By

Y llegas Tú…

…y nos recuerdas que tu poder se manifiesta en lo débil,
que has elegido vivir en nuestro corazón,
que tu sueño es que lleguemos a mirar como Tú nos miras…


Vía “Lo esencial es invisible a los ojos” (blog de Carlos Herrera)
La canción “Llegaste tú” es de Luis Guitarra

Marana tha.

By

En el corredor de la vida

braccio-della-morte.jpg

Estoy encerrado en el corredor de la muerte desde hace ya cinco años. Entré aquí cuando era un chaval; ahora me he hecho un hombre y entiendo muchas cosas, pero ya no puedo hacer nada por mi vida. […] Aunque no podéis ayudarme a salir de aquí, siempre podéis escribirme, haceros amigos míos. […] He pensado que quizá vosotros tendréis la posibilidad de encontrar a alguien que quiera escribirme, porque yo en los últimos tiempos no sabía ya cómo pedir ayuda o amistad. […] La soledad de este lugar comienza a hacer efecto sobre mí. Me he dado cuenta de que puedo terminar muriendo aquí por algo que no he cometido. […] En el corredor de la muerte hay personas buenas e inteligentes, pero muchos no han tenido ninguna posibilidad en la vida. Miradme a mí: mi vida estaba apenas comenzando y ahora se acaba por una mentira. ¿Por qué?

DOMINIQUE GREEN,
desde una cárcel de Texas

dominique-green.jpgDominique fue condenado a morir cuando apenas había cumplido dieciocho años. Detenido violentamente e interrogado sin la posibilidad de ver a un abogado, se le acusaba de homicidio. El letrado de oficio que le fue asignado posteriormente presentó las pruebas que podían haberle ayudado en su defensa… fuera de plazo. Su historia, la de una vida difícil (nacido en el seno de una familia muy pobre, hijo de padres separados, cuidado por una madre con problemas psíquicos, madurado en el frío de los suburbios de Houston), se veía abocada a un final sin esperanza.

Pero Dominique se resistía a perder contacto con el mundo. Desde su pequeña celda, desde la misma en la que dibujaba y escribía poemas, se decidió un día a enviar una carta de la que pronto se haría eco la prensa. Dominique se preguntaba si alguien estaría dispuesto a hacerse amigo suyo a través de la correspondencia, a brindarle una ráfaga de la amistad que el mundo le había negado. Y, desde Roma, alguien contestó. Así nacieron la iniciativa “escribe a un condenado a muerte” y la lucha activa contra la pena capital promovidas por la Comunidad de Sant’Egidio.

La Comunidad de Sant’Egidio me invita a una velada-concierto contra la pena de muerte. Es 30 de noviembre, la lluvia nos concede una tregua en Roma. Faltan ya pocos días para que la ONU apruebe una pena-di-morte.jpgmoratoria universal de las ejecuciones (así ocurrió, efectivamente, el pasado lunes 18 de diciembre), y tras esa declaración se esconde mucho trabajo silencioso y encomiable de las buenas gentes de esta comunidad de laicos a favor de una justicia que no contemple la eliminación de la vida, que respete al ser humano y crea en su redención.

Ex condenados a muerte y familiares de víctimas se toman de la mano para hablarnos de perdón y de verdadera justicia, de reconciliación y de fe en el ser humano. Por su parte, la voz rasgada de Enrico Lo Verso y el tono profundo y cautivador de Mariano Rigillo nos leen cartas escritas desde el corredor de la muerte. Cartas que hablan de esperanza, de segundas oportunidades cuando ya todo parece perdido… de la importancia de escuchar una palabra amiga, de sentir una mano que consuele y confíe aun en la distancia. De que todos tenemos derecho a equivocarnos y a seguir siendo amados.

¿Segundas oportunidades? Sí, para nuestro asombro, así concebía Dominique su reclusión en el corredor de la muerte. Como una segunda oportunidad. Lo confiesa entre sus letras, cuando habla de cómo aprende a hacerse mayor a través de las sonrisas de sus compañeros y del cariño que le brindan sus amigos de correspondencia. Cuando sale a la luz desde una verdad punzante su profundo dolor; el sufrimiento de quien llegó siendo niño y morirá sin que la sociedad le haya concedido la posibilidad de ser hombre, y hombre bueno, para el mundo.

