Rosa de Alejandría

Ahora, de improviso, reconocía en los pensamientos de un desconocido aquello que décadas antes le era querido…

VASILI GROSSMAN, Vida y destino

rosa-amarilla.jpgLa historia es sencilla. O no. Un amigo que se llega hasta la bandeja de entrada de mi correo electrónico; él, lector querido de este blog. Para decirme que lo que un desconocido dejó escrito hace años y lo que yo he compartido a lo largo del último en esta alfarería de barros en construcción… se entrelazan. Se complementan. Se explican. Tienen sentido lo uno al lado de lo otro. Como si en realidad hubieran salido del mismo corazón o constituyeran el recuerdo, negro sobre blanco, de idénticas experiencias. Me escriben, en definitiva, porque otro reescribió antes lo que yo había escrito después. O algo así.

Misterio.

El desconocido no lo es tanto. Se llama Manolo García, y tiene mucho arte. Y es verdad: él nunca lo sabrá, pero en los versos y en las notas de su «Rosa de Alejandría» consiguió sincronizar con la precisión del fino relojero aquello que ha hecho palpitar fuerte mi corazón a lo largo de estos meses de búsqueda en Roma. De mi querer adentrarme en el tiempo de las luces. De mi desear ser trigo en las eras (y nunca polvo en las aceras)…

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«Rosa de Alejandría»
(Manolo García :: ver letra)