en que el hombre se mortifica? Mover la cabeza como un junco, acostarse sobre estera y ceniza, ¿a eso lo llamáis ayuno, día agradable al Señor? El ayuno que yo quiero es éste: abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos, dejar libres a los oprimidos, compartir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que ves desnudo y no despreocuparte de tu hermano. Entonces brillará tu luz como la aurora, tus heridas sanarán rápidamente; tu justicia te abrirá camino, detrás irá la gloria del Señor. Y reconstruirás viejas ruinas, levantarás sobre los cimientos de antaño; te llamarán reparador de brechas y restaurador de moradas por habitar.

(del libro de Isaías, capítulo 58)

» Para profundizar…
40 días para cambiar el mundo

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Probablemente

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Probablemente Dios existe, sobre todo, allá donde muchas veces no nos atrevemos a mirar…

«Dios»
(Pedro Guerra)

—¿Cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo fuiste un extranjero y te hospedamos, o estuviste desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?

—Si no lo hicisteis, ¡qué poco disfrutasteis de la vida!