La velada toca a su fin. Nicola Piovani acaricia el piano. Nos regala el tema de una de sus bandas sonoras más conocidas, pero nosotros estamos esperando otra. La que acompañaba a Guido Orefice mientras éstela-vida-es-bella.jpg llenaba de alegría la vida de su esposa y de su pequeño en medio del horror del campo de concentración…

Dominique fue ajusticiado en octubre de 2004. Dejaba un rosario cuyas cuentas gustaba de acariciar mientras caminaba por los pasillos de la cárcel. Cada una representaba a un amigo, a alguien que le había concedido, de alguna forma, otra oportunidad. Su esperanza.

Hoy, Dominique, el parque de Primavalle (en Roma) lleva tu nombre. El nombre de un condenado a muerte. El nombre bajo el que ahora crecen las flores, corretean los niños, renacerá la primavera.

Al final reconocemos las notas del maestro Piovani que tan familiares se hacen en nuestra memoria y en nuestro corazón. Y sale Giorgia a cantarnos con su voz maravillosa.

Cierro los ojos.

La vida es bella.

Toda vida es bella.

» Sobre las iniciativas de Sant’Egidio contra la pena capital…
No alla pena di morte

By

Del barro, la vida

lucia-ricardo.jpgQuerida Ana Lucía,
querido Ricardo Alejandro:

Vosotros todavía no lo sabéis, pero nacisteis del barro y trajisteis la esperanza.

Fue un 14 de agosto de 2007. En Cobán, Guatemala. La ciudad que ahora os ve crecer. Apenas había pasado un día desde que la terrible inundación asolara tantas ilusiones, tantos porvenires. Dieciséis horas de fuerte y persistente lluvia habían sido las responsables de una tragedia que, inundacion.jpgaun habiendo quedado silenciada fuera del país, nos dejaba rasgada el alma. Las riadas, los corrimientos de tierra, los derrumbes y las calles anegadas estaban provocando el caos. Varias personas habían fallecido y miles de familias de la Alta Verapaz quedaban desplazadas de sus hogares en un éxodo de lágrimas. Muchas de ellas acababan de perderlo todo, lo poco que tenían.

O ganaban de nuevo la vida.

La colonia de La Nueva Esperanza, donde estaba la casa de vuestros papás, donde ahora os despierta la luz del sol al rozaros la mejilla cada mañana, fue una de las zonas más afectadas. Situada a apenas quince minutos a pie de nuestra casa en El Esfuerzo, tragedia.jpgera entonces una maraña de chabolas y casitas, algunas escondidas entre la arboleda de las laderas que dominan el río Cahabón; otras, prácticamente varadas junto a su cauce, donde la injusticia se hacía silencio y olvido. El día de la inundación estuvimos ahí, caminando bajo la lluvia incesante entre el barro que escondía más allá de nuestros tobillos, bajando hasta los últimos lodazales por pendientes escabrosas, mirando con un ojo a la montaña que se derrumbaba y con otro al río que crecía sin remedio, mientras tratábamos de convencer a toda velocidad a muchas familias de que abandonaran sus hogares y se dirigieran a los albergues que ya a primera hora de la mañana habían comenzado a improvisarse.

Una de esas familias era la vuestra.

rostros-distintos.jpgA nuestro centro de acogida en Comunidad Esperanza llegó vuestra mamá, Cristina, de la mano de vuestros hermanitos. Le costaba caminar, embarazada de nueve meses como estaba, pero en su sonrisa arraigaba su fuerza. «Es una niña», insistía ella con convicción. Y no paraba de dar las gracias y de reírse con una encantadora timidez, a pesar de todo lo que había ocurrido. Ya vais conociendo a mamá. Entonces le faltaban cinco días para salir de cuentas.

Fue un 14 de agosto de 2007, sí… cuando de madrugada nos despertaba Doña Canche a los voluntarios, asustada. Queríais ver el mundo. En el día del dolor, de la destrucción, de los brazos caídos y la mirada al cielo, decidisteis que merecía la pena poner los pies sobre la tierra. No imagináis cuánto corrimos, con qué rapidez nos movíamos en la oscuridad mientras mamá reía y reía entre contracción y contracción. inocencia-sepultada.jpgEl servicio de ambulancias no contestaba, las calles seguían llenas de barro, el río que nos separaba del centro de la ciudad se había desbordado… pero había que llegar al hospital.

Llegasteis. Dos. Hermosos, inocentes, llenos de luz. Tú, Lucía, más entrada en carnes. Tú, Ricardo, un poco más delgadito. Entonces el fango destructor se hizo barro en manos del alfarero para modelar el milagro de la vida. Y ya nada volvió a ser lo mismo en nuestro albergue de El Esfuerzo. Porque, aunque no lo sabíais entonces ni lo sabéis todavía, os convertisteis en el testimonio encarnado de que, al final, sobre la desolación triunfa siempre la esperanza; sobre la muerte, el amor; sobre los odres viejos, el vino nuevo que siempre está por venir.

Luego pasaron muchas cosas. Comenzamos a trabajar para asistir a quienes todo lo habían perdido. La Primera Dama de Guatemala vino a visitar nuestro albergue y os tomó en brazos delante de todas las cámaras. La televisión y la prensa se hicieron eco de vuestro nacimiento. gemelos.jpgOs trajeron una enorme cuna y os convertisteis en los mellizos más famosos de Guatemala. El dolor, el desánimo, el miedo al qué vendrá mañana seguían, sin embargo, estando bien presentes entre tantas y tantas familias. Pero, a vuestro lado, siempre se hacía la luz. Erais palabra viva para quienes nada comprendíamos, recuerdo tierno y hermoso de qué es siempre lo más importante. Lo único importante. Por eso, poco nos interesan en realidad la Primera Dama, nuestros descensos por las laderas arrasadas de La Nueva Esperanza, las contracciones de madrugada, las prisas por encontrar una ambulancia, el trayecto al hospital entre ríos desbordados, la cuna gigante, los reportajes de la televisión, o los artículos más o menos fantasiosos de los periódicos. Hacen más emocionante esta carta, le dan un toque sensacional, pero no hablan de lo que, en fin, es fundamental.

No hablan del poder de una sonrisa que se asoma inocente a un mundo que mañana será mejor.

Cuando a mi hermano Richi y a mí nos quedaban apenas unas horas de estancia en Comunidad Esperanza, celebramos vuestro bautizo, bautizo.jpgvuestro sentiros abrazados por una familia universal que intenta vivir en el amor. Y mamá quiso una vez más que nuestro corazón quedara rasgado, profundamente emocionado, cuando eligió que tú, pequeña, te llamarías Ana Lucía, como Ana, Doña Canche, la enfermera de Comunidad Esperanza, y como Lucía, nuestra querida Lucía, que tan bien la había acompañado durante el trayecto al hospital. Y cuando decidió que tú, pequeño, te llamarías Ricardo Alejandro. Como Richi. Como yo.

Y, de alguna forma, como Susana, como Aurora, como Irene, como Arantxa, como Sergio, como Selvin…

en-la-cuna.jpgAsí nuestros nombres y nuestros corazones quedaron ligados para siempre allende el océano. En vuestro ser. En vuestro soñar. En vuestro vivir. En vosotros, hijos del barro que nos disteis vida en medio de la desolación y que hoy traéis a nuestro recuerdo a cuantos sufrieron el azote de la lluvia, perdiéndolo todo… pero ganando lo más importante.

Vuestros padrinos de España no os olvidan. No olvidan a vuestro pueblo. No olvidan la tierra que llenó su caminar de esperanza. No olvidan que, cuando podáis leer esta carta, esa tierra será un lugar mejor.

Y os verán de nuevo. Algún día.

Y siempre.

Un beso grande, pequeños.

By

La lección de la mariposa

mariposa.gifA veces basta un pequeño y sencillo símbolo para llevar en silencio palabras de vida a quien más las necesita…

Cuentan que un hombre amante de la naturaleza contemplaba un día asombrado cómo una mariposa trataba de liberarse del capullo, haciendo fuerza contra sus paredes, para poder al fin echar a volar. Habían transcurrido ya unas cuantas horas desde que apareciera la primera abertura en el esqueleto externo de la crisálida y, llegado cierto momento, nuestro protagonista concluyó que el hermoso insecto no sería capaz de progresar más por sí solo. crisalida.jpgAsí pues, decidido a ayudarla y a evitarle mayores sufrimientos, aquel curioso observador sacó del bolsillo una navaja y rasgó el capullo, para que la criatura pudiera salir fácilmente al exterior. Esperaba verla desplegar sus alas y agitarlas con frenesí. Sin embargo, el cuerpo de la mariposa estaba atrofiado y sus alas, aplastadas. Apenas podía moverse. Ya nunca sería capaz de volar.

Tiempo más tarde, aquel hombre descubriría que el terrible esfuerzo que durante horas estuvo contemplando, el que finalmente él había decidido evitar con un preciso corte de navaja, es precisamente el mecanismo que ha dispuesto la naturaleza para que las mariposas puedan robustecer su cuerpo y salir de la crisálida preparadas para emprender el vuelo. colegio.jpgLuchar por atravesar la pequeña abertura (pasar por la puerta estrecha) es la única forma que tienen de conseguir el vigor suficiente para iniciar el camino que están llamadas a vivir. En esa debilidad, se hacen fuertes.

Hace apenas dos meses, esta sabia enseñanza de la naturaleza, que en su día había compartido conmigo un buen amigo, se cruzó de nuevo en mi peregrinar por el mundo. Fue en Guatemala, cuando paseaba por las calles de Cobán y pensaba en cómo hablar de un Dios que se hace hombre a nuestro lado, también en las dificultades y en el sufrimiento, a chicos que, desafortunadamente, se han visto obligados a encarnar el dolor, la injusticia, la violencia, la falta de cariño o la pérdida de la inocencia en su día a día cotidiano. ¿Cómo encontrar palabras? ¿Cómo no sonar vacío?

mariposas.gifUn escaparate repleto de mariposas de colores, en una pequeña tienda de artesanía, me dio la respuesta. Mariposas de cerámica pintadas a mano, cada una con tonalidades distintas, cada una de un tamaño diferente. Cada una especial. En su compañía oramos con los chicos y chicas del colegio Nuestra Señora de la Esperanza, para, al final, regalárnoslas en un gesto de amor y mirada amable al futuro. Días después, se habían convertido ya en un símbolo lleno de complicidad entre nosotros, en ese pequeño recuerdo que fija en nuestro corazón creacion.jpgla confianza profunda de que Dios nos acompaña siempre y da sentido a todo lo que encontramos en nuestro caminar. Incluso a los obstáculos, que nos ayudan a volar más alto, a saltar más lejos.

Entonces sobrevinieron las terribles inundaciones que sacudieron la Alta Verapaz a mediados de agosto. Y entonces bastó traer de nuevo a la vida de A. la mariposa que había perdido entre el lodo y la desolación para decirle: Te quiero. Estoy contigo. Cuenta conmigo. Tú puedes. Dios te acompaña, aquí y ahora. Lo mejor está por venir. Y nos abrazamos. Profundamente. Ya no hacían falta las palabras.

Semanas después regresé a España, con algunas mariposas en la maleta para compartir con personas queridas. La misma noche en que una de ellas la recibió con sumo cariño en su casa, ponían una serie de éxito en la tele: Perdidos. Y, caprichos de la Providencia, justo en el capítulo que emitían ese día sucedía esto…

Pedí fuerzas… y Dios me dio dificultades para hacerme fuerte.
Pedí sabiduría… y Dios me dio problemas para resolver.
Pedí prosperidad… y Dios me dio talentos para trabajar.
Pedí coraje… y Dios me dio obstáculos para superar.
Pedí favores… y Dios me dio oportunidades.
Pedí amor… y Dios me dio personas a las que entregarme.

Quizá incluso no recibí nada de lo que pedí…
pero recibí todo lo que precisaba.

clase.jpgHay una mariposa que nos mantiene unidos con nuestros chicos de Cobán, del colegio Nuestra Señora de la Esperanza, allende el océano. Y os contaré un secreto: cuando yo pensaba en cómo hablarles de un Dios que se hace hombre a nuestro lado, también en las dificultades y en el sufrimiento, creía que me tocaba a mí ser portador de la enseñanza y dejarla volar en su corazón. Pero, al final, fueron ellos los que se anticiparon. Porque su testimonio de fe, su lucha, su ilusión por un futuro nuevo y su voluntad de seguir adelante, a pesar de tanto y tanto dolor que ha atravesado sus vidas, logró rasgar en dos mitades todo aquello que yo podría haber querido decir. Y, sencillamente, me abrió al regalo de su presencia en mi vida, y de Su presencia en la de todos. Sobre todo, en los más sencillos. Los que todo te lo entregan.

mariposa-tikal.jpgA veces basta un pequeño y sencillo símbolo para llevar en silencio palabras de vida a quien más las necesita… Yo las necesitaba. En Guatemala dejé decenas de mariposas, pero me traje el vuelo ardiente y vibrante de otras tantas, que me impulsa cada día a confiar en un mañana nuevo, en el vino bueno que está por venir.

Ahora nos toca a todos, a ambos lados del océano, contarlo con nuestra vida. Para que el mundo se vea sacudido por un terremoto de amor.

Quizá será eso lo que llaman el efecto mariposa.

By

El Amor en un lugar invisible

santacruz.jpgLa escena nos sorprende a las afueras de un pueblecito cualquiera de Orense, una tarde cualquiera de julio. Estamos acompañando a personas con discapacidades psíquicas muy profundas. Nos están acompañando personas con discapacidades psíquicas muy profundas.

Llega el momento de ayudarlos a comer. La habitación es un ir y venir de aullidos imprevistos y silencios ensordecedores. Cuando entramos por primera vez, mi amiga se preguntaba y me preguntaba descorazonada qué sentido podía tener la vida de aquellos hermanos nuestros.

Nos acercamos a ayudar a uno de los residentes. Pongamos que se llama Josiño. Siempre sonríe, pero no puede evitar mover con mucha violencia su mano derecha, por lo que resulta complicado acercarle la cuchara a la boca. Su compañero –pongamos que se llama Manoliño– lo mira de lejos, pendiente, atento. A Manoliño le gusta que lo saquen a dar paseos y no se deja ganar a las cartas… a no ser que su rival sea una dama. Todo un galán.
manos.pngHoy Josiño está más nervioso que de costumbre; nos cuesta darle de comer. Manoliño, que nos ve en dificultades desde el otro lado de la mesa, mueve decidido su silla de ruedas hasta donde estamos nosotros, mira fíjamente a Josiño y toma con fuerza su mano. Luego, nos viene a decir con su mirada y con su sonrisa: «Yo os ayudo; intentadlo ahora». Gracias a su colaboración conseguimos terminar el plato.

Cuando ya se acerca el postre, a Josiño se le resbala una de sus sandalias. Manoliño, que sabe bien cómo cuidar a quien ha sido su compañero de habitación por muchos años, hace un esfuerzo ímprobo para alcanzar desde la silla el zapato y volverlo a colocar en el pie de su amigo. Josiño sonríe de nuevo y acerca su mano al rostro del príncipe azul más auténtico que jamás haya visto. Y lo acaricia con ternura infinita.

Mi amiga y yo nos miramos.

Y comprendemos. Y nos rompemos.

Muchos creyeron que habíamos viajado hasta Orense para ayudar.

Y, al final, ¿quién ayudaba a quién?